El estado agoniza en un limbo donde la ingobernabilidad aumenta, la ley es ciega, la narco política domina y las vidas ciudadanas peligran.
Lo que mal empieza, mal acaba
¿Está colapsando el sistema político mexicano? Para que tú mismo te respondas empecemos definiendo qué es una república, cuya raíz es res publica, la cosa pública o el bien común.
En su forma de gobierno el poder emana y pertenece al pueblo y no a un monarca, sus representantes se eligen votando, no por dedazo, la constitución regula las obligaciones y límites del gobierno, separa los 3 poderes para evitar la tiranía y la igualdad ante la ley, organizado con una federación de estados soberanos unidos por un pacto. Así en el papel.
¿La realidad?
Uno de los grandes peligros es reducir el todo a sus partes. Pero es cierto que en muchas regiones donde no hay policías hay sicarios, donde no hay justicia hay extorsión, donde no hay estado hay cartel, donde no hay ciudadanía hay vacíos de poder que son llenados por delincuentes y los candidatos son elegidos por un puñado por su lealtad, no por su capacidad.
Ahora vayamos a los cortes de luz en casi toda la república que se están multiplicando por la falta de inversión debido al control político del gobierno; al insuficiente sistema de salud, a la situación del campo y pesca, al estancamiento de la economía ya crónico, a la dependencia de las remesas, a la presión de EEUU para juzgar y extraditar a los narco políticos porque aquí no se castigan, a las desapariciones, a la cantidad de asesinatos y secuestros diarios, etc. ¿Hace su chamba el gobierno?
¿De dónde viene todo esto?
Es ancestral. El pueblo estaba acostumbrado al Tlatoani, lo sustituyó el virrey, luego el emperador por meses y después el presidente. Estas transiciones de poder nos costaron la Independencia, numerosas guerras internas, la Revolución, perder gran parte del territorio e invasiones extranjeras, y por fin la Constitución de 1917 nos prometió una república... que nunca se ha dado, ni la paz del todo.
Vinieron la Guerra Cristera 1926-1929, la Guerra Sucia 1960-1980, el EZLN en 1994 y desde el 2006 las guerras narcas con visos de no acabar.
No terminamos de aprender a gobernarnos y a mantener la paz. La lucha por el poder ha provocado ríos de sangre. Con muchos gobernantes sucede lo que le pasó al Sr. Malpica según Cantinflas “se casó por poder y se divorció por no poder”.
El Presidencialismo
La omnímoda figura del presidente ha sido la pieza clave para entender lo bueno y lo trágico del sistema político y económico mexicano, están muy ligados, pero sobre todo su gran debilidad: depender mucho de un solo hombre.
A partir de 1917 el ilustre jurista Diego Valadez dijo que se surgieron dos estructuras de poder: la jurídica constitucional y la presidencial que domina; Daniel Cosío Villegas expresó “el sistema político es una monarquía sexenal que se transmite por Dedazo”. En nuestras palabras, el poder está más en la silla que en la ley.
La simulación
Desde entonces simulamos ser una república, la democracia. La simulación se institucionalizó deslegitimando la autoridad de quien gobierna. No convencen, se les obedece porque se les teme o porque se les saca algo. “La crisis mexicana no es de gobernabilidad, es de legitimidad” dijo entonces Mauricio Merino, ahora es tristemente de ambas.
La Revolución prometió la separación de poderes, acabar con el presidencialismo, pero lo disfrazó de partido a partir de Calles con su PNR, después el PRI. Las crisis desde 1968 y las devaluaciones siguientes decepcionaron el Desarrollo Estabilizador tan exitoso.
Desde el 2000 con el PAN nos acercamos a la democracia estableciendo instituciones que controlaran los votos, el gasto público, la autonomía, al salir Fox y Calderón el mismo sistema permaneció oxidándose, esas instituciones ya no están y miran a favor del régimen.
Alguien dijo los sistemas no mueren de balazos, mueren de cinismo, mueren cuando la simulación cuesta más que la verdad y México ya no soporta el costo de mentirse.
La corrupción
Carlos Fuentes la sintetizó magistralmente “la Revolución se volvió gobierno y el gobierno se volvió negocio”. La corrupción es el gran botín apetecido. “La Casa Blanca” de Peña palidece ante el gigantesco Segalmex y más ante el Huachicol Fiscal y el del agua.
La razón misma del sistema
Hay que entender algo que no ha terminado de asimilarse. El sistema funciona para lo que fue diseñado originalmente: concentrar el poder y concentrar riqueza sin rendir cuentas.
Quien no entiende esto no entiende nada. Por eso se mantiene, por lo mismo está podrido y sucumbe, por ahí se cuela el porvenir. Están matando la gallina de los huevos de oro por tanto estrujarla.
La economía
La calificación soberana de las finanzas mexicanas peligra. La deuda pública dicta el presupuesto, es la mitad del PIB, su costo del 15% limita los servicios básicos urgentes. La deuda publica compra tiempo pero vende el futuro y la soberanía. Es una bomba de relojería, la solvencia nacional peligra de seguir así, dice Enrique Krause “México vive de pedir prestado contra su propio porvenir”.
El manual de la 4T lo resumimos así: Todo el poder al estado, todo el estado al partido, todo el partido al Tlatoani.
Lo que sigue
No es rescatar al muerto, es decidir si continuamos con el Tlatoani o construimos una república real. Elegir candidatos no contaminados no basta. Requiere que participemos TODOS los que amamos México.