Celebrará el padre Horacio Hernández 50 años de sacerdocio con música y gratitud
Con un concierto de la Camerata Mazatlán, el padre Horacio Hernández de la Torre celebrará medio siglo de ordenación sacerdotal.
Son cinco décadas que, asegura, han estado marcadas por el servicio, la alegría, la reflexión y también por los momentos de sacrificio propios de un ministerio que para él representa uno de los mayores regalos de Dios.
El festejo tendrá como lema “50 años de amor y servicio a Dios” y comenzará el 28 de septiembre, a las 18:00 horas, con un concierto de la Camerata Mazatlán en la Iglesia del Señor de la Misericordia, ubicada en la esquina de las avenidas Atlántico y Delfín.
La presentación será abierta al público y gratuita, por lo que el sacerdote invitó a la comunidad mazatleca a acompañarlo en este momento especial.
“Estoy contento porque no esperaba que Cultura Mazatlán ofreciera este concierto”, compartió el sacerdote, quien consideró el gesto como una muestra de afecto que no solamente agradece a la institución, sino a todo Mazatlán.
Para Hernández de la Torre, celebrar 50 años de sacerdocio no significa únicamente recordar una fecha, sino detenerse para mirar el camino recorrido y agradecer.
“Siento nervios, falta poquito, y sí, 50 años de ordenación, es un momento muy bonito, es retomar la historia, el recuerdo, para decirle a Dios gracias”, expresó Hernández de la Torre.
La conmemoración también será una oportunidad para hacer un ejercicio de reflexión personal, pedir perdón por aquello que pudo quedar pendiente y volver a ponerse en manos de Dios para continuar sirviendo mientras Él lo permita.
“Es un momento también para agradecer a la familia, agradecer a la comunidad, agradecer a tanta gente que a veces está cerca de uno”, manifestó.
El 29 de septiembre, fecha en la que cumplirá los 50 años de su ordenación, se realizará una misa de acción de gracias a las 12:00 horas en el Templo de San Judas Tadeo, seguida de una recepción para invitados especiales en el Centro de Convenciones.
Hernández de la Torre fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1976 junto con otros cinco compañeros: los padres Agapito Zamora, Amador Campos, Claudio Mejorado, Rafael Chávez y Moisés Medina.
De ellos, algunos continúan celebrando con él este aniversario, mientras que otros ya fallecieron.
A lo largo de cinco décadas, el sacerdote ha desarrollado buena parte de su ministerio en la formación de nuevas generaciones de sacerdotes.
El Seminario de Mazatlán, recordó, ha sido una parte fundamental de su vida, ahí llegó siendo prácticamente un niño, ahí estudió, fue prefecto de disciplina, y apenas dos meses después de su ordenación fue nombrado vicerrector.
Durante seis años desempeñó esa responsabilidad y posteriormente regresó como rector, acompañando en su formación a numerosos sacerdotes de la Diócesis de Mazatlán.
También ha participado en la construcción y consolidación de comunidades y templos, entre ellos el Divino Redentor, San Judas Tadeo y el Señor de la Misericordia; además de trabajar en comunidades rurales como El Walamo, El Recreo, Venadillo, El Potrero de Carrasco, Santa Teresa y San Antonio.
“Ser sacerdote es muy bonito y lleva todas las dimensiones que tiene Cristo, momentos de alegría, momentos de paz, pero también momentos de tribulación y de sacrificio”, reflexionó.
Para él, el sacerdocio implica acompañar a las personas en distintos momentos de su vida, desde los más alegres hasta aquellos marcados por la enfermedad, la preocupación o la incertidumbre.
Son esas experiencias, dijo, las que le han confirmado que “vale la pena ser sacerdote” y continuar sirviendo.
Más que hacer planes para los próximos años, Hernández de la Torre prefiere dejar el futuro en manos de Dios.
“Yo hago lo que Dios me pone cada día que vaya haciendo”, expresó.
Mazatlán, ciudad que considera su hogar, será así el escenario donde celebrará cinco décadas de una historia que comenzó en el seminario y que, con el paso de los años, se convirtió en una vida dedicada al servicio.
“Cuando me dicen de dónde soy, en general les digo: de Mazatlán. Tengo mi ombligo en los Altos de Jalisco y mi corazón en Mazatlán”, dijo.
El concierto del 28 de septiembre será, para el sacerdote, una manera distinta de dar gracias a través de la música, acompañado por la comunidad a la que ha servido durante gran parte de su vida.