Hay un tipo de sabiduría que nos abarca como personas, distinta a la académica y a la de la experiencia, que nos enfrenta a la verdad y reclama integridad.
El desorden de origen
Hay un desorden congénito en la naturaleza humana que afecta a la persona por entero desde su raíz pegándole en su racionalidad, en su vida afectiva, en todo. Ha olvidado vivir en plenitud en medio de las cosas ordinarias y pequeñas de la vida. Vivimos rodeados de belleza y busca saciar su sed en pozos secos.
Educar la racionalidad relegando lo afectivo ha creado serios problemas, lo afectivo al desordenarse afecta la racionalidad. Además el afecto no se estudia: se aprende sintiéndolo y amando. El dilema de educar el corazón o la cabeza es falso, también hay que educar la moral y la sensibilidad: necesitamos vivir inmersos en la realidad.
Sucede que la inteligencia conoce con imperfección, la libertad se convierte en libertinaje, la voluntad se empecina, la memoria no siempre responde, la imaginación se aloca, los impulsos se imponen, los sentidos fallan y el corazón tiene sus apegos que lo hacen infeliz.
Estar aquí
Ha perdido la delicia de estar en el momento presente. Su mente divaga, su atención se difusa, al distraerse su persona no está ahí, luego ¿en dónde está? Le cuesta acordarse qué comió antier, se la pasa quien sabe dónde en el transcurso de su vida mientras hace sus cosas. Convive en dos mundos paralelos: el real y el mental; olvidando que la vida sucede aquí, y esto es todo lo que tiene, lo demás está en la mente. Puede soñar despierto o soñar dormido... sin darse cuenta.
El homo sapiens sapiens
No siempre lo es, ni siempre le interesa serlo y a veces se empecina en demostrar lo contrario. Ocupado en sus faenas olvida ser feliz para conseguir otras cosas atractivas que lo alejan de ella.
Se desconecta de sus emociones y cuando aparecen no sabe qué hacer con ellas, le teme a sus demonios y huye distrayéndose en mil formas, se divide entre lo que quiere, hace y siente, y se confunde: no sabe quién es y cree ser lo que no es, minimizándose o exagerándolo.
No siempre valora su vida, desperdicia su tiempo trabajando de más o se entretiene en otras cosas descuidando el balance que le da armonía, salud y felicidad. Le cuesta ser sincero, teme ser auténtico, no siempre manifiesta el amor que siente o intenta manipular con su afecto, le cuesta controlar su egoísmo, usa máscaras para ser aceptado, por interés o por temor.
Las 2 patas de palo
Diríamos a manera de resumen que todo esto y más, que el hombre tiene dos patas de palo, y que bien lo hacen más humano cuando las reconoce y las abraza: su ignorancia y sus limitaciones. ¿Puede amarse de otra forma?
El natural afán de perfección inherente juega a su favor y en contra cuando no alcanza lo que quiere. Por un lado lo impulsa a ser mejor, a lograr hazañas, a cumplir sus sueños, a madurar, a dar y a recibir amor, a convivir respetuosamente, a ser feliz; y por otro se frustra, se deprime, se rebela, se neurotiza, finge, amenaza, abusa, se violenta, no se hace responsable de sí mismo y se enferma por esto.
Le cuesta reconocer que falla, que lo conozcan tal como es, confesar sus debilidades, su vulnerabilidad, darse cuenta que su vida es tan frágil como el cristal aun estando fuerte y sano... que es humano creyéndose otra cosa indefinida. Las dos patas de palo le dificultan poner los pies en la tierra: ser humilde, o sea, ser realista.
Una simple criatura
Olvida su condición de criatura, pierde conciencia que él no es el autor de su vida, ni su dueño; que la vida es algo que está por encima de él. Puede vivir de fe o puede suplirla con cosas o ídolos para sentirse seguro y protegido.
Cuando ignora u olvida la razón de su existencia pierde el sentido y el gusto por lo que hace y abre puertas falsas que le dificultan salir de ahí. Puede experimentar el vacío ante un éxito grandioso y encontrar la felicidad en cosas pequeñas.
No puede explicar del todo su conducta, lo rebasa, pero tarde o temprano se enfrentará a su conciencia superior. No tiene una explicación para justificar su irracionalidad. Vive en el absurdo en algunas cosas pero no lo quiere saber, ni puede entenderlo, ni masticarlo... y se encoge de hombros.
La ignorancia inconsciente
No se da cuenta de una ignorancia mayor a la que supone, que muchas de las cosas que sabe no son realmente así o que las sabe con poco sustento porque las cree así y se enteró en los medios, nadando en la superficialidad.
Confunde saber mucho con tener claridad de ideas. Acumular conocimientos y diplomas no lo vuelven sabio ni lo hacen mejor persona. Confunde la sabiduría con la erudición. Pero muchos de los aparentemente ignorantes, sin estudios, viven con más plenitud y encanto en su sencillez.
La sabiduría vivencial
Tiene que ver más con elevar la conciencia reflexiva y la moral, pues el mal impide ser feliz, la conciencia da cuenta de lo que hace, pero hay una que le llamo la conciencia superior que se da cuenta de que se da cuenta, es la conciencia insobornable que enfrenta la verdad pero no siempre es accesible y por otro, lo impide el miedo a lo que no queremos ver, como a “la sombra” de Carl Jung.
Se adquiere abriendo la mente con equilibrio de juicio, meditando, con valentía, desnudando el alma con una buena confesión quienes la practican, consultando, y abrazando lo abominable de cada uno, o sea abrazar nuestra realidad entera tal cual es dentro de lo posible.