Evoca Miguel Ángel Ojeda el Culiacán de sus recuerdos con ‘Cuando las tardes eran de papel’
Tras 10 años de no exponer su obra, el artista sinaloense Miguel Ángel Ojeda regresó al Museo de Arte de Sinaloa, para presentar la exposición Cuando las tardes eran de papel, una muestra con la que el pintor evoca al Culiacán de su infancia.
Esta exposición, dijo, esta compuesta por una amplia colección de obras que he realizado en un largo recorrido por el amor que siente por Culiacán, recordando su niñez por la Avenida Álvaro Obregón, recuerdos bien cimentados, recreando en esta muestra todos aquellos edificios que solía ver y recorrer, más aún al ser un estudiante de arquitectura, llevándolo a plasmar estos recuerdos en coloridos cuadros con su característico estilo que lo define.
“Me tardé 10 años en volver a exponer, porque a veces es mejor dejar descansar el recuerdo, para posteriormente agarrar fuerzas y volver con algo nuevo, además, se cruzó la pandemia, y si bien no había expuesto aquí en Culiacán, sí lo he hecho en lugares como Tijuana, Hermosillo, Álamos, y hoy expongo en mi tierra, principalmente por la motivación de regresar a esa ingenuidad y espontaneidad que caracteriza al culiacanense, que creo habíamos perdido”, expresó.
Ojeda subrayó que esta espontaneidad aún existe, por lo que invita a los jóvenes artistas a que crean más en esto, evitando dejarse llevar por la espontaneidad de la imagen fácil, sino de la espontaneidad del sacrificio de saber que en el trabajo y dedicación se consiguen cosas importantes.
La muestra que se exhibe en el segundo piso del Masin, está compuesta por más de 20 piezas en diferentes formatos, brindando un recorrido por edificios como El Santuario, la catedral, casonas viejas, el ingenio de Navolato, los portales, entre muchos otros
“Culiacán es una ciudad de sahuanes, que es lo único que nos conserva ahora, lo demás son estacionamientos, por lo menos eso hay que rescatar”, dijo.
Ojeda detalló que más de la mitad de estas obras son nuevas, agregando muchos más edificios, entre ellos figuró el Ingenio de Navolato, un lugar icónico para él, y el cual se debería de conservar, tal y como se hizo con la Fundidora de Monterrey, que se conserve como un museo, espacio al que le dedicó dos obras en esta exposición.
“Cuando las tardes eran de papel, es una exposición que significa mucho para mí, es como volver a hacer ese examen de arquitectura, sintiendo mucho nervio, y me encanta, porque dentro de ella también hago un homenaje al maestro Herberto Sinagawa Montoya, a quien tuve la oportunidad de conocer y quien me dio el título para algunas obras, y una de ellas está aquí, titulada Una ciudad sin edad”, resaltó.
Poseedor de una trayectoria importante dentro del mundo artístico, Miguel Ángel Ojeda, considera falta mucho por hacer. Tras esta exposición que durará más de un mes en exhibición en el Masin, el artista llevará su obra a Hermosillo, principalmente a Álamos, Sonora, donde su obra es bien recibida.
“Con esta exposición, deseo que el espectador encuentre lo que siempre anda buscando en su vida, y en este caso espero que en mi obra pueda encontrar un poco de eso”, subrayó.
Durante el evento se contó con la presencia de Juan Salvador Avilés Ochoa, director del Instituto Sinaloense de Cultura, Inna Teresa Álvarez, directora del Museo de Arte de Sinaloa, el actor y director de teatro Lázaro Fernando Rodríguez, el arquitecto Carlos Ruiz, entre otras personalidades.
En su mensaje, el titular del Instituto Sinaloense de Cultura, destacó su satisfacción por tener de nuevo en el Masin la obra de Miguel Ángel Ojeda, tras 10 años de ausencia.
“Dar nombre a las ciudades que aparecen en la obra de Miguel Ángel, es el primer ejercicio que debemos de hacer. El ejercicio imaginativo prosigue con ubicar el paisaje de esas mismas ciudades, que evidentemente son lugares de Sinaloa y es Culiacán la ciudad preponderante en sus cuadros, que se distinguen además por los mismos ambientes emotivos o la recurrencia de personajes que saltan de cuadro en cuadro”, resaltó Avilés Ochoa.
Niñas que vuelan papalotes, o que toca el piano, una pareja de novios que levita en el cielo, siempre acompañados de músicos que parecen amenizar una fiesta eterna. Hay también un barco y una locomotora, las huellas de un ingenio, todo esto posible gracias a la magia con la que Miguel Ángel da a sus temas, la cual surge de la soltura de sus pinceles, pero sobre todo de su profundo amor por Culiacán.
Durante el evento, el público pudo escuchar un poema de la escritora Rossy Palau, leído por el actor Lázaro Fernando, para posteriormente recorrer la exposición y admirar una a una de sus obras.