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Historia

Entre vender tras su carreta y el deporte: Ricardo corre por un reto propio

Ricardo Alfonso Arroyo Labrada, un ingeniero bioquímico de 38 años, equilibra su vida entre el comercio de fruta, aguas frescas y tortas en el Paso del Ángel y su exigente preparación para su sexto maratón
13/01/2026 17:20

En la esquina de las calles Jesús Andrade y General Ángel Flores, el ajetreo diario de la capital sinaloense tiene un rostro conocido y se trata de Ricardo Alfonso Arroyo Labrada, un vendedor en su carreta de 38 años que personifica la cultura del esfuerzo que distingue a los comerciantes de Culiacán y el deporte.

Desde los 15 años comenzó a ayudar a su padre y, tras el fallecimiento de sus progenitores, tomó las riendas del negocio familiar en sociedad con su hermana Rubí y, aunque es ingeniero bioquímico de profesión, la lealtad a sus raíces lo mantiene firme en el puesto de frutas, aguas frescas y tortas.

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Cada mañana, a las 07:30 horas, Ricardo empuja su carreta durante dos cuadras y media para instalarse solo, aunque a veces algún amigo que pasa por el camino le echa una mano.

“Pura pierna se hace”, comentó Ricardo Arroyo.

Su disciplina deportiva no nació en las pistas, sino en el ring, ya que es boxeador aficionado desde los 19 años y encontró en la carrera una extensión de su entrenamiento.

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Lo que comenzó como una invitación para reunirse con sus amigos de entrenamiento en una carrera de 5 kilómetros en 2014, se convirtió en una pasión que lo ha llevado a completar maratones hasta el año 2020, que fue su último maratón en el que participó.

Recuerda con especial detalle su primer maratón de 42.2 kilómetros en 2016, ya que no tuvo un entrenamiento especializado y usando unos tenis viejos de hace siete años, terminó la carrera tan molido que tuvo que subir las escaleras de su casa a gatas.

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Hoy, la preparación de Ricardo es casi científica, documentándose y utilizando tecnología como relojes inteligentes y aplica conceptos como el “Fartlek” señalando que eran las palabras ‘Juego de Velocidad’ en sueco y consiste en correr por una distancia o tiempo definido a toda velocidad.

Para él, correr es un acto de introspección ya que prefiere hacerlo sin música para mantener la concentración y no alterar su ritmo cardíaco y sus entrenamientos comienzan a las 04:30 horas, cuando las calles están desiertas en su trayecto hacia el Jardín Botánico para entrenar.

Con la mirada aguda de quien ha visto cambiar la ciudad, Ricardo observa cómo el deporte ha ganado auge en los últimos años, aunque nota con escepticismo la “gentrificación” de la disciplina.

A pesar de que la inseguridad a veces complica los horarios de entrenamiento, Ricardo se prepara para su sexto maratón ya que para él, no se trata de medallas, sino de una convicción personal.

“Es un reto propio de que sí puedo”, compartió.

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Al final de la jornada, mientras despacha tortas a la gente que va de paso, Ricardo deja un consejo para todos.

“No hace falta ser un atleta de élite, basta con caminar dos o tres kilómetros diarios”, expresó.

Para Ricardo, la verdadera meta es mantenerse activo, ya sea empujando una carreta o conquistando el asfalto de Culiacán.