¿Darías una parte de ti?: La historia de Oswaldo y Flor, los hermanos que devolvieron los trasplantes a Sinaloa
Con tus hermanas y hermanos puedes compartirlo todo, o no. Se convierten en tus compañeros de juego, a veces, en tus rivales; en tus confidentes al crecer, o en quien te echa de cabeza con tus papás; por quien no lavarías un plato, pero darías todo por él o ella, porque una cosa no tiene que ver con la otra. Y de ser posible, le darías hasta una parte de ti para que siguiera su vida... como ocurrió con Oswaldo y Flor.
Desde hace un año y medio, Oswaldo, apoyado por su esposa Marbella, acudía tres veces por semana al Hospital General de Mazatlán a recibir hemodiálisis. El proceso le llevaba tres horas cada sesión, siendo nueve horas de su vida a la semana, pero lo requería, ya que su insuficiencia renal etapa cinco, menguaba su salud, aunque el tratamiento también tenía consecuencias.
“Era limpiarle la sangre. Son dos mangueras, una saca la sangre y la otra es la que entra ya limpia”, explicó Marbella, esposa de Oswaldo.
“A veces salía cansado, con sueño; eso sí, con mucha hambre porque les da mucha hambre cuando salen de la máquina, pero sí cansado y a veces débil”.
De apenas 35 años, Oswaldo dejó tu trabajo en Mazatlán, para poder dedicarse al cuidado de su salud apoyado por sus tres hijos, y Marbella.
Hace cinco años, el programa de trasplantes del Hospital General de Culiacán tuvo que ser suspendido; primero por la pandemia de Covid-19, y luego, por la falta de fondos. Sin embargo, hace apenas tres meses, Oswaldo y su familia recibieron la noticia que podría ser beneficiario de la campaña de donación de órganos.
“Nos estaban diciendo que en cuanto las abrieran pues lo iban a mandar, ya sea para que fuera para la lista de espera o si él tenía que le quisiera pasar el riñón, pues ya se hacían los estudios”, recordó Marbella.
Pero Oswaldo no entraría a ninguna lista de espera, ya que Flor, su hermana, dijo que sería ella la donadora.
“De ella sola salió, dijo que ella se lo quería donar porque ella quería ver que él estuviera bien”, narró la esposa de Oswaldo.
“Ella primero lo platicó con su esposo y su esposo le dijo que era decisión de ella, que él la iba a apoyar y que si ella quería dárselo, y si era compatible, ellos la apoyaban”.
A sus 41 años, Flor decidió darle un riñón a Oswaldo, y con ello, en septiembre inició el proceso médico para realizar el trasplante, que no sólo se trata de medicamentos.
En septiembre, Oswaldo y su hermana fueron sometidos a procesos de diferentes especialidades: sicológico, siquiátrico, nutricional; además de ser revisados en cardiología, urología, angiología, odontología; y Flor también fue examinada en ginecología.
“Fueron muchos especialistas para llegar a todos los protocolos que ocupan para ver si es apto para un trasplante o no, y aparte las pruebas de compatibilidad”.
UNA VIDA NORMAL DESPUÉS DEL TRASPLANTE
El equipo se compone entre 12 y 14 especialistas en quirófano para llevar a cabo la extracción y trasplante.
Existen dos tipos de donación: la viva y la cadavérica. La primera se refiere a la donación de un órgano en vida a otra persona; la segunda, ocurre cuando alguien tiene muerte cerebral, y si la familia lo decide, sus órganos van para pacientes en lista de espera.
“Una persona que dona puede hacer su vida completamente normal. Debe tener los cuidados que la mayoría de la gente tenemos que tener, no comer mucha sal, cuidarse de hipertensión, diabetes, enfermedades que afectan a un riñón convencional”, explicó el doctor Jorge Emmanuel Salazar Zambada, trasplantólogo, quien encabezó la cirugía de Oswaldo.
El proceso de donación cadavérica, consiste en la extracción de los órganos que la familia del paciente decida ceder. Pueden ser córneas, hígado, riñones, pulmones, piel e, incluso, huesos.
En algunos casos, una misma persona puede donar varios órganos, sin embargo, el cuerpo es entregado a familiares de manera que se vea intacto para la velación.
A diferencia de la donación cadavérica, cuando se trata de un paciente vivo el procedimiento es de dos cirugías casi simultáneas, en quirófanos contiguos.
La primera, es para extraer el órgano del donador, en este caso, donadora; luego, el riñón es drenado, para posteriormente ser implantado en el paciente receptor.
Contrario a lo que pudiera pensarse, al paciente que recibe el órgano no le extraen los riñones que ya no funcionan, sino que el nuevo es colocado en el abdomen bajo, cerca de donde está el apéndice, y vive con tres riñones, aunque sólo uno lo ayude a sobrevivir.
Pese a ello, puede llevar su vida normal, al igual que los donadores, solamente con cuidados habituales para prevenir enfermedades.
“El otro riñón hace la función como si tuviera los dos riñones, por eso la donación viva. El riñón automáticamente compensa lo que hacen dos riñones; una persona que dona puede hacer su vida completamente normal, tiene que tener los cuidados que la mayoría de la gente debemos de tener”, detalló el especialista.
“La donación viva es muy buena porque hay más posibilidades de que sea compatible con su familiar, o un poquito mejor que con un riñón cadavérico que son muy buenos riñones también, pero es gente que no tiene tus mismos genes y la posibilidad de rechazo es un poquito mayor”.