|
Historia

Continúan en Las Aguamitas entre el agua y el lodo; esperan obras para recuperar su pueblo

A más de dos semanas de las inundaciones por el incremento de la marea, habitantes de esta comunidad de Navolato continúan con viviendas húmedas, muebles dañados y agua estancada, mientras esperan que las autoridades cumplan con el relleno de las zonas afectadas y ayuden a evitar nuevas afectaciones
14/10/2026 16:07

En Las Aguamitas, la vida continúa entre el agua estancada, el lodo y los muebles que quedaron inservibles después de las inundaciones que comenzaron el 28 de septiembre por el incremento de la marea.

Las despensas, los alimentos y los artículos de limpieza que han llevado autoridades municipales y estatales han ayudado a las familias a sobrellevar la emergencia, pero no han resuelto las condiciones que mantienen húmedas sus viviendas. Tampoco se han concretado las obras que los habitantes esperan para evitar que el agua vuelva a entrar a sus casas y para retirar la que permanece acumulada en patios y habitaciones.

En las calles todavía hay muebles que sus propietarios dieron por perdidos. Algunas familias intentan recuperar lo que pueden, mientras otras mantienen sus pertenencias levantadas sobre bloques para protegerlas de una nueva inundación. La humedad permanece en las viviendas y la limpieza se vuelve una tarea que parece no terminar: cuando las familias comienzan a retirar el agua y el lodo, temen que la marea vuelva a subir.

Fernando, de 65 años, lleva alrededor de 36 años viviendo en esta comunidad pesquera. Llegó después de dejar su trabajo en El Castillo, atraído por el mejor rendimiento que, recuerda, ofrecía la pesca en Las Aguamitas.

En más de tres décadas de vivir ahí había enfrentado fenómenos meteorológicos, pero no una inundación como la que acaba de experimentar.

$!Continúan en Las Aguamitas entre el agua y el lodo; esperan obras para recuperar su pueblo

“Cuando estuvo el huracán Manuel (en 2013) no llegó nada más hasta la orilla de la puerta. Pero no se metió a la casa”, contó.

Esta vez, el agua alcanzó el interior de su vivienda y lo obligó a improvisar barreras con tierra y materiales que encontró para intentar contenerla.

Fernando colocó una especie de bordo frente a las puertas para impedir que el agua volviera a entrar. Sin embargo, el problema no se limita a lo que alcanza a pasar por las entradas, la humedad también se filtra desde el suelo y asciende por las paredes.

“Estuve acarreando tierra, costales y le puse, pues”, relató sobre las medidas que tomó para proteger su casa y señalando los topes improvisados de no más de 20 centímetros de alto, que implora puedan detener al mar.

El esfuerzo no evitó que el agua dejara daños. Fernando calcula que perdió alrededor de 20 mil pesos entre muebles, una lavadora que intenta reparar, todavía sin éxito, y otros objetos afectados por el agua salada. También dejó de trabajar durante dos días, mientras intentaba sacar el agua de su vivienda.

Don Fernando es pescador. Un día en tierra firme es perder ingreso para su familia.

“Yo andaba trabajando para el agua y cuando ya me habló la señora, pues ya se estaba metiendo el agua, ya estaba adentro, cuando llegué ya estaba lleno todo”, recordó.

$!Continúan en Las Aguamitas entre el agua y el lodo; esperan obras para recuperar su pueblo

Durante los momentos más difíciles, sacaba el agua a cubetazos, pero el líquido volvía a entrar por otros puntos de la casa.

“Pero ahí estoy sacando agua, pero se acabó de a cubetazos y entraba por otro lado y por otro lado y así”, explicó.

El agua vuelve antes de terminar de limpiar

Para Alicia, otra habitante de Las Aguamitas, la emergencia tampoco ha terminado. Después de casi dos semanas de vivir con las consecuencias de las inundaciones, todavía tiene habitaciones y cocina con agua acumulada.

Las tareas domésticas se han convertido en una lucha contra el tiempo y la marea. Apenas consigue avanzar con la limpieza cuando vuelve a aparecer el temor de que el agua ingrese nuevamente.

“Yo todavía tengo todo el mojadero ahí porque yo no puedo sacar y, como le dije a mis hijas, que vinieran a ayudarme a sacar el mojadero, limpiar los cuartos, porque así están todos llenos de agua, la cocina”, contó.

La situación ha afectado también sus pertenencias. Un ropero que su familia había comprado apenas dos meses antes quedó mojado, la lavadora también resultó dañada y el refrigerador dejó de funcionar.

Alicia explicó que, aunque intentaron levantar algunos aparatos para protegerlos, el agua terminó por alcanzarlos.

“La lavadora tiene como dos meses también y pues no, también se nos mojó, se nos mojó”, relató.

La posibilidad de que vuelva a subir la marea mantiene a las familias en alerta. Alicia contó que, después de la primera inundación, comenzó a pasar las noches pendiente de las puertas, con miedo de que el agua entrara mientras todos dormían.

$!Continúan en Las Aguamitas entre el agua y el lodo; esperan obras para recuperar su pueblo

La experiencia le dejó una preocupación constante pues teme que una nueva inundación los sorprenda mientras descansan y que sus pertenencias terminen de perderse.

“Por la noche volteo para la puerta y volteo así para ver si entró el agua”, describió.

Esperan que llegue el apoyo para las obras

Los habitantes reconocen que personal de Protección Civil y del Ayuntamiento, así como autoridades estatales, han acudido a la comunidad y han entregado apoyos. Fernando mencionó la distribución de despensas, colchonetas y artículos de limpieza, entre ellos cloro y jabón.

“Sí, hubo apoyo. ¿Para qué le vamos a decir que no?”, expresó.

Sin embargo, consideró que la atención recibida no ha sido suficiente para resolver los problemas que dejó la inundación dentro de las viviendas.

Alicia señaló que a los habitantes les dijeron que se realizarían trabajos de relleno, pero que tendrían que esperar a que pasaran las condiciones de mal tiempo.

“Nos pidieron ayuda, pues, al Gobierno, pero dijeron que sí iban a venir a rellenar, pero que ya que pasara lo del mal tiempo”, relató.

Mientras tanto, el agua continúa estancada y las casas no consiguen secarse. La humedad, el lodo y los daños en el mobiliario forman parte de una emergencia que se prolonga más allá de los días en que la marea alcanzó las viviendas.

En las calles, el lodo comienza a desprenderse poco a poco de la carpeta asfáltica, aunque todavía hay puntos en los que el paso resulta complicado. Los vehículos que ingresan a la comunidad deben avanzar por las zonas afectadas, mientras los habitantes continúan con sus actividades en medio de las condiciones que dejó el agua.

Felizardo, otro vecino, explicó que durante la primera inundación la marea comenzó a subir desde temprano y el agua ingresó por distintos puntos, entre ellos una bajada utilizada por los pescadores para mover sus pangas.

“Empezó a correr ahí por una bajada donde tienen para bajar las pangas. Por ahí se empezó a meter el agua y se llenó”, describió.

En su caso, la familia logró evitar pérdidas mayores porque levantó sus pertenencias sobre bloques. No obstante, el paso por las calles sigue siendo complicado y el agua que permanece acumulada dificulta la recuperación de la comunidad.

La alerta por Simón también afecta a los pescadores

A las consecuencias de las inundaciones se sumó la alerta por el huracán Simón, ante la cual personal de la Secretaría de Marina acudió a advertir a los pescadores que no salieran a trabajar debido a las condiciones previstas en el mar.

Alicia explicó que recibieron el aviso de la Marina de Altata y permanecieron pendientes de la evolución del mal tiempo y de la posibilidad de que la marea volviera a subir.

“De ayer vinieron los de la Marina de Altata a avisar que no salían los pescadores porque iba a estar feo”, comentó.

Aunque la marea no volvió a subir con la misma intensidad durante los días previos, la advertencia mantuvo a los habitantes en alerta, mientras las familias intentaban proteger sus casas y recuperar parte de sus pertenencias.

Para una comunidad dedicada a la pesca, la imposibilidad de salir al mar representa también una dificultad para obtener ingresos justo cuando los gastos por los daños en las viviendas se acumulan.

Pese a todo, las actividades cotidianas no se han detenido por completo. La escuela de la comunidad, que anteriormente fue utilizada como albergue durante la emergencia, volvió a funcionar, mientras los habitantes continúan con sus labores y con la limpieza de sus casas.

En Las Aguamitas, la rutina intenta abrirse paso entre los rastros de la inundación. Las despensas ayudan a resolver parte de las necesidades inmediatas, pero las familias siguen esperando que el agua estancada sea retirada y que se realicen obras que reduzcan el riesgo de que la marea vuelva a alcanzar sus viviendas.