Aborda Inmaculada Abarca-Martínez el arte y la naturaleza en su libro
Con una sala llena y una activa participación del público, Inmaculada Abarca-Martínez, presentó su libro “Un vínculo necesario: humanos y vegetales en el arte contemporáneo”, en el Centro de Literatura.
En un encuentro que propició la reflexión en torno a la relación entre arte, naturaleza y pensamiento contemporáneo, el evento contó con los comentarios de Ernestina Yépiz, directora de Literatura del Isic y Guadalupe Aguilar, artista visual, además de la participación de la propia autora, escultora, artista, docente e investigadora, quien compartió el proceso conceptual detrás de la obra.
Durante su intervención, Yépiz subrayó que el libro “nos invita a hacernos preguntas sin importar tanto las respuestas”, destacando su vocación reflexiva.
Por su parte, Abarca-Martínez explicó que el libro surge directamente de su práctica escultórica y de la experiencia cotidiana.
“Mientras escribía el libro hablaba de plantas, pero también hablaba de mí”, expresó. Añadió que la publicación plantea cuestionamientos sobre qué entendemos por naturaleza y señaló que todos hemos vivido —o deberíamos vivir— la experiencia de ver nacer una semilla.
A lo largo de la presentación, se abordaron conceptos como la semántica y la polisemia en torno a lo natural, así como la impermanencia de trabajar con materiales vegetales, tema sobre el cual Aguilar profundizó, vinculándolo también con posturas como el ecofeminismo y la crítica a prácticas superficiales de lo “ecológico”.
Mientras se proyectaban obras de artistas como Joseph Beuys, Marc Quinn, Ana Mendieta, Gerda Steiner, Yolanda Gutiérrez, Paola de Anda, Pedro Reyes, Chema Madoz, Cornelia Parker, Olafur Eliasson y Alberto Baraya, entre otros, se ilustraron distintas aproximaciones desde el arte contemporáneo a la representación de la naturaleza.
En ese contexto, la autora enfatizó la dimensión ética del tema al señalar que “las plantas son los seres vivos más generosos del planeta”, al tiempo que reflexionó sobre su capacidad de generar sistemas de vida como las flores, entendidas también como mecanismos de seducción y reproducción. Asimismo, apuntó la necesidad de “decolonizar la naturaleza, dejar de verla como objeto de expolio”.
Compartió también experiencias personales, como su estancia en Murcia, donde —dijo— el pensamiento apocalíptico puede llevar a actuar de manera inconsciente frente al entorno. En contraste, su propuesta busca “hacer visible lo invisible”, reconociendo cómo los materiales —madera, piedra— comunican sensaciones y significados por sí mismos.
“El arte es como la medicina que nos hace pensar que seremos mejores”, afirmó, sintetizando el espíritu de una obra que, en su primera parte, aborda la construcción conceptual de la naturaleza.
Entre las asistentes destacó la participación de Minerva Solano, quien ofreció un análisis del libro y sugirió que podría leerse como una respuesta a propuestas como las de Stefano Mancuso en Los derechos de las plantas.