"Expresiones de la ciudad"
Pero, qué diablos. Si para mí (y para muchos que yo me sé) el hombre siempre ha sido de conducta lúgubre, expuesto a la luz pública desde los tiempos pretéritos en que fue gobernador de Sinaloa, aquellos años cuando los universitarios salíamos a las calles y gritábamos consignas hasta que se nos desgarraba la garganta, que por el respeto a la autonomía de la UAS, que por el subsidio, que por la defensa de las preparatorias adscritas a la casa de estudios.
Desde chaval me quedó la impresión de que Antonio Toledo Corro era una mala bestia cuatro por cuatro, pero era la época, ésa en la que uno tenía que ser revolucionario a fuerzas, y cantabas trova latinoamericana, y te hacía feliz colocar fotos del Che Guevara en la pared de enfrente de la cama, mientras tarareabas algo de Silvio Rodríguez. Y por supuesto había que estar en contra del gobierno. Era indispensable.
No quiero decir que la vida me tenga ahora ofreciéndole la mano a quienes nos han dado por la espalda desde siempre, ni maldito lo que me importa. Y menos en las horas que corren, con un gobierno con el que hay que estar muy alerta, muy suspicaz. Lo que quiero decir, y digo, que buscando el hilo negro en un intento por saber más sobre el devenir del Museo Regional de Sinaloa, hoy vergonzosamente cerrado, me topé con el nombre de Toledo Corro.
Anda tú. Pasa que fue durante el mandato de este señor, justo en su último año de gobierno (1986), cuando de Museo de Culiacán pasó a ser Museo Regional de Sinaloa, reinaugurado por él mismo y puesto a disposición de los sinaloenses, particularmente de la población estudiantil, con la participación de Difocur, el Ayuntamiento de Culiacán y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Se dice en los archivos que la reapertura del Museo, luego de casi una década con las puertas cerradas, tuvo una inversión cercana a los 100 millones de pesos. Y que el nuevo diseño museográfico se dividió en ocho partes: Época prehispánica, Descubrimiento y Conquista, La Colonia en México, La Independencia, Las Intervenciones, La Reforma, El Porfiriato y La Revolución Mexicana.
Yo fui visitante de antes y visitante en aquella su nueva época. Y de repente, chaz, chaz, de un navajazo fue desaparecido de los ojos del público por la demagogia aberrante del entonces presidente municipal de Culiacán, Jesús Vizcarra Calderón, proponiendo, si bien le iba, reubicarlo en lugares inverosímiles. Pasa que el exitoso empresario ya se creía gobernador. Y lo digo así porque nadie tuvo agallas para abrir la boca, principalmente el Instituto Sinaloense de Cultura (Isic). No menciono al INAH, porque tengo entendido que gracias a su intervención pudo resguardarse la colección con cierto decoro, y tal parece que evitó que las piezas del Museo fueran trasladadas a Los Mochis.
Y lo que existe allí ahora es una historia sepultada. Y uno respira con ritmo de cólera ante el silencio de las autoridades de cultura, municipales, del estado y del orden federal.
No sé, pero supongo que en las juntillas de los pisos del edificio debe estar creciendo la hierba de primavera, mientras en las bodegas la historia sepultada continúa en silencio, a la espera de que alguien ponga orden al naufragio en que ha terminado el Museo Regional de Sinaloa.
Yo siento un pesar legítimo por lo que sucede en ese espacio estrictamente cultural, ganado con los años, con creces, con tradición añeja. Fue el primer museo de que tuvo Sinaloa, el primer museo erigido en Culiacán.
No puede permitirse que se desbarranque en el olvido de la vida común. Alguien tiene que responder por la afrenta. Y como existen personas a quienes la fe ya no les basta, en la lucha por la reapertura del Museo Regional de Sinaloa, y no sólo la puntita, esto es, reapertura de nivel, como se debe, contará en demasía la participación ciudadana. Ya se verá cuál funcionario de la cultura tiene más vergüenza. Y punto.
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