Lupita y sus compañeritos de su comunidad no tendrán festejo del Día del Niño; la violencia los alejó de sus hogares
ESCUINAPA._ Lupita tiene 5 años y hace cuatro meses que conoció el sonido de las balas y bombas, también lo que es el desplazamiento forzado interno.
Ella junto a otros niños de su comunidad, tuvieron que salir corriendo de casa, con su familia, mientras el sonido de las balas se escuchaban a su espalda.
Y después de estar lejos de casa, igual que otros 30 niños que iban al kínder y a la primaria comunitaria, este año no tendrán festejo de Día del Niño.
“Ya no pude ir (al kínder), porque escuchaba balazos... me sentí mal corrí, le quiero decir (a quienes delinquen) que ya se vayan y nos dejen vivir felices”, expresa.
Lupita extraña su casa, recuerda como sus papás cantaban en casa, es algo que ya no está, pero tiene algo que la consuela y es tener junto a ella a su “prima” Luna con la que platicaba en casa, la que la alumbraba y la seguía cuando corría sobre los caminos de tierra de su comunidad.
“Mi prima Luna, ella no me dejó, corrió conmigo porque ella es mi mejor amiga. Mi prima Luna no se quedó allá, siempre aparece, no se quiere separar de mí, corre conmigo, corro para que me persiga” expresa sobre la Luna, el satélite natural de la tierra.
Zena también habla de lo que extraña desde que no está en casa, tiene 9 años, no había vivido el desplazamiento forzado nunca, ni sabía de que se trataba, hasta que se vio en otra casa, sin el patio enorme y sin los cerros o el arroyo para correr libremente.
No puede ir a la escuela, ahora los maestros les dejan guía de estudios, los demás niños están dispersos entre la cabecera municipal e Isla del Bosque.
Este será el primer Día del Niño sin globos, ni pastel, sin fiesta, pues tanto Zena como Lupita son niñas, que el daño colateral de la guerra entre dos facciones delincuenciales las alcanzo.