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"columna"

"Expresiones de la ciudad"

"Carmen la gritona"
La ruta del paladar
10/11/2015 11:21

    Pues eso. Que en el mundo de la cultura sinaloense yo conozco a la famosísima Carmen la coqueta, el personaje de la ópera de Bizet que Pedro Carreón modeló con ternura de niño en plan de guiñol y venga, ¡olé, torero! Pero también a Carmen la gritona, ésta de carne y hueso, apellidada Espinoza y que ha hecho de su vida un baile permanente.

    Por el camino, sobre su largo andar como maestra de danza folclórica, ha dejado huellas que sin lugar a dudas la ubican como a una mujer de armas tomar, el tipo de fémina con personalidad para ponerse al tú por tú de frente a cualquier situación, el estilo de dama recia, de tronío, de la estirpe que no llaman a mami cuando se pinchan un dedo, porque la Carmen Espinoza que tengo en mente es la que se atreve a sacar la escopeta si hay que cuidar lo suyo y lo que ama, sin amedrentarse, sin decir, ay, Virgen santa, que me lleva el diablo porque no tengo hombre que me defienda.

    Me la crucé en la vida durante la etapa de las inquietudes juveniles, recién pasado el lapso del que hablaba Octavio Paz cuando el adolescente, extasiado ante el espejo de agua, se asombra de ser, descubriéndose a sí mismo, caramba, esto soy yo, ¿pero por dónde demonios me voy? Y aquella vez supuse que podía bailar, pero no sólo en la pista discotequera haciendo coreografías a lo John Travolta, a ver, por qué, sino que me dije: vamos, chaval, prueba tus aptitudes y si la haces, quizá vengan días de estrella como danzarín. Y nada, oiga. Que los pies se me maniataban en forma espantosa, grotesca, sobre todo cierta vez que Carmen la gritona dispuso que alguien me enseñara algunos pasos elementales del folclor jalisciense. Fue un ratito, porque la maestra entendió que yo no tenía lucha, así que me envió al fondo del grupo que en ese momento ensayaba no me acuerdo qué.
    A ver si se me pegaba algo, seguro pensó. Uta.
    Digo yo que el ser humano tiene la obligación de justificar su existencia, que no debemos asumir la posición imbécil de yo no pedí venir al mundo, que fue culpa de papi y mami. A mí no me vengan con ese cuento. Digo yo que tenemos el compromiso moral de aportar lo que se deba para tener el derecho de existir, con todo lo que eso conlleva. Y entonces hay que hurgar las posibilidades del poder hacer, asomarse tras las montañas, recurrir al sueño, mirar los horizontes.

    Y en ocasiones, luego de la prueba y error, pues puede suceder que nada, esto no es lo mío. Y lo que sigue, a continuar la búsqueda. Lástima que prácticas como tales no se las apropien los políticos que nos mandamos en México, porque hay cada tipo con careto de estupidez, pero que continúa allí, incólume, creyéndose la encarnación ardiente de nuestros más caros deseos de buen gobierno.

    Pues eso. Que tuve que tragarme la realidad de las cosas y entender que yo de bailarín tenía lo que Carmen Espinoza de voz dulce, grácil y con ondulaciones musicales. No sé, quizá por lástima, o porque no había más varones en el grupo, un día la maestra me plantó sobre la cabeza un amasijo de plumas y listones, o algo así, y por decreto me convirtió en monarca de matachines en un cuadro de danzas indígenas del norte de Sinaloa. Santo Cristo, me sentía divi-divi-divi.

    Y para que la vanidad creciera al máximo, el numerito fue a dar hasta Morelia y a la ciudad de México, donde por cierto le bailamos a la Guadalupana en señal de honor y respeto.
    Me gustó la cosa, para qué digo que no si sí, parafraseando a Élmer Mendoza. En los días que corren, pienso que Carmen me dio el puesto más bien por mis facciones de índole nacional. Imagine usted el cuadro e intente que no se le note la risa. Pero hasta ese punto llegó mi trayectoria. A volar, palomita.

    Está a punto de ocurrir el 40 aniversario del Grupo de Proyección Folclórica de la UAS, por lo que se ha planeado una ceremonia de 6develación de placa conmemorativa y un programa artístico en el que participarán, bailando, antiguas, viejas y jóvenes generaciones que se han nutrido con las enseñanzas de su maestra Carmen Espinoza, a realizarse el próximo 23 de noviembre, a las 19:00 horas, en la Torre Académica de la UAS.

    El hecho me ha revivido los recuerdos, la imagen que tengo de Carmen en sus horas de salón y práctica, corrigiendo a gritos cuando algo no va bien. Es su estilo. Es su personalidad. Por eso le digo Carmen la gritona. Y punto.

    Comentarios: jubertt@hotmail.com