El pensamiento también danza: Zulaí Macías Osorno
Durante su estancia en Mazatlán, la investigadora y docente Zulai Macías Osorno sostuvo un encuentro académico con estudiantes de la Escuela Profesional de Danza de Mazatlán, un espacio de reflexión en torno a una idea central en su trabajo: la danza como una forma de producir pensamiento desde el cuerpo.
Para Macías Osorno, cuando una bailarina se mueve no sólo ejecuta técnica o movimiento, también está generando pensamiento. Esa es una de las premisas que buscó transmitir a las estudiantes durante su curso.
“Lo que he estado intentando es transmitir esta afirmación: que cuando ellas están bailando hay una producción de pensamiento”, explicó.
La investigadora señaló que históricamente a las bailarinas se les ha encasillado únicamente en la dimensión corporal de la inteligencia, dejando de lado su capacidad de reflexión crítica dentro del campo artístico.
“A nosotras como bailarinas se nos ha quitado la voz porque se ha dicho que nuestra inteligencia es corporal. Sí, corporalmente lo hacemos muy bien, pero cuando se trata de compartir opiniones o hacer crítica parece que ahí nos quedamos cortas”, comentó.
Desde su perspectiva, reconocer que el pensamiento también se genera en el movimiento permite abrir la puerta a nuevas formas de comunicarlo y compartirlo.
“Cuando estamos danzando estamos gestando pensamiento. Ese es el primer indicio para buscar maneras de que ese pensamiento pueda volverse inteligible y compartible para los demás”, explicó.
Sin embargo, Macías Osorno aclara que ese conocimiento no necesariamente se expresa bajo las formas tradicionales de la academia.
“No estoy diciendo que al movernos creamos el mismo conocimiento que en las ciencias sociales o las humanidades. Lo que digo es que hay un conocimiento que se crea en la danza y que ese pensamiento puede traducirse a otros lenguajes”.
Para explorar esa relación entre cuerpo, movimiento y pensamiento, durante su estancia en la EPDM trabajó con ejercicios que buscan traducir en palabras lo que sucede cuando el cuerpo danza, rompiendo con las estructuras tradicionales de escritura académica.
“Estoy intentando deconstruir esas escrituras académicas para nombrar lo que pasa en la danza, para nombrar el movimiento”, explicó.
Una mirada a las nuevas generaciones de danza contemporánea
Al reflexionar sobre su experiencia trabajando con jóvenes bailarinas de la EPDM, Macías Osorno subrayó que no es posible generalizar la manera en que las nuevas generaciones están pensando la danza contemporánea, pues cada grupo se forma dentro de contextos distintos.
“Es muy difícil homogenizar lo que está pasando con los cuerpos, las subjetividades y las relaciones dentro del campo de la danza contemporánea. Depende mucho del contexto en el que están siendo formados”, señaló.
Aun así, la investigadora destacó algunos rasgos que llamaron particularmente su atención en el caso de Mazatlán.
“A mí me llamó mucho la atención el grupo de estudiantes aquí en Mazatlán. Son estudiantes muy formados corporalmente y se percibe que hay un trabajo importante en la técnica y en la práctica dancística”.
Sin embargo, lo que más le sorprendió fue que la formación no se limita únicamente a la técnica, sino que busca abrirse a otros campos de conocimiento y exploración artística.
“No quedarse encerrados solamente en lo que el campo artístico y los saberes de la danza nos dan, sino abrir y explorar otros panoramas que nutren nuestras formas de movernos, de pensar el cuerpo”, explicó.
Macías Osorno también destacó que las nuevas generaciones están desarrollando una sensibilidad particular frente al contexto social en el que viven.
“Creo que estas generaciones comparten algo: que su movimiento y sus formas de relacionarse con el espacio están atravesadas por la violencia que vivimos día a día”.
Aunque esa violencia no siempre se manifiesta directamente en sus cuerpos, sí influye en su manera de comprender el mundo y, por lo tanto, en su forma de hacer danza.
“Esa contemporaneidad puede ser muy violenta, pero también percibo en estos grupos que, en medio de esas violencias, empiezan a mirar fisuras, fracturas, tensiones que les animan a seguir en la vida”, reflexionó.
Para la investigadora, esa pulsión vital también se expresa en la danza.
“La danza es eso: sigo moviéndome, sigo intentando movimientos, sigo pensando formas de crear y de relacionarme con el tiempo y el espacio, porque hay una pulsión de vida”.La importancia de buscar un lenguaje propio
Otro de los aspectos que Macías Osorno destacó de la EPDM es la formación que promueve la búsqueda de un lenguaje personal en cada estudiante, en lugar de imponer una única manera de hacer danza.
“No hay una forma exclusiva de enseñar técnica contemporánea, porque cada cuerpo es diferente. Cada persona está gestando su propio lenguaje”.
Desde su perspectiva, esta forma de enseñanza permite que cada bailarina explore, investigue y construya su propia voz dentro de la danza.
“Me parece muy interesante cómo se fomenta la idea de que cada estudiante tiene su propio lenguaje. No puedes copiar el mío: crea, busca, explora tu lenguaje propio”.
La investigadora también valoró que las personas que forman a las estudiantes no sólo enseñan, sino que continúan activas en la práctica artística, algo que considera fundamental para la formación de nuevas generaciones.
“La gente que les está formando está en la práctica dancística, no es gente que sólo da clases; también está explorando sus propios lenguajes, creando obra y continuando su propio proceso de formación”.
Finalmente, destacó la importancia de abrir las escuelas a otras influencias y miradas.
“Un bailarín o una bailarina no se forma solamente haciendo danza, sino recibiendo otras influencias, otras interferencias que no son necesariamente dancísticas”.
Para Macías Osorno, esa apertura es clave para comprender la danza contemporánea actual: un espacio donde cada cuerpo, cada historia y cada contexto producen su propio pensamiento en movimiento.