Lleva José Ángel panadería artesanal a El Rosario y La Estación
ROSARIO._ Tras concluir la primaria, José Ángel Santín García buscó formarse en el oficio de la panadería, llevándolo a desarrollar la actividad por 33 años de manera tradicional en horno de barro y fuego de leña, tal como le enseñaran grandes panaderos, pasando de la cabecera a su pueblo natal La Estación.
Expuso que con alrededor de 13 años, llegó a la panadería “Miranda”, pidiendo una oportunidad que se convirtieron en 20 años, de que la panadería ubicada en calle Pérez Arce, se convirtió en su escuela, donde tuvo a grandes maestros panaderos, entre los que mencionó a “El Polongo”, Marcos, Alfredo “Tilachón”, quienes ya pasaron a mejor vida.
“Pues ya se murieron todos, ya se murieron todos, nada más a mi me quedó el sazón de ellos... Ellos me dieron este don de hacer pan”, sostuvo.
Su primer labor fue untar con leche, por medio de una brocha de tela, los panes conocidos como platillos, además de hacer el aseo, raspar las carteras para hornear sucia, o bajar los cartones de pan en la tienda.
“Y ya poco a poco, ya después me fue metiendo en elaborar así, me ponía a hacer una masita, ‘échale esto, y échale esto’, me ponía a hacerlo”.
Tras este periodo, continuó con el oficio por 5 a 6 años en la casa de sus padres, y tras un tiempo de trabajar de chofer en Los Cabos, San Lucas, volvió a La Estación para retomar el oficio desde hace 9 años.
Los días de trabajo reconoce son pesados, que lo han llevado incluso a pensar dejar esta labor, pues tiene que madrugar para empezar a elaborar masas, preparar el horno lo que implica llenarlo de leña, encenderlo y una vez que tiene la temperatura adecuada, sacar las brasas e inicia a introducir los panes.
Al realizar la masa, preparación de los panes, su horneado y además salir a ofrecerlo en su moto, José Ángel determinó dedicar dos días al pan y dos más a la venta exclusiva de donas azucaradas.
Ya que tan solo el horno de barro tiene que dejarse encendido por alrededor de 3 horas y media, por lo que asegura que dura más amasando que lo que permanece el pan dentro del horno por las altas temperaturas que alcanza.
“Elaborar pan no es trabajo fácil, tan solo con la calentada, a como lo hago yo, con lumbre de leña, no está fácil la calentada”, enfatizó.
Precisó que al llevarle todo el día la producción la venta la realiza al día siguiente abordo de su moto que acondicionó con una java para recorrer la cabecera, Los Ojitos, Nieblas, Laguna de Beltranes, La Pedregosa y recientemente a Los Copales y Nuevo Tonalá.
Por día, indicó que realiza alrededor de 700 piezas de pan y 230 piezas de donas, ya que tiene que generar el ingreso familiar, y dos personas más que ayudan a vender a fuera de su casa, ya que la entrada se encuentra a la orilla de la carretera estatal a Agua Verde, donde le ayuda con la venta sus hijas.
“No es mucho lo que sale pero cuando menos sale para pagar y comer”, afirmó el comerciante.
Con relación a la variedad de pan que elabora, enlistó que inicia horneando el platillo, seguidos de pastelitos, conchitas blancas, conchitas de chocolates, conchitas amarillas, picones, panaderos, galletitas, polvorón amarillo, polvorón blanco, cemitas de piloncillo, tortalisas, empanadas de piñas, entre otros.
Sobre el precio, manifestó que la pieza tiene un costo de 8 pesos, pero recordó que en sus inicios era de 1.50 pesos, cambio que atribuyó al encarecerse los insumos.
Finalizó agradecido con las enseñanzas que recibió de los con que consideró su maestro al dotarle de un oficio que le ha permitido salir adelante de manera digna y honradamente.