Dos mochilas, un balón y el sueño mundialista: jóvenes salen a jugar su propia cascarita
CULIACÁN. _ México disputaba el partido inaugural del Mundial 2026, pero en la Plazuela Revolución había otro encuentro en marcha. No tenía cámaras, narradores ni miles de aficionados. Apenas seis adolescentes corriendo detrás de un balón y dos mochilas haciendo de portería.
El ruido de los carros pasaba por la avenida mientras los muchachos iban y venían sobre el concreto de la plazuela, improvisando una cascarita como ocurre casi todas las tardes en Culiacán.
Eran estudiantes de primer grado de la secundaria Jesucita Neda.
Minutos antes habían estado viendo el partido en la escuela. Sin embargo, al salir de clases tomaron una decisión que para ellos tenía toda la lógica del mundo: si el Mundial es una fiesta del futbol, lo mejor era jugarlo.
“Porque nos gusta el fútbol”, respondió uno de ellos cuando se le preguntó por qué estaban ahí y no frente a una televisión.
Algunos admitieron tener dudas sobre el desempeño de la Selección Mexicana. Entre bromas y comentarios lanzados mientras perseguían el balón, dijeron que no esperan demasiado, aunque sí desean que al equipo le vaya bien.
“Que gane”, repetían casi todos cuando se les preguntaba por el resultado que esperaban.
Para varios no era su primer Mundial. Algunos recordaban haber visto el torneo anterior con sus familias, mientras otros ya forman parte de equipos locales donde juegan regularmente los fines de semana.
Uno de ellos contó que participa en un equipo llamado Morelia, experiencia que le ha permitido mantener vivo el gusto por el futbol más allá de la televisión.
Mientras tanto, la cascarita continuaba.
Cada pase parecía una réplica en miniatura de lo que sucedía al mismo tiempo en el estadio Azteca donde México enfrentaba a Sudáfrica. La diferencia era que aquí no había árbitro, ni uniformes, ni marcador.
Sólo seis amigos, una pelota y una tarde mundialista en la que decidieron que, por un rato, era más divertido jugar futbol que verlo.