Belén, una vida itinerante de trabajo en las ferias populares de México
EL ROSARIO._ Al nacer de una familia dedicada al trabajo en ferias populares, Belén Hernández Amador afirma que la venta itinerante ha sido el sustento de su vida en los buenos y malos momentos.
Mientras prepara un algodón de azúcar en Rosario, recuerda que desde los 8 años ha desarrollado este oficio de la mano de su padre, Eugenio Hernández.
“Pues una pasión porque de esto he vivido toda la vida, de la venta pues, vendimia y todo”, asegura.
Originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, Belén menciona que aprendió a diversificarse, ya que además del algodón de azúcar, ofrece junto a su familia elotes, churros y quequis.
La vendedora destaca que mientras ella forma parte de la segunda generación, ahora sus hijos Ricardo, Ana Belén y Karla son ya la tercera generación que desarrolla la actividad.
Sobre sus inicios en las ferias, detalla que empezó con el juego de canicas para, con el paso del tiempo, transicionar al comercio de alimentos.
Belén sostiene que se siente satisfecha del legado recibido de su padre, quien ya no se encuentra en este mundo.
“Muy bonito porque nos gusta, nos agrada seguir la raíz pues, y lo trabajamos con gusto, con motivación”.
La comerciante reconoce que lo difícil de este trabajo es que en ocasiones no se encuentran con las condiciones para dormir o cubrir sus necesidades básicas.
Agrega que todo el año trabajan, iniciando en Chihuahua con la feria de Santa Rita, para continuar con la rancherada de su estado natal y posteriormente migrar a otros estados.
Entre los lugares que ha visitado con su oficio, menciona que conoce casi toda la República, solo le ha faltado el estado de Guerrero.
“En todos lados trabajamos: Colima, Tapachula, todo aquello; aquí los carnavales, La Paz, en todos lados nos vamos a trabajar”.
Además, reconoce que la situación de inseguridad que se vive en el País afecta, viviendo incertidumbre al suscitarse ferias que se cancelaron de último momento, porque se quedan con la inversión hecha, lo que representa una pérdida.
Otro hecho que impactó gravemente su labor fue la pandemia del Covid, ya que al parar los eventos públicos se quedaron sin ningún ingreso repentinamente.
Belén lamenta sobre todo que, al ser itinerantes, no hay una autoridad que vele por su bienestar.
“Para nosotros toda la pandemia la verdad fue lo más crítico porque nos agarró desprevenidos, como quien dice”, admite.
Para salir a flote, revela que tuvieron que ofrecer por las calles sus productos, recorriendo diferentes pueblos porque no les permitían instalarse en ningún lado.
También expresa que no hay un sistema de retiro para los trabajadores de las ferias, por lo que tienen que trabajar hasta que el cuerpo se canse o ya no den las fuerzas.