"Expresiones de la ciudad"
Mira. Yo que la tenía tan segura, tú. Pasa, oiga, que este fin anduve circulando por calles del sur de la ciudad, con las neuronas al cien afinando lo que quería decir de las espléndidas actividades con que cerró Carlos Maciel su ciclo como funcionario de la UAS, y de paso, con todos los asegunes que el caso amerita, reconocer la mística de trabajo de Wilfrido Ibarra como director de Radio Universidad. Pero, Santo Cristo, que de repente me topo con propaganda política de poste, pendones, fíjese usted, con la imagen de Alma Moguel, la señora de guapura a la que tantas veces señalé como la mujer de los ojos muticolores, o la Barbie de la cultura, en los años de Humberto Gómez Campaña como presidente municipal.
No la había visto en mil. La última vez que hablé con ella fue por teléfono, cuando tenía un cargo de algo en esa cosa de la salud de Jesús Vizcarra. Que yo sepa, era muy cercana al señor de la carne y de las vacas que perdió la gubernatura. Y por supuesto que pertenecía al PRI. Y más seguro aún que Alma Moguel fue uno de los tantos políticos que han arribado a dirigir oficinas de cultura sin más méritos que el dedo caprichoso del poderoso en turno. Jamás la he vuelto a ver en algún evento de las artes. Algo parecido a otras figuras que han estado de paso en el ahora Instituto Municipal de Cultura Culiacán, como Papik Ramírez.
Nada más son políticos, oiga, que si en un periodo pueden estar declarando que sí, cómo no, a la cultura se la mastican lindo con sólo abrir la boca, en fechas posteriores pudieran estar administrando el rastro municipal. El hueso. El hueso a como dé lugar. Y pues que ahora doña Alma se la juega de candidata a diputada, no bajo las siglas del PRI, sino al amparo de algo dizque ciudadano, no me acuerdo qué, porque en los días que corren existen más partidos que candidatos. En mis tiempos jóvenes, sólo recuerdo al PRI y al PAN y a una izquierda marginada. Es como la televisión: antes sólo podías ver Televisa y otra vez Televisa, y ahora existen Televisa y otra sarta de estupideces.
Ver la imagen de la Moguel colgando de un pendón, sólo me confirma que la ex Barbie de la cultura no fue más que eso: una muñequita que designaron para que adornara las oficinas de cultura del Ayuntamiento. Y que pose para otro instituto que no sea el PRI, pues sabe, no sé si porque ella quería y no la pelaron, o esa cosa ciudadana no es más que otro satélite priísta, o si la Moguel decidió aparecer en la vitrina pública a como dé lugar.
No hablo aquí de Alma la mujer, que es de buen trato y con signos de educación. Hablo de la mujer política, cuya candidatura me da pie para resumir, más en esta temporada electoral, que los que llegan a las sillas altas forman equipos sorprendentes por desatinados.
A la verdadera gente de la cultura fácil se le identifica. Están siempre al pie del cañón. Incluso cuando desaparecen físicamente de nuestras vidas.
Justo en este instante se me antoja, y lo cumplo, rememorar a figuras que sí se la partieron por la cultura sinaloense y de nuestra ciudad, como Manuel "el Chino" Flores y su amor por la música, a German Benítez Borrego, el gran actor que me sorprendió en su papel del Gobernador Cañedo en la obra El Jinete de la Divina Providencia; a Alberto Vega, otro actor que iluminaba el escenario haciéndola de cardenal en Cúcara y Mácara; a Dora Josefina Ayala, la poeta solitaria quien me hizo en favor de participar en dos producciones; a Leobardo Castro "el Canuto", al que una vez vi gritándole barbaridades a Gloria Trevi de frente a las aguas de Altata; a Rubén Benítez, que acaba de partir, haciéndonos la vida más amable con sus despampanantes producciones frente al Ballet Mukila Mazo.
Y no se diga de Óscar Liera, el dramaturgo, el poeta, el sin mordazas, el que fundó el Taller de Teatro de la UAS y al que recuerdo sentado en la baqueta del teatro del IMSS que ahora lleva su nombre, junto a Miguel Tamayo, riéndose de la vida. Y a Pedrito Carreón, el Señor Guiñol, a quien veo en cada títere, el que me regaló tantos días divertidos con el solo hecho de su presencia; a Norma Ley, lectora espléndida de poemas y que hacía lucir de lujo el espectáculo La prisión de la fantasía, a lado de Martha Salazar como Sor Juana Inés de la Cruz. Y así.
Todos ellos ya se fueron. Y sin embargo siguen con nosotros. Cada uno, a su manera, dio enseñanzas de cómo en verdad se ama la cultura. Y cada uno, fíjese usted, sufrió los improperios de los políticos de la cultura, porque muchos de éstos ni siquiera se han sabido la "o" por lo redondo. Otros siguen aquí, dándose, produciendo, algunos de directivos que sí se la saben, como Rodolfo Arriaga o Ulises Cisneros. Y casi todos, incluso los que ya partieron, si acaso pueden vernos desde el "más allá", están a la expectativa de cómo se las va a gastar quien gane la presidencia municipal de Culiacán, sea Sergio Torres, del PRI (que es lo más seguro), o Eduardo Ortiz, del PAN. ¿Otra Alma Moguel? Por favor, ya no. Y punto.
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