Comparten sus trabajos con el festejo del Día de la Madres
ESCUINAPA._ Su presencia es notoria, están literalmente todos los días en ese espacio de la zona gastronomica del mercado, charlando con la gente, en días festivos o en días comunes, sonríen mientras esperan la hora de llegar a casa a cumplir como mamás.
Son tres mujeres que crecieron entre la venta de pescado o camarón, son mamás que han tenido que salir de casa dejando al cuidado a sus hijos, pero pensando siempre en darles lo mejor.
Se han perdido festivales del Día de las Madres si son a temprana hora, pero el espacio vespertino siempre será para ellos, los hijos que las esperan en casa, los que han emprendido el vuelo o aquellos que han decidido seguir sus pasos en el comercio.
BRICEIDA MARTÍNEZ FLORES
Briceida tenía 11 años de edad cuando ya iba al mercado acompañando a su abuelita Olimpia Gómez a ofrecer el camarón a quienes buscaban ese producto distintivo del municipio.
Aprendió el negocio de la mano de su abuelita, no pensó que se dedicaría a ello, pero cuando su segundo hijo nació y habiendo dejado trunca la Universidad donde pensaba graduarse como Trabajadora Social, regresó al lugar donde aprendió a trabajar.
“Con mi abuelita me críe, andaba desde chica aquí, vendía una cosa u otra, aprendí a pelar camarón, me gustó y aquí volví cuando tenía mi segundo hijo, me dedique de lleno”, expresa.
Este lugar le hace feliz, pues además se convirtió en el sustento para criar a sus tres hijos, siendo apoyada en la crianza por su mamá Martha Flores.
Para ella los festivales del Día de las Madres no están al alcance si son en la mañana, pero si son por la tarde siempre irá, después de su jornada de trabajo.
“Mis hijos han aprendido que lo que esté a mi alcance se los doy y aquí soy mi propio jefe, pero debo trabajar, más los 10 de Mayo que son cuando puede haber venta, en la tarde ya estoy con ellos” explica.
En el año, aunque puede tomar sus descansos el día que desee, sus hijos y ella disfrutan de 4 a 5 días en mayo, durante las fiestas del Mar de las Cabras, son días para ellos, para disfrutarse al 100 por ciento.
ALICIA RAMOS GÓMEZ
Doña Alicia como es conocida, empezó vendiendo camarón desde que era niña, acompañando a un tío, saliendo a Mazatlán, buscando el sustento familiar.
Tenía 12 años de edad y el comercio le empezó a gustar, pero hace 15 años decidió establecerse en el mercado donde encontró la posibilidad de apoyar a su esposo a criar a sus cinco hijos con un trabajo que le parece noble y valioso como la venta de este producto.
“Esto es algo que me gusta mucho, en mi familia todos eran pescadores, tuve cinco hijos, unos se dedican a la pesca, otros no, ellos aprendieron que tenían una mamá que trabajaba y que el tiempo para estar juntos en el Día de las Madres es en la tarde”, dice mientras ofrece su producto.
Su mamá sabe que solo la puede visitar por las tardes, sus hijos que las celebraciones son después de las 15:00 horas, cuando su jornada de trabajo terminó en el mercado.
“Este es un trabajo que no te aburres ni nada, la pasas a gusto y todos hemos tenido que imponernos, hasta mi mamá que todo se hace en las tardes, cuando estoy con ellos”, expresa.
DOLORES MALDONADO PINEDA ‘LOLA LA TAPO’
Heredera de un apodo conocido en el ámbito del pescado y los mariscos, doña ‘Lola la Tapo’ disfrutar relatar la historia y los claroscuros que significa el Día de las Madres para ella.
Tenía 8 años cuando empezó a ver cómo su papá se dedicaba a la venta de pescado dentro del mercado Miguel Hidalgo, todos apoyaban en esa labor y disfrutaban de salir con él a vender en las ferias de Rosario, De las Cabras, de Mazatlán y hasta en Novillero.
Se convirtió en su trabajo al ir creciendo y después de tener su primer hijo, tuvo un descanso de un año, hasta que su papá la volvió a impulsar a regresar a la labor, ahora tenía un motivo más y no quería quedarse estancada, quería que junto con su esposo sacar adelante a sus cinco hijos.
Para ella era perfecto todo, el negocio avanzaba, con su esposo ayudaban a una hermana que llevaba pescado y camarón a Mazatlán, hasta que un momento trágico la hizo parar y se convirtió en un duelo, que le sigue quebrando la voz al hablar de ello.
“En Mazatlán estuve 17 años trabajando, tuve un percance y perdí a mi hija de 5 años en un accidente de ir y venir a trabajar, ya no quise ir, llegué y me quedé establecida aquí en el mercado y ya tengo 30 años aquí, mi hija tuviera 34 años”, expresa mientras se quiebra su voz.
Ser mamá es lo más grandioso, aunque a ella siempre le faltará su hija, el negocio le ha dado para sacar adelante a cuatro hijos más, uno de ellos se fue a la Ciudad de México, otra instaló su negocio de comida y dos más que le apoyan en el comercio.
“Aquí lo paso, me siento feliz en mi negocio, es mi vida, tengo convivio con mis hijos, estaremos en familia el 10, aunque este año será el primero sin mi mamá”, expresa con tristeza.
Pese a todo, se tiene que vivir, disfrutar lo que se tiene, amar a los hijos, con ellos se olvida todo el sufrimiento que pudo tener, se recobran nuevos bríos y siempre se quiere volver a empezar, primero por los hijos, después por los nietos.
Su trabajo es honesto, le ha permitido conocer gente de todos lados y aunque en la pandemia la vida le cambio al tenerla tres meses fuera de este lugar, regreso y esta más agradecida, lista para seguir disfrutando de ser mamá.