De una emergencia familiar a salvar vidas: Griselda suma 13 años en Cruz Roja Escuinapa
ESCUINAPA._ Una emergencia familiar llevó a Griselda Santos Rodríguez a ser voluntaria en Cruz Roja y que la institución se convirtiera en parte de su vida. Hoy es radioperadora en la delegación de Escuinapa.
Tenía entre 16 años cuando un enjambre de abejas atacó a sus abuelos y otras personas en una playa del municipio. Al lugar llegó Cruz Roja, pero eran tantos los afectados que en ese momento se dio cuenta de la necesidad de que hubiera voluntarios para apoyar en las emergencias.
“Mis abuelitos estaban mal, muy intoxicados. Llegó Cruz Roja, eran un paramédico, el chófer... yo dije ‘un día voy a ser como ellos, voy a salvar vidas’; tenía 16 años”, expresa.
Fue entonces que Griselda ingresó a la institución para ser voluntaria. Se siguió preparando y a los 18 años se capacitó como técnico en urgencias médicas. Aunque pensó en estudiar Medicina, no se pudo y se decidió por la enfermería.
De ello han pasado 13 años, señaló, y en un momento se quedó a cargo de la coordinación de paramédicos cuando murió Juan José Brevedad, “El Pichi”, quien tenía 30 años de servicio en Cruz Roja.
Después algunos compañeros se fueron, como parte del ciclo de la institución, pero ella se mantuvo ahí.
Griselda recuerda el temor de la primera vez de acudir a una urgencia, ya con la responsabilidad como paramédico.
Era presidente de Cruz Roja el médico Jesús Castro López, quien tomó la ambulancia y le dijo que tenían que ir a salvar vidas, pues había personas prensadas, y así lo hicieron. En ese momento supo lo que significaba para las personas su labor.
En ese andar son muchas historias las que va acumulando, como el lado del Huracán Willa, donde la emergencia los tuvo de pie junto a otras corporaciones por más de 24 horas. Fue salir en cuanto se calmó el viento y entre la oscuridad atender la emergencia, con su familia en casa pero ella atenta a lo que las personas necesitaban.
Esa noche tuvieron que trasladar a varias personas del Hospital IMSS Bienestar a Villa Unión en Mazatlán, pues el techo colapsó. Después, por la mañana, acudir por unos niños y su mamá intoxicados por monóxido de carbono.
“Tuvimos que ir por ellos a Isla del Bosque, con accesos carreteros cerrados, con una coordinación entre todas las corporaciones y el Presidente de entonces, Hugo Enrique Moreno, que no nos dejó solos. El tiempo era vital, en lo que trasladábamos ya estaba también el helicóptero esperandonos”, expresa Gris, como es llamada.
También tuvo su historia al accidentarse la ambulancia en que iba a Mazatlán. Aunque tuvo lesiones que la mantuvieron fuera de de la institución, regresó en cuanto se recuperó, pues sabe que siempre hay alguien que los necesite.