Zverev conquista su primer Grand Slam en Roland Garros

Es el primer alemán en ganar en París en la Era Abierta
07/06/2026 11:05

Hacía 10 ediciones que no había un nuevo campeón en un torneo de Grand Slam. Entonces, Jannik Sinner en el Abierto de Australia 2024 fue el encargado de estrenar su vitrina con un trofeo de esta categoría. Más de dos años después, Alexander Zverev tomó el relevo para coronarse con su primer ‘major’ en Roland Garros.

El cabeza de serie No. 2 en París derrotó en la final a Flavio Cobolli, que también perseguía su primera corona a este nivel, por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7(5), 6-1 en cuatro horas y 16 minutos. Era la cuarta oportunidad de Zverev para estrenar su palmarés en los Grand Slam, después de haber conquistado antes las Nitto ATP Finals en dos ocasiones, siete ATP Masters 1000 y una medalla de oro olímpica.

El alemán dejó atrás las dudas de tres finales perdidas con anterioridad. Había acariciado la gloria en el en el US Open 2020 (p. con Dominic Thiem), Roland Garros 2024 (p. con Carlos Alcaraz) y el Abierto de Australia 2025 (p. con Sinner). Se quedó a las puertas de tocar el cielo, sobre todo en Nueva York, donde dominó dos sets a cero, y en París, donde también fueron necesarias cinco mangas para decidir al campeón. Ahora, a sus 29 años, cambió su destino para siempre la tierra batida francesa, uniendo su nombre a los más grandes de la historia de este deporte.

Zverev logró probar las mieles que sólo unos pocos privilegiados en activo han probado. Y es que aún en activo en el ATP Tour tan sólo seis jugadores cuentan con un Grand Slam en su vitrina: Novak Djokovic (24), Alcaraz (7), Sinner (4), Stan Wawrinka (3), Marin Cilic (1) y Daniil Medvedev (1). Ahora, el alemán puede presumir de ser el séptimo.

Además de marcar un antes y un después en su propia carrera, Zverev hizo historia este domingo para el tenis alemán. Ningún compatriota había conseguido conquistar la Copa de los Mosqueteros en la Era Abierta, mientras que el último alemán que levantó un título de Grand Slam fue Boris Becker hace 30 años en el Abierto de Australia 1996.

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Si algo ha demostrado durante estas dos semanas es su madurez como tenista. Desde que el pasado viernes, 29 de mayo, Djokovic se despidió en tercera ronda y dejó al torneo francés sin su presencia —unida a la de Sinner, eliminado en segunda ronda— toda la responsabilidad recayó sobre el alemán como gran candidato al título. Avanzó a las rondas finales como único representante del Top 10. Todos los ojos se clavaban en su raqueta como una especie de ‘ahora o nunca’.

El segundo cabeza de serie, que lleva toda esta década persiguiendo su primer ‘major’, pudo convivir con esa presión. Aplicó su experiencia en su cuarta final de Grand Slam frente a un rival que se enfrentaba por primera vez al mismo desafío. Y, apenas ocho minutos le bastaron para hacer su declaración de intenciones inicial. Con una propuesta agresiva e intimidatoria desde el primer juego del partido, expuso sus argumentos: iba a asfixiar a su rival. Desde el principio, disfrutó de cuatro oportunidades para acabar rompiendo el servicio a Cobolli. Una derecha con el marco del italiano certificó la ventaja. Lejos de conformarse, el No. 3 del mundo encadenó dos breaks más (3/6) para ampliar la distancia en el marcador (6-1) y adjudicarse el set.

No había forma de cuestionar la superioridad del alemán durante la primera hora de partido. Sobre todo, la seguridad con su servicio. A Cobolli no le quedó más remedio que esperar si su rival le concedía una pequeña oportunidad. Y cuando llegó, en el séptimo juego del segundo set, no la dejó escapar.

Zverev dominaba con autoridad 6-1, 3-3, 30/0, pero aparecieron las primeras dudas con su saque. Algunas en forma de doble falta (cometió dos en el set). En ese séptimo juego, Cobolli intentó poner en pista los potentes golpes que viajaban una y otra vez desde el otro lado. Y la fórmula dio resultado en ese séptimo juego, encontrando dos oportunidades de break. Transformó la segunda para consolidar la ventaja a continuación con su servicio (5-3), que conservó hasta el final (6-4).

Con más de dos horas en las piernas y dos sets a las espaldas, cada punto pesaba ya más que nunca. Ambos eran conscientes de que la tercera manga podía marcar la diferencia y protegieron sus saques. El italiano se sometió al primer juicio en el cuarto juego, pero el veredicto le concedió la condicional para mantener intactas sus opciones, escapando de dos oportunidades de break. Si Cobolli había sido paciente en la manga anterior, esta vez lo fue Zverev. Y en el décimo juego convirtió su cuarta rotura de servicio (4/9) para quedar a un solo set del título en París.

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Quizás, si en algún momento durante la final sobrevolaron los fantasmas del pasado, fue en el inicio del cuarto set. Zverev empezó a verse tan cerca de la corona como en el US Open 2020 o en Roland Garros 2024. Sólo una manga más lo separaba del ansiado título. Pero entre esos pensamientos, Cobolli no padeció el mazazo anterior para abrir el set con un importante break, que pudo conservar hasta el 3-1.

Zverev logró desprenderse de las cadenas que atenazaban su muñeca para enlazar dos juegos consecutivos y poner en orden el marcador (3-3). Pero en la Philippe-Chatrier se vivió un extraño dejá vù. De nuevo, muy cerca del premio, el italiano hizo un último esfuerzo y derribó la gran fortaleza de su rival: su servicio (5-3). A pesar de la tensión, el desgaste y los calambres, el alemán tuvo una respuesta de campeón. Resistió a la adversidad y se presentó en un agónico tie-break, que no pudo sentenciar. Debía trabajar otro set más.

La mancha de sal impregnada sobre su camiseta negra era el reflejo del desgaste de tantas horas de esfuerzo. Pero a la batalla física aún le restaba un último capítulo. Y Zverev dio todo lo que le quedaba dentro, a pesar de que las piernas no respondieran ya de la misma forma. Más cómodo al resto que con su saque, el alemán abrió una importante brecha con dos quiebres en el quinto (4-0).

Al borde del éxtasis físico, Zverev acabó ganando el pulso —Cobolli también necesitó la asistencia del fisioterapeuta para tratarse la sobrecargada musculatura— y poniendo fin a toda una vida profesional esperando por el ansiado premio. Y hoy, por fin, ya es campeón de Grand Slam.

(Con información de ATP)