Mundial 2026: la diversidad, el motor silencioso de las grandes selecciones
Se acerca el Mundial 2026 y más allá de lo que puede ocurrir dentro de la cancha, quedará de manifiesto una idea que se impone cada vez con más claridad: las selecciones más fuertes no son necesariamente las más homogéneas, sino aquellas que saben aprovechar la diversidad de sus jugadores.
Detrás de los resultados, aparecen trayectorias múltiples, identidades cruzadas e historias familiares que van mucho más allá de las fronteras. Una mezcla que se volvió prácticamente indispensable en el fútbol moderno.
Francia: heredera del modelo ‘Black-Blanc-Beur’
La selección de Francia sigue siendo el símbolo más claro de esta evolución. En 1998, el título de los “Bleus” fue resumido con la expresión “Black-Blanc-Beur” (Negro, Blanco y arabe), reflejo de un país diverso y unido. En aquel entonces, el presidente Jacques Chirac hablaba de un equipo “tricolor y multicolor”, convertido en un símbolo de unidad nacional.
Casi 30 años después, esa realidad sigue muy presente. Kylian Mbappé nació en Francia, hijo de padre camerunés y madre de origen argelino; Dayot Upamecano tiene raíces en Guinea-Bissau; Jules Koundé es de origen beninés; Eduardo Camavinga nació en Angola de padres congoleños y Warren Zaïre-Emery tiene orígenes martiniqueses y congoleños.
Esta diversidad ya no es solo simbólica: se volvió algo estructural. Alimenta el estilo de juego, la creatividad y la profundidad de la plantilla francesa, que sigue siendo una de las más competitivas del mundo.
Inglaterra, Alemania, España: la diversidad como norma
Inglaterra sigue un camino muy similar. Bukayo Saka nació en Londres de padres nigerianos; Jude Bellingham representa a una nueva generación formada en un entorno multicultural y Marcus Rashford tiene origen en San Cristóbal y Nieves por parte de su madre. Esos casos reflejan también esta riqueza cultural que define al equipo.
En Alemania, el debate quedó marcado por Mesut Özil, nacido de padres turcos. Su frase en 2018 “Cuando ganamos, soy alemán. Cuando perdemos, soy inmigrante” resume una realidad vivida por muchos jugadores en muchas selecciones.
España también evoluciona en esta dirección en los últimos años con Lamine Yamal, nacido de padre marroquí y madre ecuatoguineana; y Nico Williams es hijo de padres ghaneses. Ellos representan una selección que refleja cada vez más la diversidad de la sociedad española actual.
Marruecos: una selección construida a través de Europa
Recientemente, la selección marroquí comenzó a generar un fenómeno a la inversa con el objetivo de atraer a figuras rechazadas por su país de orígen. Achraf Hakimi nació en Madrid de padres marroquíes; Brahim Díaz nació en Málaga con padre marroquí; Sofyan Amrabat nació en los Países Bajos; Bilal El Khannous nació en Bélgica en una familia marroquí y Ayyoub Bouaddi nació y creció en Francia.
Esto significa que la selección está formada por jugadores desarrollados en España, Francia, Países Bajos, Bélgica o Alemania. En el vestidor conviven varios idiomas: español, francés, neerlandés y árabe.
Y aun así, la lengua no es una barrera para los “Leones del Atlas”. El equipo funciona y compite al más alto nivel en los últimos años: Finalista de la última Copa Africana y semifinalista del Mundial 2022, Marruecos se convirtió en la primera selección africana en llegar a semifinales, demostrando que la diversidad puede transformarse en una verdadera fuerza colectiva.
Una nueva realidad del futbol internacional
Hoy en día, las selecciones nacionales ya no representan únicamente un territorio, sino trayectorias migratorias, formaciones internacionales e identidades múltiples.
El fútbol de selecciones moderno ya no cuestiona el origen: lo integra, lo mezcla y lo convierte en una ventaja competitiva.