María Julia Hidalgo López
“Mi hermano murió de cuatro años, cuando yo tenía cinco. Yo quedé muy triste y muy enferma. Y como el lugar donde vivíamos era tan frío no me dejaban salir. Entonces me refugié en la biblioteca de mi padre que daba hacia la calle y me entretenía viendo las caravanas que iban a enterrar a sus muertos... me entretenía viendo pasar la muerte... llevaban a sus muertos sobre una carreta porque iban a buscarles sus cajas. Otras veces los llevaban envueltos sobre el lomo de una mula...”. Manejaba y escuchaba por la radio la voz de una anciana que hablaba de manera muy coherente y lúcida. Su relato me remitió a una tierra lejana y ensoñadora. No pude escuchar de quién se trataba, pues llegué a mi destino y abandoné el auto y a la voz peculiar.
Apenas pude, investigué de quién se trataba. Resultó ser, nada menos, que una de las cuentistas mexicanas más longevas, una de las más importantes narradoras fantásticas en Hispanoamérica y una de las más leídas entre los jóvenes. Nació en Zacatecas, en 1928, y lo primero que me recomendaron de ella fue el cuento Alta cocina; me pareció una historia entre terrorífica y cruel. Leí sobre su vida y me enteré que fue una niña solitaria a quien era frecuente encontrar sola en el campo. “Me gustaba juntar piedras y flores; pensaba que las piedras se convertirían en oro y las flores en perfume”. De niña la internaron en una escuela de monjas; así fue como su infancia estuvo marcada por el miedo, tema muy presente en su literatura. En 1977 recibió el premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores.
Pasaron años para conocerla en persona; el día llegó y el martes pasado la voz de la radio tuvo rostro y fue muy conmovedor contarme entre un público que celebraba los 90 años de su nacimiento. La cita fue en el Palacio de Bellas Artes, como parte de las actividades: “Febrero, el mes de Amparo Dávila”. Entre flashes hizo su aparición, ante una sala repleta. Lo primero fue la proyección de un video donde se destacan aspectos de su quehacer literario. Continuaron los presentadores que comentaron parte de su obra. También se anunció que el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí, desde ese día se llamará Premio Bellas Artes de Cuento Amparo Dávila
“He vivido la literatura como una necesidad inherente a mi vida. Como una vocación, como una larga y terca pasión que nació con mi vida y se va con ella, y sólo la sostiene la esperanza de lograr más textos, llámense cuentos o poemas, redactados llenos de color, armonía y belleza literaria”
Entre sus cuentos más conocidos está El huésped; del cual se ha dicho que su belleza radica en la indefinición del personaje. El ambiente donde se desarrolla esta historia es justo en la casa donde ella nació. Al leerlo se puede atribuir que el huésped puede ser el desdoblamiento de alguien muy cercano a ella, de una figura mítica o de alguien tan real como una lechuza que llegó para quedarse.
Quieres conocer el miedo, lee los cuentos de Amparo Dávila, dijo una joven. Esa noche de homenaje compartimos su ternura y sencillez, conocidos más de la poeta y cuentista fantástica: “frágil y enfermiza como soy, no pensé llegar a estos años”. Enhorabuena maestra y que vengan muchos años más
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