"La experiencia de recibir un trasplante de riñón: 'es algo más allá de lo físico, es espiritual'"
El pasado 17 de mayo Édgar cumplió 45 años de edad. Ese día recibió dos regalos: un riñón que su hermano Rodolfo le donó y una buena cirugía.
Para él, el trasplante va más allá de una cirugía, de la recepción de un órgano. El recibir de su hermano un riñón es un acto de espiritualidad, amor, compromiso, protección familiar.
No sólo es un riñón, que da vida física para que su cuerpo siga funcionando, explicó.
"Me da vida mental, espiritual, o sea, es más profundo lo que se siente, es un compromiso más allá todavía que algo físico, algo fisiológico, o algo que se toca, es algo más espiritual, más mental", dice.
El trasplante estaba programado a realizarse el 26 de abril, operación que se pospuso por la hemoglobina. Un día el médico le pidió acudir a un laboratorio y hacerse una gasometría.
Se le entrega el resultado y por teléfono se lo envía a su médico quien le pide que el martes 16 llegue temprano al hospital porque lo dializará para que el día de la cirugía su cuerpo llegue limpio.
El 17 fue la cirugía. Simplemente coincidencia, mencionó. Sin embargo, la donación del riñón por parte de su hermano, lo ve como un regalo que no tiene precio.
"Es un regalo grandísimo y yo lo tomo como una señal de Dios también porque yo nací un 17 de mayo y me trasplantaron otro 17 de mayo", expresa.
Es nacer dos veces, prosiguió.
"Creo mucho en Dios y tengo que decirlo: para mí esta es una señal muy grande y me está mandando un mensaje de otra oportunidad de vida, así es, es otra vida", cuenta.
Tras 19 años con diabetes, cuando le diagnosticaron insuficiencia renal crónica no le sorprendió la información, era algo que ya esperaba. La noticia la tomó con mucha tranquilidad.
El doctor le planteó dos alternativas: hemodiálisis y trasplante. La primera opción la rechazó. La decisión era lo segundo, pero en ese momento no sabía si algunos de sus hermanos podían donar.
Al médico, Édgar le dijo que no es rico, pero su familia lo apoya. El problema no era el económico, sino un donador y sano.
"Y de mis seis hermanos, uno prácticamente era el apto y ese uno, había que pasar pruebas y las pasó perfectamente", manifestó.
Cuando sus hermanos se enteraron que necesitaba un riñón se ofrecieron a donárselo. Propuesta difícil de procesar. La otra vía era obtenerlo de una persona fallecida, también difícil, complicado.
Se acercó a Dios, a la iglesia, escuchó a los sacerdotes y mucha gente lo aconsejó. De sus cinco hermanos, sólo Rodolfo, de 48 años de edad, fue apto para la donación.
Lo que hizo su hermano lo equipara a cuando sus padres le dieron la vida. Acción invaluable la de él, debido a que actuó sin presión, sin sugerencia, sólo por amor. En familia todos son unidos.
Sabe que si alguien más necesita un pedazo de hígado sin pensarlo lo dan. En casa hay bondad. Óscar, otro de sus hermanos, está siempre dispuesto a apoyarlo. A darle vida.
"No hay de otra, aquí está mi riñón", le propuso Rodolfo, su hermano.
Aun cuando la cirugía se realizó con éxito, Édgar asegura que no canta victoria porque todavía hay pasos que deberán darse. El del trasplante ya se dio. Están en el primer mes.
La creatinina bajó, está en los niveles de una persona normal. Para avanzar hay que seguir tomando medicamentos, cuidarse. Hay que esperar seis meses para pasar lo crítico.
Después de seis meses cantará victoria, pero vivirá día a día. Sabe que si hace un desarreglo como ir a la calle y comer en un lugar no limpio, puede morir de una infección.
"Cantar victoria es como decir: 'ya gané, ya pasé la prueba', para mí las pruebas van a ser día a día porque la disciplina, la que no tuve, es la que tengo que tener", expresó.
Hay casos muy buenos que han durado 20, 25 años, hasta récords de 30 años. Los médicos hablan de un promedio de 15 años, otros duran, 5, 10. El éxito dependerá del cuidado.
Es como un campo minado, dice, pues cuidará no pisar bombas, para que no exploten. Dentro de los cuidados está tomarse la presión y pesarse.
Agradece a Dios porque él le dio los medios. Le dio un hermano sano, que fue donador, una familia que está más del 100 por ciento y le puso a buenos médicos en el Hospital Ángeles.
De su empeño dependerá que dure su trasplante. Cuidará su dieta, el azúcar, el colesterol, la presión, todo lo que pueda dañar al riñón nuevo.
"No nomás me dio un riñón, sino que yo me siento comprometido con él y con mi familia, cuando yo empiezo con altibajos, a sentirme deprimido, tengo un compromiso muy grande con ellos, es lo que me levanta", expone Édgar.
Su familia no sólo apoya de palabra, sino que actúa. Si se preocupa por lo caro que cuesta un medicamento, siempre le tienen respuestas y soluciones.
Sabe que su familia hasta la vida da por él. Lo tiene comprobado. Después del trasplante empezó a ver el valor real que tiene una familia.
Óscar quería donar, pero también tenía miedo. Exponía que no era cualquier cosa que lo abrieran y le quitaran un riñón, pero el riesgo vale la pena porque es para que Édgar siga viviendo.
Como Óscar no pasó todos los exámenes, el donador fue Rodolfo. Cuando entró a cirugía temió por él. A la anestesióloga se lo encargó mucho.
En cambio si a él le iba mal, sabía que era su problema, sin embargo, antes de ingresar a cirugía habló con su familia de un probable desenlace malo. Les pidió aceptarlo, en caso de haber sido así.
Lo que no perdonaría es si a su hermano Rodolfo le hubiese pasado algo siendo una persona sana, con 99 por ciento de función renal.
"No me hubiera gustado quitarle su riñón, muy en el fondo no me hubiera gustado que ni lo abran, que se haya expuesto", menciona.
Édgar señala que hubiese querido hacerse la cirugía en el Hospital General de Culiacán, pero no lo hizo porque no están trabajando con este programa de trasplante.
Haciéndose el trasplante en el Hospital General economiza dinero, que siempre se necesita.
Una cosa, explicó, es pagar un trasplante, que es lo menos, sostener el trasplante con medicamentos, sale más caro a la larga, por lo que buscará alternativa de ayuda.