"El lanzador de bala que tenía un tumor del tamaño de un huevo en la cabeza"

"Ruiz es un paratleta que compite en lanzamiento de bala. Que ha visto a la muerte de cerca y que se ha deshecho de un tumor que le impedía jugar al básquetbol"
24/10/2018 22:30

Román Ruiz es un deportista sinaloense de alto rendimiento. Se levanta a primera hora y hace ejercicio. Desayuna y acude al gimnasio. Come y nada 2 kilómetros. Descansa y hace pesas. Cena y se prepara para repetirlo al día siguiente. Nadie que no lo conozca o lo haya visto podría pensar que apenas hace cuatro años tenía un tumor del tamaño de un huevo en el tallo del cerebro.

Ruiz sonríe cada vez que se cae por tratar de sostenerse en una sola pierna. Se mira en el espejo del gimnasio y se reconoce. Ve su rostro desfigurado y vuelve a intentarlo. Una y otra vez, hasta mantenerse al menos 10 segundos.

Tiene que entrenar todos los días si quiere convertirse en el mejor lanzador de bala del Mundo. Eso es lo que se repite todos los días, en todo momento. Lo dice a su terapeuta, a los entrenadores del gimnasio, a sus compañeros de la Universidad Autónoma de Nuevo León.

“Quiero ser el mejor lanzador de bala, llegar a los Juegos Paraolímplicos y ganar la medalla de oro”.

Ruiz es un paratleta que compite en lanzamiento de bala. Que ha visto a la muerte de cerca y que se ha deshecho de un tumor que le impedía jugar al básquetbol. Era una promesa en el baloncesto universitario y ahora lo es para otro deporte, con el que representa a su universidad.

 

Antes de ser lanzador de bala, Román practicaba Básquetbol, al menos hasta que dejó de ver la canasta.

 

“Empecé a marearme, a ver borroso a donde tenía que tirar el balón, fue el cambio de vida para mí. En ese momento me fui a hacer el estudio, fui con un médico general, ese médico general me mandó con un especialista de la nariz y el oído, ese otro médico me mandó con un neurólogo y el neurólogo me mandó a hacer unos estudios. Cuando me dieron los resultados se arrojó que tenía un tumor de un tamaño gigantesco”

Eso sucedió en 2012. El tumor estaba colocado en el tallo del cerebro de Román. Era una bola que medía cuatro por cinco centímetros, del tamaño de un huevo. Además, el pronóstico era mucho peor, se temía que creciera y le afectara la vista, el habla y sus habilidades motoras.

La opción era sacarlo de ahí, pero eso tenía un riesgo anunciado: un mal movimiento de los médicos y podía significar quedar como una planta postrada en una cama.

“Mi sueño era ser el mejor basquetbolista, pero preferí la salud, entonces fue cuando me operaron”.

Los médicos le dijeron que de tener éxito, se extirparía el 80 por ciento del tumor y el otro 20 por ciento se tenía que quedar con radioterapia. Dejarlo ahí seguiría comprimiendo el tallo y un riesgo mayor.

También le dijeron que de resultar como esperaban, la recuperación sería de cuatro meses. Prácticamente, solo iba a perder un semestre escolar en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

 

La operación se complicó. Los médicos rompieron una vena durante la operación y tuvieron que enfocarse a parar la hemorragia para evitar un daño mayor.

El tumor fue retirado, pero Román despertó hasta los 26 días y cuando lo hizo solo veía sombras a su alrededor. Era, dice, como la muerte.

Se quiso levantar de la cama,volver a Monterrey para seguir sus estudios y jugar al básquetbol, no comprendía qué tan mal había salido la operación. No pudo hacerlo.

Pasaron los cuatro meses que le dijeron los doctores que tardaría la rehabilitación y seguía igual.

Su daño fue motor, se volvió torpe para caminar, mover los brazos y hablar.

“Comencé a deambular por todos lados, desesperado, era como un actor de Walking Dead, ¿sí me entiendes?, como zombie, era lento, no coordinaba mis movimientos, si quería voltear para allá no podía, para mí era una impotencia,me sentía atrapado, que no podía ser la persona que era antes”

Quedó la resignación, dice, a ser una persona con una discapacidad motriz que lo haría dejar el básquetbol, a sus amigos, sus estudios.

“Pero había algo en mí que me decía: Román, tienes que levantarte”.

 

Tiene 29 años y hace apenas seis quiso morir. Dejó de ser un atleta para estar postrado en una cama tras una operación.

“No podía quedarme ahí”. Repite y luego sigue: “Coordinación, estabilidad, fuerza y movimiento”.

Esa es su metodología, asegura. Tuvo que aprender de nuevo a moverse, a coordinar movimientos y a mantenerse de pie. Todo como si fuera un bebé, pero con la conciencia de que su recuperación no será total.

Después de dos años volvió a la Universidad, tomó las balas y comenzó a tirarlas. Primero un metro, luego dos… Ya tira más de 8 metros y se prepara para competir en juegos centromericanos.

“Mi sueño es ser el mejor lanzador de bala y estar en los paralímpicos de Tokio en 2020”

Se levanta y entrena. Desayuna y hace ejercicio. Come y nada dos kilómetros. Descansa y va al gimnasio. Cena y sueña con ser el mejor lanzador de bala.

Román Ruiz dice que será campeón y cómo no creerle al ver cómo fue que se levantó.