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La visita de Sheinbaum: un evento blindado ante los reclamos de Sinaloa

Desde los filtros de acceso, donde se revisaban las pancartas para impedir el ingreso de mensajes incómodos, hasta el operativo para cubrir a los manifestantes de la vista de Claudia Sheinbaum, el acto en la Feria Ganadera transcurrió entre calor, funcionarios y reclamos que no llegaron al escenario
20/09/2026 16:17

A las 11:00 horas, dos horas y media antes de que comenzara el evento de Claudia Sheinbaum Pardo en la Feria Ganadera de Culiacán, el calor ya se sentía sobre el concreto. Para entonces, las inmediaciones del recinto estaban llenas de personas.

Había adultos mayores, niños, trabajadores de Gobierno, simpatizantes de Morena y personas que habían llegado desde otros municipios. También había camiones estacionados en los alrededores.

Entre los asistentes había personas procedentes de Los Mochis y grupos relacionados con programas sociales.

El despliegue de seguridad también era visible desde temprano.

Policías municipales y estatales, militares y elementos de la Guardia Nacional vigilaban los alrededores, mientras personal de vialidad del Gobierno del Estado intentaba ordenar el tráfico.

Pero los vehículos comenzaron a acumularse.

A los automovilistas que buscaban dónde estacionarse, elementos de la Guardia Nacional los redirigían hacia estacionamientos privados que cobraban alrededor de 50 pesos.

Mientras tanto, la espera ocurría bajo el sol.

La plancha de concreto alrededor de la Feria Ganadera parecía devolver el calor hacia quienes aguardaban la entrada.

Y entre la multitud comenzaron a aparecer bolsas y sacos con propaganda.

Llevaban imágenes de la Presidenta Claudia Sheinbaum, bandas presidenciales y pancartas con mensajes de apoyo.

Se repartían entre los asistentes.

No se explicó quién había comprado ese material ni quién había organizado su distribución.

Más adelante, los elementos del Ejército Mexicano y empleados de dependencias federales encargados del acceso revisaban las pertenencias de las personas, pero una de las revisiones más visibles no tenía que ver con armas u objetos prohibidos.

Tenía que ver con las pancartas.

Los elementos evaluaban qué mensajes podían ingresar al recinto y cuáles debían quedarse afuera.

Entre las pancartas retiradas había mensajes relacionados con víctimas de desaparición forzada y otros que expresaban posiciones contrarias a la Presidenta.

Cuando personal de Noroeste documentaba esa revisión, personas encargadas de los filtros se acercaron para pedir que no se grabara y que el medio se retirara del lugar.

Al explicar que se estaba documentando precisamente el criterio utilizado para decidir qué pancartas podían entrar y cuáles no, señalaron que algunas contenían groserías dirigidas a Sheinbaum Pardo y que tampoco se permitiría el ingreso de pancartas de otros partidos políticos.

Así, antes de comenzar el evento, ya había una selección de los mensajes que podían llegar hasta la Presidenta. Los demás se quedaron afuera.

La llegada por la puerta trasera

Sheinbaum Pardo no llegó por el acceso donde se encontraban los asistentes.

Ingresó por la parte trasera del recinto.

No hubo un recorrido entre el público ni un saludo previo a las personas que habían esperado desde horas antes.

La llegada ocurrió prácticamente entre bambalinas.

De un momento a otro, la Presidenta ya estaba sobre el escenario.

Primero habló la Gobernadora interina Graciela Domínguez Nava.

Su discurso duró alrededor de 10 minutos.

“Hemos vivido tiempos complejos de violencia y dolor, pero ya Gobierno presidenta representa la esperanza para que Sinaloa recupere y siga recuperando su tranquilidad y seguridad”, reconoció la Gobernadora, hablando sobre dolor a un público perfectamente formulado para vitorear en los silencios.

Después cedió el micrófono a Sheinbaum Pardo.

La Presidenta habló durante aproximadamente 18 minutos.

Y durante buena parte de ese tiempo habló de México. De la Independencia. De las transformaciones políticas del País. De los distintos momentos históricos que, desde su perspectiva, han construido la nación.

Y finalmente de Morena como parte de esa historia.

El recorrido histórico ocupó buena parte de su intervención, más de la mitad de su presentación se limitó a ser clase de historia.

La seguridad, en cambio, apareció de manera mucho más breve.

Sinaloa lleva desde septiembre de 2024 inmerso en una crisis de violencia derivada de la disputa entre facciones del Cártel de Sinaloa.

Pero en los aproximadamente 30 minutos de discurso presidencial no hubo un segmento específico dedicado a explicar el estado de esa crisis ni un recuento de los principales indicadores de violencia de la entidad.

Sheinbaum sí habló del tema.

Anunció que las fuerzas federales permanecerán en Sinaloa el tiempo que sea necesario y expresó su respaldo a la Gobernadora.

“Graciela tiene todo el apoyo del Gobierno de la República, todo”, afirmó.

También habló de soberanía y de la posibilidad de intervención extranjera.

“La injerencia no resuelve los problemas. La injerencia provoca violencia”, dijo.

Pero el mensaje de seguridad quedó concentrado principalmente en la permanencia de las fuerzas federales y en la coordinación con el Gobierno estatal.

Mientras tanto, en las inmediaciones del evento, algunos de quienes buscaban ser escuchados intentaban acercarse.

Los reclamos quedaron afuera

Madres buscadoras, agricultores y trabajadores federales acudieron con sus propias demandas.

Algunos llevaban pancartas. Otros intentaban acercarse para hablar con la Presidenta.

Pero frente al escenario había otro público. Funcionarios. Alcaldes. Trabajadores sindicalizados. Beneficiarios de programas sociales. Jóvenes vinculados con programas federales.

La distribución de los asistentes hacía que frente a Sheinbaum Pardo quedara una multitud que la recibía entre porras y aplausos.

A los costados y en la periferia estaban quienes buscaban plantearle alguna inconformidad, lejos sin que pudiera escucharlos y pudiera ignorarlos sin verse mal para las fotos.

Cuando los manifestantes intentaron hacerse visibles, elementos del operativo desplegaron banderas de México frente a ellos.

Las banderas bloquearon la vista hacia el lugar donde se encontraban los manifestantes.

Desde el escenario, la Presidenta quedó frente a un mar de banderas, funcionarios y beneficiarios de programas sociales.

Los reclamos quedaron detrás.

El abrazo

Al inicio del evento, Sheinbaum Pardo y Domínguez Nava se abrazaron.

Fue una imagen política después de meses de turbulencia en Sinaloa.

La llegada de Domínguez Nava al Gobierno estatal ocurrió después de la salida de Rubén Rocha Moya.

En abril de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos hizo pública una acusación contra Rocha Moya y otros funcionarios y exfuncionarios de Sinaloa por presuntos vínculos con una estructura relacionada con el Cártel de Sinaloa. Rocha Moya ha rechazado los señalamientos.

Desde entonces, el escenario político estatal cambió.

En su visita a Sinaloa, Sheinbaum Pardo no hizo referencia a Rocha Moya por su nombre.

En cambio, reiteró públicamente su respaldo a Domínguez Nava.

También anunció un mes adicional del subsidio a la electricidad para Sinaloa, acciones para atender el ingreso de camarón extranjero y la visita de integrantes de su gabinete a la entidad.

Hubo anuncios para el campo, salud, educación y obras públicas.

La seguridad tuvo un espacio más reducido.

El otro final

El evento terminó prácticamente en cuanto concluyó el discurso de Sheinbaum Pardo y se entonó el Himno Nacional.

La gente comenzó a salir. Los camiones empezaron a moverse. Las calles alrededor de la Feria Ganadera volvieron a llenarse de vehículos.

El operativo vial que había intentado ordenar la llegada tampoco consiguió contener la salida.

El tráfico se convirtió nuevamente en un embudo.

Afuera, una mujer se desvaneció debido al fuerte calor.

La ambulancia que acudió para atenderla tardó alrededor de 20 minutos en poder acceder al lugar, de acuerdo con lo observado durante la cobertura.

Mientras tanto, quienes habían permanecido durante horas bajo el sol buscaban agua.

Algunos cargaban botellas y litros de agua para intentar soportar el calor.

Los manifestantes seguían afuera. Las madres buscadoras seguían con sus reclamos. Los agricultores, con sus demandas. Los trabajadores, con sus inconformidades.

Ninguno había conseguido llegar hasta el escenario.

Adentro, durante alrededor de 18 minutos, la Presidenta había recorrido la historia de México y hablado de la transformación política del País.

Afuera permanecía otra realidad.

La de una entidad que lleva dos años enfrentando una crisis de seguridad y cuyos habitantes acudieron también para pedir respuestas.

Esta vez, esos reclamos no llegaron hasta el micrófono.