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Inseguridad

Revela Diócesis que padre Clemente fue torturado y amenazado de muerte durante su desaparición

El obispo de Culiacán, Jesús José Herrera Quiñónez, informó que el sacerdote fue privado de su libertad por un grupo de personas desconocidas, golpeado, quemado y retenido durante tres días; pidió a las autoridades esclarecer los hechos y reconoció que las estrategias de seguridad no han sido suficientes para recuperar la tranquilidad
01/11/2026 18:26

El sacerdote Clemente Morales Topete fue privado de su libertad por un grupo de personas desconocidas, quienes lo golpearon, le provocaron quemaduras y lo amenazaron de muerte reiteradamente durante los tres días que permaneció desaparecido, informó la Diócesis de Culiacán.

En una carta circular difundida este domingo 1 de noviembre, el obispo Jesús José Herrera Quiñónez actualizó la situación del párroco de la iglesia Cristo Resucitado, quien regresó por sus propios medios a la casa parroquial el martes 27 de octubre, después de haber sido reportado como desaparecido desde la tarde del sábado 24.

De acuerdo con el documento, el sacerdote fue trasladado a un lugar desconocido, donde sus agresores le exigieron información que, según la Diócesis, desconocía y por la cual no podía ofrecer respuestas.

“Confirmamos que el sacerdote fue levantado por un grupo de personas desconocidas y trasladado a un lugar desconocido, fue golpeado y le provocaron incluso quemaduras graves en su cuerpo, pidiéndole información que él no conocía y por lo cual no podía ofrecer, fue retenido durante tres días en los cuales recibió amenazas de muerte reiteradamente, hasta que lo liberaron el pasado martes”, señala la carta.

La Diócesis detalló que, al regresar a la parroquia, Clemente Morales presentaba múltiples golpes y quemaduras en distintas partes del cuerpo, por lo que fue trasladado a una clínica para recibir atención médica especializada.

Aunque las lesiones no representaban un peligro inmediato para su vida, requerían seguimiento médico. Además, el religioso presenta afectaciones psicológicas y emocionales derivadas de las amenazas que recibió.

Actualmente permanece bajo observación médica y su evolución es favorable, aunque su recuperación requerirá tiempo, cuidados y acompañamiento integral.

La desaparición del sacerdote ocurrió después de que acudiera a una consulta médica en el fraccionamiento Montebello, al sur de Culiacán. Fue visto por última vez alrededor de las 16:00 horas del sábado 24 de octubre y tenía previsto trasladarse a su parroquia, en la colonia La Campiña, donde no llegó. Su localización fue confirmada por la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa el martes 27.

En el documento, Herrera Quiñónez señaló que las investigaciones continúan abiertas y que no es conveniente adelantar conclusiones ni difundir información que pudiera comprometerlas.

“Nuestro compromiso es con la verdad. No buscamos alimentar especulaciones, señalar responsables sin pruebas, ni contribuir a la desinformación”, expresó.

Cuestiona resultados de seguridad

En la misma carta, el obispo de Culiacán manifestó su preocupación por el impacto de la violencia en la sociedad sinaloense y consideró que las acciones de las autoridades no han sido suficientes para devolver la tranquilidad a la población.

Aunque agradeció la intervención de las corporaciones municipales, estatales y federales durante la búsqueda y localización del sacerdote, pidió mantener los esfuerzos para esclarecer lo ocurrido, identificar a los responsables y garantizar que enfrenten la justicia.

“Después de más de dos años de vivir esta situación, el sufrimiento de las familias, las desapariciones, las privaciones ilegales de la libertad y las muertes violentas y en estos últimos meses los feminicidios, nos obligan a decir que lo realizado hasta ahora no ha sido suficiente para devolver a nuestra ciudad la tranquilidad que tanto necesita”, expuso.

Asimismo, cuestionó que los discursos oficiales y las estadísticas no se traduzcan necesariamente en mejores condiciones de seguridad para la ciudadanía.

“No bastan los discursos ni los datos estadísticos cuando las familias continúan sufriendo y las personas siguen viviendo con temor. Es indispensable que los esfuerzos institucionales se traduzcan en resultados verificables, en una mayor protección de la población, en investigaciones eficaces y en condiciones reales para recuperar la paz”, manifestó.

Por ello, llamó a fortalecer las estrategias de prevención, seguridad, búsqueda de personas desaparecidas, procuración de justicia y atención integral a las víctimas.

Llama a no normalizar la violencia

El obispo también vinculó la agresión contra el sacerdote con la situación que enfrentan otras personas desaparecidas y sus familias en Sinaloa, al señalar que la Iglesia no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de quienes siguen buscando a sus seres queridos.

“Ninguna persona debe ser privada de su libertad y dignidad, sometida a violencia o utilizada como instrumento de intimidación. Ninguna circunstancia justifica el maltrato, las amenazas, las agresiones ni la desaparición de un ser humano”, expresó.

En un llamado dirigido a quienes generan violencia, Herrera Quiñónez pidió detener las agresiones y reflexionar sobre las consecuencias de sus acciones.

“¡Por compasión, ¡deténganse! ¡Ninguna vida humana es desechable! Ninguna familia merece vivir bajo la amenaza, el miedo o la incertidumbre”, manifestó.

También pidió a la sociedad evitar señalamientos, burlas y juicios anticipados contra las víctimas de la delincuencia, particularmente en redes sociales, donde advirtió que las opiniones pueden difundirse como si fueran hechos comprobados.

“Una opinión personal no constituye por sí misma una verdad, y la repetición de una opinión no la convierte en un hecho comprobado”, señaló.

Finalmente, el obispo convocó a las instituciones, organizaciones civiles, empresarios, medios de comunicación y ciudadanía a trabajar por la reconstrucción de la paz en Sinaloa.

La carta circular fue emitida desde la Sede Episcopal de Culiacán este 1 de noviembre y está firmada por Jesús José Herrera Quiñónez, obispo de Culiacán, y el sacerdote Ramón Alberto Ibarra Ayala, secretario canciller.