‘Flor de Mármol’: una historia de amor frente a la desaparición, abre la Muestra Regional de Teatro del Noroeste
Con una historia que entrelaza el amor, la memoria y el dolor de quienes buscan a sus seres queridos desaparecidos, la obra unipersonal Flor de Mármol abrió la Muestra Regional de Teatro del Noroeste, en Culiacán, con la actuación y dramaturgia de Mérida Urquía, de Mi Compañía Teatro, de Colombia, y la dirección de Else Marie Laukvik.
A través de la historia de Flora y Julio, Urquía construye un relato escénico sobre la ausencia y las heridas que deja la desaparición forzada, un problema que ha marcado a Colombia y que trasciende fronteras. La puesta en escena tuvo también presentaciones en el Festival Cultural Sinaloa, en Mazatlán y Salvador Alvarado.
Sin grandes recursos escenográficos, con una mesa, un florero, una cubeta, una silla y algunos objetos personales, la actriz transforma el espacio para dar vida a distintos momentos de una historia que transita entre los recuerdos, la poesía y la reflexión sobre el propio acto de llevar al teatro el dolor de una pérdida.
La función comienza con Urquía cantando unos versos mientras evoca la búsqueda de alguien ausente. Después, besa unas botas y recuerda un sueño en el que Julio aparece con la camisa blanca que llevaba la última vez que lo vio.
“Anoche volví a soñar contigo”, dice, antes de recrear la intimidad de aquel recuerdo: observa su rostro, lo besa y le susurra “ojos lindos”.
Con un sombrero y una camisa, la actriz cambia de registro para encarnar a los personajes y transitar entre sus voces. En uno de esos momentos, Flora habla directamente a Julio y reconoce el tiempo transcurrido desde su desaparición.
“Julio, si tú me vieras ahora, no me reconocerías. Han pasado siglos de caminos y el viaje ha sido largo, y yo tengo demasiada muerte en las pupilas”, expresa.
La obra incorpora poemas, referencias literarias y reflexiones sobre la permanencia de los vínculos. Entre ellas, la frase del escritor cubano José Martí, quien en una carta a su amigo Manuel Mercado escribió que su amistad era eterna como una flor de mármol.
A partir de esa imagen, la protagonista cuestiona el significado de lo eterno y la posibilidad de que el amor permanezca intacto ante la ausencia.
“El amor eterno se pudre en el pecho como una flor muerta”, reflexiona.
Urquía comparte textos y versos que acompañan el recuerdo de Julio, mientras la historia avanza entre la evocación amorosa y la crudeza de una desaparición que se prolonga durante años.
Durante la representación, la actriz también revela el origen de la historia. Cuenta que en 2017, cuando sentía un profundo dolor, comenzó a escribir sobre una mujer que buscaba a un hombre secuestrado diez años atrás. A ella la llamó Flora y a él, Julio.
“Yo quería mucho escribir sobre ese dolor, pero realmente no pude; al menos no pude hablar de muerte sin hablar de amor”, comparte.
La pregunta sobre cómo llevar al teatro el tema de la desaparición forzada atraviesa la puesta en escena. Para construirla, Urquía recurrió a la literatura, la poesía y relatos que le permitieron aproximarse a la experiencia de quienes buscan a sus seres queridos.
Entre sus referencias aparece la poeta cubana Dulce María Loynaz, cuya obra le proporcionó materiales para comenzar a desarrollar el montaje.
La intérprete también incorpora la figura de Orfeo, quien desciende al mundo de los muertos para buscar a su amada Eurídice, y evoca otras historias en las que el amor intenta atravesar los límites de la muerte.
En otro momento, se coloca el pantalón de Julio y recrea las búsquedas, el desgaste y la desesperación de Flora. La protagonista deja claro que no busca únicamente una explicación ni una reparación judicial: quiere encontrar el cuerpo de su compañero.
La representación se adentra entonces en el horror de las búsquedas y en la incertidumbre que enfrentan las familias de las personas desaparecidas.
Hacia el final, Flora se despide de Julio. Después de diez años de conservar su recuerdo y sostener la esperanza de encontrarlo, reconoce que su vida no puede permanecer detenida para siempre en la espera.
“Julio, yo te dejo esta flor que en mi pecho tú sembraste. Yo la cuidé sola, sí, es verdad, durante diez años la cuidé sola, pero es tu flor, es tu flor de mármol”.
La despedida no significa que el amor desaparezca ni que la pérdida deje de doler. Representa, para ella, la decisión de seguir adelante sin renunciar a la memoria de quien falta.
“Yo estoy en San Bernardo del Viento, pero yo vine a despedirme, a despedirme porque yo estoy viva y yo quiero vivir”, dice Flora.