|
Festival del Monólogo

Entre risas, nostalgia y ficción, cautivan al público con ‘Nosotros íbamos a cambiar el mundo’

Con una intensa interpretación de cerca de 85 minutos, el actor sostuvo en solitario una historia que hizo reflexionar al público sobre el amor, el tiempo y las decisiones que marcan la vida
29/06/2026 11:38

Un Teatro Socorro Astol completamente lleno, un público atento de principio a fin y una ovación de pie al concluir la función fueron el marco en el que se presentó el monólogo Nosotros íbamos a cambiar el mundo, como parte de la programación del Instituto Sinaloense de Cultura.

La obra propone una entrañable y divertida reflexión sobre el tiempo, el amor y la nostalgia a través de la historia de Luis Eduardo Yee Vélez, un hombre que, tras descubrir la desaparición de María, el amor de su vida, es reclutado por una organización internacional secreta para viajar al pasado e impedir una tragedia. Sin embargo, más allá de la aventura, el relato plantea una pregunta profundamente humana: si realmente fuera posible volver atrás, ¿cambiaríamos nuestras decisiones o simplemente aprovecharíamos la oportunidad para vivir un poco más aquello que amamos?

Con una entrega escénica que mantuvo cautivado al público durante aproximadamente 85 minutos, el actor dio vida a múltiples personajes y situaciones valiéndose únicamente de su voz, su corporalidad y una precisa construcción interpretativa. La variedad de registros vocales, cambios de ritmo y matices emocionales permitieron que la historia transitara con naturalidad entre el humor, la tensión y la melancolía.

Lejos de recurrir a los convencionalismos del género, la obra se presenta como una “ciencia ficción a la mexicana”, donde conviven las Chivas, la ZIA (sí, con Z) y Jean-Paul Sartre en un recorrido que lleva al espectador de una fonda de comida china hasta Bucarest. La nostalgia se convierte así en el motor de una historia que invita a preguntarse si salvar al mundo resulta más importante que salvar el propio corazón.

La respuesta del público fue constante a lo largo de la función. Los asistentes permanecieron inmersos en la trama, acompañando al protagonista con silencios expectantes y estallidos de risa provocados por el ingenio del texto y la versatilidad del intérprete.

Al finalizar, el Teatro Socorro Astol respondió con una prolongada ovación de pie, en reconocimiento a una actuación que sostuvo en solitario la intensidad y el ritmo de la puesta en escena.