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Crónica

Topolobampo: la irrupción que rompió el discurso del desarrollo

En ‘La Piedrera’ el templete estaba listo para un evento que prometía progreso, pero antes de que el protocolo se cumpliera, cientos de manifestantes irrumpieron para increpar al Gobernador Rubén Rocha Moya y reventar el evento
23/04/2026 21:03

TOPOLOBAMPO._ No era la brisa habitual que arrastra sal y calma desde Topolobampo la de la mañana del jueves, sino una tensión espesa, que parecía advertir que algo estaba por romperse.

Se reunieron en el malecón del puerto, al menos cincuenta al principio y se fue nutriendo el grupo hasta llegar a los 200. Algunos con rostros descubiertos, algunos con identidades ocultas detrás de pañuelos que después explicarían era por seguridad y no por miedo.

“¿A dónde van?”, les preguntaron.

“Vamos a La Piedrera”, respondieron.

Son integrantes del movimiento ¡Aquí no!, un grupo que se formó hace años cuando empezó a ser atractivo Topolobampo para la construcción de petroquímicas.

En ‘La Piedrera’ el templete estaba listo. Sillas alineadas, discursos preparados, cámaras expectantes. La promesa del progreso aguardaba el momento de ser pronunciada. Pero antes de que el protocolo se cumpliera, llegó la otra voz.

Entraron sin pedir permiso.

Fue un interrumpir decidido. Pancartas en alto, pasos firmes, rostros curtidos por el sol, la incertidumbre y la rabia.

Eran pescadores, mujeres de comunidades indígenas, jóvenes, viejos. Gente que conoce el ritmo del mar y que, esa mañana, decidió interrumpir el ritmo institucional.

Las consignas comenzaron a llenar el aire. Ya no se escuchaba el murmullo del funcionariado, sino reclamos que salían desde otro lugar: desde la tierra, desde el agua, desde la memoria.

El Gobernador Rubén Rocha Moya llegó y quedó frente a frente con quienes le hablaban como iguales, sin filtros, sin intermediarios. No había micrófonos que suavizaran el mensaje.

El asombro de los invitados, de los empresarios, de los funcionarios, dio registro del inusual ingreso de manifestantes a un evento privado.

Rocha Moya intentó retomar la voz dominante del discurso, pero no lo dejaron. Eran muchos los reclamos, muchos los agraviados.

El evento se rompió.

Lo que estaba planeado como una ceremonia de inicio se convirtió en una escena de confrontación. La frase no era solo una exigencia política. Era una ruptura emocional. Una grieta entre la representación y la realidad.

Alguien más tomó la palabra, o más bien la arrebató.

“Nadie debe estar por encima de la constitución”, le dijo una de las manifestantes al Gobernador y al presidente municipal de Ahome, Antonio Menéndez del Llano Bermúdez.

Los manifestantes se abrieron paso, subieron al templete y arrancaron la primera piedra que simbólicamente sería colocada como promesa del progreso, del llamado polo de desarrollo que se pretende aterrizar en su territorio, pero del que nadie les ha hablado, ni explicando, ni informado, ni pedido permiso.

Una vez que ocurrió el desmantelamiento del escenario, en manos de los pobladores de Ahome, el Gobernador y su equipo salieron del espacio.

Otra cosa se rompió: los hombros abajo, el gesto afligido, el alma vapuleada.

¿Qué podía hacer?, negarse a retirarse, por más que sus escoltas y asistentes lo invitaban a salir. Manos en la bolsa, saludando casi por mecánica emocional de quien lo ha hecho miles de veces antes.

La contención de la crisis, en ese momento, también salió junto con él, por la puerta de atrás.

El acto se suspendió. No hubo inauguración, ni primera piedra, ni aplausos. Sólo un desplazamiento: la ceremonia migró, como si pudiera escapar del conflicto, hacia Los Mochis. Más de 20 kilómetros de distancia que no lograron separar el fondo del problema.

$!Topolobampo: la irrupción que rompió el discurso del desarrollo

La contención de la crisis, en ese momento, también salió junto con él, por la puerta de atrás.

El acto se suspendió. No hubo inauguración, ni primera piedra, ni aplausos. Sólo un desplazamiento: la ceremonia migró, como si pudiera escapar del conflicto, hacia Los Mochis. Más de 20 kilómetros de distancia que no lograron separar el fondo del problema.

Otra cosa que se rompió: mientras en Topolobampo se abría un diálogo improvisado en el Centro Cultural encabezado por Rocha Moya, con voces que no cabían ya en el guión oficial, en el salón de un hotel Fiesta Inn de la ciudad se desarrollaba otra escena, más controlada, más silenciosa. Ahí sí hubo acto. Ahí sí se habló de inversiones, de certezas, de futuro.

Dos realidades ocurriendo al mismo tiempo, y a la escena oficial e institucional no acudió el Gobernador ni el alcalde de Ahome.

En el puerto, la conversación era áspera. Los manifestantes no hablaban en abstracto. Nombraban manglares, agua, peces. Nombraban lo que está en riesgo, amenazados, necesitados.

Dijeron que no fueron consultados, que nadie les explicó ni les pidió permiso.

Y el Gobernador escuchó. Respondió. Propuso salidas: consultas, diagnósticos, mesas. Promesas con que intentó levantar y pegar lo roto, en unas horas, lo que no se hizo en meses.

Pero la desconfianza no se disipó tan rápido.

Afuera, el mar siguió ahí, indiferente y testigo. Como si supiera que los proyectos pasan, pero las consecuencias se quedan.

La planta, dicen, será la más grande del mundo en su tipo. Una cifra que impresiona. Pero en Topolobampo, ese día, la medida fue otra: la esperanza del discurso del desarrollo y la vida cotidiana de quienes habitan el territorio también se rompió.