Con ‘Multiverso Alebrije’ se deslumbre un viaje sensorial en el Festival José Limón
En un escenario de líneas limpias y estética futurista, la danza contemporánea encontró un punto de encuentro entre lo virtual y lo humano con “Multiverso Alebrije: Criaturas fantásticas de ensueño”.
La obra dirigida y coreografiada por Víctor Manuel Ruiz, fue presentada como parte de la edición 39 del Festival Internacional de Danza José Limón, en el Teatro Ángela Peralta.
La propuesta escénica narra la historia de Jade, una adolescente que se refugia en un universo digital utópico para evadir su realidad.
A través de un lenguaje corporal preciso, los intérpretes construyen un relato donde el movimiento responde de manera orgánica a los estímulos sonoros: cada gesto, cada desplazamiento, está marcado por la música incesante que envuelve la escena.
Desde el inicio, la obra se presenta como un espectáculo familiar que invita a reflexionar.
La voz narrativa sitúa al espectador en un espacio íntimo de una niña que ha olvidado sonreír, atrapada entre pantallas y ruidos que anestesian las emociones. Sin embargo, ese silencio ruidoso se rompe cuando el mundo onírico abre sus puertas y la protagonista emprende un viaje de regreso a sí misma.
En escena, el montaje destaca por su carácter minimalista y a la vez futurista.
Las luces juegan un papel determinante ya que delinean atmósferas, aprisionan y liberan al cuerpo, mientras los bailarines transitan entre estados de tensión y fluidez.
La protagonista parece quedar atrapada entre haces luminosos, en una lucha constante por escapar de ese entorno artificial.
Los intérpretes, Luisa Escobosa, Katia Rivera, Johnny Millán, Naima Toledo, Iván Silva, Diego Alcalá, Diego Vega, Sara Henao y Aranza Rosales, logran una sincronía que evidencia el rigor técnico de la propuesta.
Sus cuerpos dialogan con el sonido, alternando entre movimientos mecánicos, casi robóticos, y secuencias orgánicas que evocan la naturaleza.
Uno de los momentos más significativos ocurre cuando Jade entra en contacto con los alebrijes: criaturas fantásticas que emergen como extensión de su imaginación.
La danza se transforma entonces en un juego de imitación y descubrimiento; la protagonista monta simbólicamente a estas figuras y replica sus movimientos, en un acto que sugiere reconexión con lo esencial.
El diseño de vestuario, a cargo de Johnny Millán, y las máscaras creadas por Cecilia García y Luis Ángel Leyva, aportan identidad visual a estas entidades, mientras el diseño multimedia de Renato González refuerza la atmósfera inmersiva.
La escenografía de Fernando Feres y la iluminación, también bajo la dirección de Ruiz, consolidan un entorno donde lo digital y lo orgánico convergen.
Hacia el desenlace, la obra abandona el vértigo tecnológico para dar paso a sonidos de la naturaleza.
Mariposas multicolores y algunos felinos, sugeridas a través de la iluminación, envuelven el escenario, marcando el tránsito hacia una revelación, en donde la verdadera magia no reside en los mundos virtuales, sino en la riqueza interior de cada individuo.
El mensaje final resuena con claridad: la diversidad que habita en los universos imaginarios también existe en el ser humano.
La obra plantea que la imaginación, el juego y la conexión con la naturaleza son suficientes para construir sentido, sin necesidad de pantallas ni artificios.
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La historia de Jade cobra vida a través de una narrativa dancística que transita entre lo virtual y lo emocional. ( ) -
Los alebrijes aparecen como figuras simbólicas que guían a la protagonista hacia el reencuentro con su imaginación. ( ) -
Los intérpretes construyen un lenguaje corporal preciso, donde cada movimiento responde a la música. ( ) -
La sincronía del elenco evidencia el rigor técnico y la exploración del movimiento en la danza contemporánea. ( ) -
La propuesta plantea una reflexión sobre la desconexión emocional en la era digital a través del cuerpo en movimiento. ( )