Amigo lector de Noroeste, usted que los mexicanos estén contentos con este Mundial de futbol, porque como actividad física deportiva es algo muy bueno, pero desde el punto de vista de la mercadotecnia, puede ser que también, luego entonces por qué tanta alteración en la sociedad mexicana, y probablemente en otros países también.
Todos los medios tanto escritos como en pantalla se han dado a la tarea de difundir este evento mundial, algunos gobiernos “usándolo como distractores”, para tratar de que la gente “olvide” tantos problemas del País como problemática de la misma sociedad, pero ¿estará bien este camino?, la verdad un servidor no tiene la respuesta.
Hubo una ocasión en China Taipéi, se participó en una Universiada Mundial, donde los ciudadanos de esta región se manifestaron por algunas situaciones donde ellos no estaban de acuerdo, pero no se resolvió nada, porque nosotros como extranjeros qué culpa tenemos de situaciones, pues bien en México pasa igual, los extranjeros qué culpa tienen de los posibles malos gobiernos, hay un dicho que dice así “la ropa sucia se lava en casa”, pero en fin, es lo que hay.
Hablar de futbol es adentrarnos a una disciplina deportiva con mucha historia, ya que es el deporte capaz de apasionarnos hasta el hueso y unir tierras lejanas en la misma porra. Este deporte tiene la mágica capacidad de juntar los ánimos en un mismo momento y ponerlos al servicio de 11 mensajeros de la victoria que se juegan todo para celebrar al unísono el grito de gol.
Los anales de la historia tienen en sus páginas, que en aquellas noches heladas de la Primera Guerra Mundial, en el año de 1914, los soldados alemanes y las líneas británicas salieron de sus trincheras en la víspera del 24 de diciembre para compartir un partido de futbol amistoso en la ahora llamada Tregua de Navidad, donde ambas partes prometieron no disparar y, como si fueran chiquillos, se presentaron, compartieron historias, intercambiaron regalos y jugaron futbol entre los cantos de “Noche de Paz”. Este deporte une países en guerra tanto como a niños de cuadras enemistadas, familias, grupo de amigos, escuelas y más.
Es por estos y otros detalles que el futbol se ha convertido en emblema social y cultural de nuestro país; la afición futbolera de México es, sin duda, una de las más pintorescas y apasionadas. Desde los estrafalarios vestuarios con los que acuden al estadio hasta los festejos de dimensiones dignas del Ángel de la Independencia, la verdad es que el futbol forma parte muy importante de nuestra identidad, y que, por la misma razón, vale la pena disfrutar este Mundial.
Orígenes: las primeras noticias que se tienen de esta deporte podrían remontarse al Siglo IX, donde un monje llamado Nennius relata que unos niños juegan a la pelota, pero sin dar más información al respecto. Ya en el siglo XII hay descripciones de la soule, un juego practicado en Normandía que consistía en devolver una pelota (de cuero, de madera, o vejigas de cerdo rellenas de heno), a un lugar particular. Pero quizá, el origen más evidente del futbol como lo conocemos está en el mismo siglo, pero en tierras inglesas. En diversos escritos se cuenta que, para iniciar las celebraciones de los carnavales medievales (que comenzaban el martes previo al miércoles de ceniza con la finalidad de festejar, comer y divertirse antes de la Cuaresma), “después del almuerzo, todos los jóvenes de la ciudad van a los campos para participar en un juego de pelota. Los estudiantes de cada escuela tienen su propia pelota, y los trabajadores de cada ciudad cargaban sus pelotas también”.
Debido a su naturaleza violenta y peligrosa, tras varios incidentes fatales, el rey Eduardo II los prohibió so pena de cárcel en 1314. Para este punto, la palabra balompié (en sus formas tempranas foot ball y fute ball) ya estaban en uso. Pero esta prohibición no prosperó, siendo así como el futbol hasta nuestros días es el más popular.