|
Búsqueda

Caminar la tierra en silencio: Una jornada de prospección en El Verde

Integrantes de colectivos, especialistas de la Comisión Nacional de Búsqueda y elementos de seguridad llevaron a cabo una jornada de prospección de cinco horas en El Verde, Concordia, donde marcaron y evaluaron puntos de interés para futuras búsquedas de personas desaparecidas
27/02/2026 06:00

El día comenzó temprano en Mazatlán. En punto de las 07:00 horas, frente la Fiscalía General del Estado, el sol apenas lanzaba sus primeros rayos del sol cuando las madres buscadoras comenzaron a reunirse, algunas con mochilas, otras con gorras, pañuelos y botellas de agua para enfrentar una dura jornada.

A su alrededor, también se preparaban integrantes de la Comisión Nacional de Búsqueda, así como elementos de seguridad que los acompañarán en el recorrido rumbo a la comunidad de El Verde, Concordia, donde se llevaría a cabo una jornada de prospección.

Había pocas palabras, pero sí una sensación clara de propósito, pues la ruta que les esperaba no era sencilla; cerros, brechas, terrenos irregulares y varias horas bajo el sol, pues la prospección, como se le llama a esta etapa previa a una posible búsqueda y excavación, exige paciencia, atención y resistencia física.

Después del traslado hasta la zona de prospección, el grupo se concentró en el punto en el cual se pondrían en marcha estos trabajos, donde se preparó el equipo técnico y se realizó una breve reunión para organizar la jornada.

Los especialistas fueron los encargados de hablar, explicando cómo se dividirían los grupos para cubrir la mayor extensión posible de terreno abierto, así como también se compartieron indicaciones básicas de seguridad y se repartió agua para prevenir alguna insolación o deshidratación.

El viento corría fresco entre veredas y cerros, pero los rayos del sol comenzaron a sentirse cada vez con más fuerza, por lo que con el paso del tiempo, el calor se volvió intenso, marcando cada paso en un terreno desconocido, donde el polvo se levantaba mientras el silencio se irrumpía solamente por el sonido del viento, de los pasos sobre la tierra y hierba seca y de algunos animales que atravesaban el lugar.

La caminata comenzó con grupos que avanzaban por brechas y laderas observando el suelo con detenimiento, nada se dejaba pasar, cada hundimiento, cada montículo extraño, cada cambio en la vegetación e incluso la presencia de animales carroñeros, eran motivos de análisis.

El trabajo realizado por las madres buscadores en conjunto con especialistas de disciplinas como criminalistas, geólogos, antropólogos, arqueólogos, biólogos y abogados para reconocer el terreno es una tarea que consiste en algo que, para muchos, pasa desapercibido: el aprender a leer la tierra.


Mucha caminata, mucha observación

Para quienes participan en estas jornadas, la prospección no es simplemente recorrer un lugar y señalar puntos al azar, sino todo lo contrario, es un proceso exigente que combina resistencia física y observación constante.

Así lo explicó Marisela Carrizales, representante del colectivo Por las Voces Sin Justicia, al describir a detalle lo que implica realizar este tipo de trabajo, el cual ha tenido que aprender a lo largo de los últimos cinco años.

“Es mucho caminar, muchísimo. A veces, compañeras se sienten mal físicamente por lo mucho que se camina bajo el sol. La prospección es caminar el terreno, mirar con mucha atención la tierra, ver si hay hundimientos, tierra removida o cambios en la vegetación. Incluso, si ha habido presencia de personas al analizar sus residuos”, comentó.

“El hacer prospección es básicamente el proceso de aprender a leer la tierra”.

Mientras el grupo avanzaba entre los cerros, la frase parecía cobrar sentido, pues algunas madres caminaban en silencio con la mirada fija en el suelo; otras se detenían de pronto, señalando algún punto, y llamaban a los especialistas para su revisión.

Incluso, en varios momentos fue necesario hacer pausas para hidratarse o reorganizarse, pues el terreno no siempre es fácil y el calor comenzaba a sentirse en cada paso, pero aun así, la jornada continuaba.


Marcar, revisar y descartar

Durante este recorrido, se fueron identificando distintos lugares que llamaron la atención del equipo, donde algunos se marcaban como posibles puntos de interés y otros, tras revisarse con mayor detalle, se descartaron.

Marisela Carrizales explicó que la importancia de esta etapa y el que cada señal sea registrada cuidadosamente, radica en que esto permite realizar una búsqueda más precisa en la siguiente etapa del proceso.

“Esta labor la hacemos porque así nos ayuda a no excavar a ciegas. Nos da más seguridad y más posibilidades reales de encontrar a los nuestros, por lo que es un paso que nos acerca más a ellos y que también protege la labor que estamos haciendo”, declaró.

Mientras la jornada avanzaba, el contraste entre el silencio del monte y la carga emocional del trabajo se hacía evidente, en medio de la tranquilidad del paisaje, donde cada paso podía significar la posibilidad de encontrar algo, una posibilidad que tiene un gran peso.


La fuerza de seguir buscando

Para muchas personas desde fuera, estas jornadas pueden parecer simples recorridos por el monte, pero para las madres buscadoras representan algo mucho más profundo.

“Mucha gente piensa que es fácil, que solo es ir, salir y buscar, pero no. Esto requiere mucha observación, tal vez no tenemos una carrera en esto, pero desgraciadamente la vida nos puso en este camino y por el amor a nuestros hijos nos hemos enseñado a conocer terrenos y entender cómo cambia con el tiempo”, declaró Carrizales.

Para las madres buscadoras, esa experiencia adquirida en el campo se nota en cada paso, donde analizan el suelo, comparan zonas, recuerdan otros lugares que han buscado, plasmando un trabajo meticuloso en cada momento, pero también emocionalmente complejo.

“Se necesita mucha fuerza emocional, porque cada paso que damos puede llevarnos a encontrar a alguna persona, ya sea un familiar de nosotros o de alguna compañera. Y eso no es sencillo para ninguna madre”, señaló.

Aún así, continúan sin cansancio.


Cinco horas después

Después de cinco horas de recorridos, el grupo comenzó a reunirse nuevamente para hacer un balance de la jornada, donde bajo el sol de la tarde, los equipos compartieron los puntos de interés detectados durante el día.

Algunos lugares quedaron registrados para revisiones posteriores, mientras que otros fueron descartados tras una evaluación más técnica y detallada, pero al final, todo quedó documentado para organizar las siguientes jornadas de búsqueda.

Para quienes formaron parte de esta jornada, el resultado no se mide únicamente en los hallazgos inmediatos, sino que cada jornada, es un avance, porque en estos recorridos no solo se camina el terreno, también se sostiene la esperanza.

“Es un trabajo muy pesado, pero lo hacemos con mucho amor, buscando a mi hijo y a los hijos de nuestras compañeras, con la ilusión de encontrarlos”, puntualizó Marisela.