Para Nino Gallegos
El olor de la violencia corre por las calles marismeñas.
El tiempo se quiebra en los sonidos de las balas, en el filo de una daga, en la desaparición, en el feminicidio, en el frío temblor de la muerte, en el minuto exacto de la no existencia.
Mudo es el poder que no se inmuta, “no pasa nada” dicen entre silencios congelados con una risa sarcástica, y la sociedad también se carcajea
de esa terrible farsa mostrando en tik toks anónimos la irónica realidad que nos avasalla.
Y en ese suceder también nos vamos deshaciendo sin asombro, acostumbrados a decir “por algo le pasó”, “andaba mal”, sin investigación siquiera. Así de fácil construimos una rutina con apatía: comiendo ceviche, disfrutando carnaval, veranos en la playa con cerveza pacífico, dándole la espalda a la cruel crisis, abrazando a nuestro puerto con ambiente sórdido y dolido, sumido en tristeza colectiva que se respira en brisa sin atardeceres coloreados de miedo, en los días y las noches envueltos en espesa bruma por donde se asoma nuestro país con sus sombras espectrales.
El tiempo se quiebra en los sonidos de las balas, en el filo de una daga, en la desaparición, en el feminicidio, en el frío temblor de la muerte, en el minuto exacto de la no existencia.