¿Por qué vemos ‘matachines’ por Culiacán en Semana Santa?
De inicio, no se llaman “matachines”, estos personajes que se ven pidiendo dinero por las calles cuando se acerca Semana Santa, se llaman “judíos” o “fariseos”, los cuales son confundidos regularmente por “matachines” por desconocimiento de la cultura mayo-yoreme, mencionó Stephanie Cortés, antropóloga y maestra de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
La principal diferencia entre un matachín y un judío, radica en su vestimenta.
“Y en segunda, la forma en la que en la que se practica. Semana Santa son judíos y los matachines son en temporada de nacimiento del niño Jesús. Para la comunidad mayo-yoreme, en particular, los matachines, si no nace el niño Jesús, si no hacen esas fiestas del nacimiento del niño Jesús, no podría hacerse la Semana Santa y por ende no saldrían los judíos”, explicó la académica.
“Entonces, para ellos es más importante las fiestas que se hacen a partir del 1 de noviembre en adelante hasta que nace Jesús y que crece para que puedan salir los judíos”.
Los “judíos”, llamados así por ser una representación de los judíos que crucifican a Cristo en el catolicismo, surgen como una herencia religiosa que se implanta en la cultura mayo-yoreme en el siglo XVI que viene de los jesuitas en la conquista española.
“Y son estos personajes que cada viernes van a estar saliendo a buscar a Jesús, lo buscan, lo buscan hasta que el miércoles de tinieblas lo encuentran y continúa esa representación de toda la crucifixión y el castigo”, detalló.
La mayoría de los judíos participan en esta representación, no solo para “salir y divertirse”, sino porque tienen mandas, es decir, promesas que hacen mayormente por salud o necesidades, que pueden durar hasta tres años.
A diferencia de otras regiones, Cristo no lo representan con una persona, sino con una escultura, en donde los judíos y yoris, los que no son mayo-yoremes, colocan listones que significan las mandas cumplidas.
El uso de máscaras es para cubrir el rostro, aunque al principio eran máscaras sencillas hechas con piel de animales, como el jabalí, actualmente el diseño de estas depende principalmente de la comunidad, ya que cada una tiene sus respectivas reglas.
“En San Miguel Zapotitlán son las más estrafalarias más grandes, son elementos más pesados, a veces hay hasta modas. Usan el crin del caballo, el cabello del caballo, para la máscara y entre más larga, pues es más cara la máscara. Pero en otras comunidades, eso está mal visto, que la máscara sea grande, que asuste”, abundó Cortés.
“Hay unas máscaras que asustan mucho, que son muy feas, pero dependiendo de la comunidad y la moda también es como se va a utilizar. Pero sí hay comunidades en que son más escuetas, más sencillas, procuran guardar más la ritualidad y en otras no son más llamativas, pero eso no quitan ni ponen y o sea no cambia, la idea del judío”.
El primer viernes de Cuaresma, los judías comienzan a pedir dinero en las calles para reunir fondos para la realización de las fiestas de la Semana Santa.
“Entonces tiene que haber alimentos para desayuno, comida, cena, café, pan, tortillas, si se va a elaborar ceviche, los ceviches, ¿qué elementos lleva el ceviche?, o si se va a hacer wakabaki, todos los elementos que lleva el wakabaki y son kilos y kilos de comida de alimentos que se tienen que estar preparando y están las hornillas prendidas prácticamente todo el día para la preparación de los alimentos”, comentó.
“Eso lleva fácil unos 30 mil, 50 mil pesos para la Semana Santa. Eso dependiendo de la comunidad, qué tan pequeña sea”
Existe un riesgo real de desaparición, si “los de afuera” no cambian su postura, comenta la antropóloga.
“Porque sobre todo depende de los que no somos mayos-yoremes, porque depende mucho de las autoridades, depende mucho del racismo que ejercemos hacia ellos, porque pues ocupamos sus espacios, como en Ohuira, que se quiere poner esta planta de amoníaco, o sea, y son territorios ancestrales y territorios rituales donde están poniendo esta planta amoníaco y estas nuevas potencias económicas que se pueden implementar o se quieren implementar en ese espacio”, añadió.
“Entonces, también depende de eso, que ellos puedan seguir haciendo sus prácticas y no verlos como un objeto de museo que sea inamovible y que siempre tiene que ser igual y que se tienen que vestir de tal o cual manera, si no no son mayo-yoremes. Sino más bien es ¿qué estamos haciendo nosotros?”.
Entender que estas son prácticas étnicas y no simples espectáculos es el primer paso para preservarlas. El futuro de la identidad mayo-yoreme podría estar en juego; sin territorio, sin lengua y sin el respeto de los yoris, se corre el riesgo de perder una de las herencias más representativas del México ancestral.