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Teatro

‘De cenizas y trenzas’: un ritual escénico que entrelaza memoria, duelo y resistencia

En el Teatro Universitario de la UAS, la actriz, dramaturga y directora mazatleca Valeria Humbert estrena esta puesta en escena que convierte la memoria familiar, las ausencias y la identidad del norte de México en un acto de invocación cargado de símbolos, música y cercanía con el público
15/06/2026 22:19

Entre corridos revolucionarios, maíz, recuerdos familiares y largas trenzas, Valeria Humbert presentó el estreno de “De Cenizas y trenzas”, una propuesta escénica que explora el duelo, la herencia femenina y la permanencia del amor más allá de la ausencia.

La puesta en escena, realizada en el Teatro de la UAS, reunió elementos del teatro documental, un performance y el ritual para construir una experiencia íntima que dialoga con la memoria personal y colectiva.

Desde los primeros minutos, la obra estableció su tono evocador. La canción La Malandrina abrió el recorrido escénico, mientras Humbert fue hilando imágenes relacionadas con la tierra, la libertad, la justicia y la búsqueda.

El maíz, presente a través de mazorcas, se convirtió en uno de los símbolos centrales, asociado a las raíces, el territorio y la supervivencia.

A lo largo del montaje, la creadora compartió fragmentos de una historia atravesada por la ausencia de José, una presencia constante dentro de la dramaturgia.

La búsqueda, el recuerdo y la necesidad de nombrar lo que duele aparecieron como ejes de una obra que nació, según la propia autora, de “una acumulación de preguntas, sueños, recuerdos y pérdidas”.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la interpretación de Un rinconcito en el cielo, de Ramón Ayala. Mientras sonaba la canción, Humbert simuló cargar a un bebé entre sus brazos, una imagen que reforzó los temas de la maternidad interrumpida y la añoranza que recorren la pieza.

La relación con el público fue otro de los rasgos distintivos de la función de esa tarde.

Así como las Adelitas, figura histórica que inspiró parte de la investigación de la artista, Humbert apareció con un canastón para recordar que una buena Adela debía alimentar a los demás.

Entre bromas y relatos sobre la vida cotidiana, repartió burritos entre los asistentes y los invitó a comer mientras reflexionaba sobre el hambre, la precariedad y la capacidad de compartir incluso en tiempos difíciles.

“¿Traen hambre, verdad? Aprovechen”, expresó durante la interacción, generando uno de los momentos más cercanos con los presentes.

La obra también incorporó material audiovisual, ya que en una proyección que se realizó al fondo del escenario, se observó a la artista recorriendo distintos paisajes mazatlecos mientras trenzaba su cabello, imágenes vinculadas con Proyecto Adela, una acción performática que consiste en trenzarse en distintos territorios como una forma de conectar cuerpo, memoria y territorio.

Las trenzas funcionan aquí como una poderosa metáfora de la herencia y los vínculos.

Las cenizas, por su parte, remiten a la pérdida, la violencia y aquello que permanece después de la destrucción.

Entre ambos símbolos se construye una narrativa profundamente personal que encuentra resonancia en experiencias colectivas.

La música volvió a cobrar fuerza con La Rielera, corrido revolucionario interpretado por Humbert, quien recupera en escena ecos de las mujeres que acompañaron los procesos históricos del país y de aquellas que continúan sosteniendo la vida en contextos adversos.

Al concluir la función, la actriz agradeció la asistencia del público y expresó su respaldo a las causas ambientales impulsadas por el colectivo Aquí No, en referencia a la oposición ciudadana a la planta de amoniaco en Ohuira.

Con acompañamiento creativo y musical de Kaleb Oseguera y asesoría coreográfica de Wesly Miroslava Marronquín, De Cenizas y trenzas se consolidó como una propuesta donde la memoria se vuelve acto escénico y donde el teatro funciona como un espacio para sentarse junto a los ausentes, escucharlos y agradecer su compañía.