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Escena

Lázaro Fernando incursiona en la dramaturgia con una historia sobre los sueños truncos

El director escénico prepara el estreno de “Crónica de una gran actriz que no lo fue”, un monólogo que explora la vocación, el fracaso y la realidad sinaloense
04/10/2026 12:41

Después de más de cuatro décadas de transitar por los escenarios como actor, director y promotor, Lázaro Fernando Rodríguez decidió asumir un nuevo reto: convertirse en dramaturgo.

El resultado es Crónica de una gran actriz que no lo fue, un monólogo que actualmente prepara para llevar a escena y en el que explora los sueños de quienes aspiran a trascender en el arte, pero también las circunstancias que pueden truncarlos.

“Ya actué, ya dirigí, he hecho espectáculos, he sido promotor y me entró la inquietud por generar, crear mi propio texto, mi propia dramaturgia, y es una inquietud que venía cocinando, maquinando y se prestó el momento y decidí escribir el monólogo.

La obra cuenta la historia de una actriz que tiene talento y posibilidades para triunfar, pero cuyo sueño se ve interrumpido por circunstancias ajenas a ella. A partir de ese personaje, Rodríguez aborda la vocación, la frustración y el fracaso, pero también la condición humana detrás de quien persigue un anhelo.

“Se explora el sueño que muchos artistas, actores, actrices, artistas en general, pero además también cualquier ser humano que aspira algo, que sueña algo y que de pronto este sueño no se realiza”, explica.

Para Rodríguez, escribir teatro representa un desafío distinto al de dirigir o actuar. Una historia, señala, no se convierte automáticamente en dramaturgia: requiere estructura, conflicto, personajes y una progresión dramática capaz de mantener al espectador atento.

Y el reto aumenta cuando se trata de un monólogo, donde una sola actriz debe sostener la acción escénica y generar, mediante convenciones teatrales, la presencia de otros personajes.

“En el monólogo se autoestimula el personaje o el actor y tiene que crear convenciones de que está platicando con alguien invisible que no se ve que está ahí, qué es lo más recurrente, o hacer algo muy interno que no te dé esta posibilidad de estar dialogando con el otro”, señala.

Sinaloa como materia teatral

En su primera incursión como dramaturgo, Rodríguez también recurre al territorio que conoce: Culiacán y Sinaloa.

El entorno sinaloense aparece como una fuente de inspiración y como una manera de construir historias que, aunque puedan partir de una realidad local, tengan posibilidades de trascender.

“Si quieres ser universal, habla de tu aldea”, plantea.

Rodríguez reconoce que la realidad actual del estado, incluida la violencia y el desplazamiento de comunidades de la sierra, forma parte del contexto de la obra, aunque evita convertirla en un discurso político.

“También hablamos de esto, pero no así de manera panfletaria, no hablamos de manera directa porque no es la función del arte”, sostiene.

La propuesta combina momentos de humor, ternura y tristeza. La primera parte tendrá elementos de comedia musical, con canciones, música y coreografías, además del habla cotidiana de los sinaloenses.

“Hablamos un poquito también de los pueblos de la sierra, que han sido muchos de los desplazados, hablamos de los actores, las actrices pero con mucho amor y ternura, también momentos tristes”.

Rodríguez reivindica precisamente esa manera de hablar como una posibilidad literaria y poética. Entre sus referentes menciona a escritores y dramaturgos como Sergio Galindo, Mario Alvarado, Alejandro Román, Élmer Mendoza, Óscar Liera y otros autores que han hecho de su entorno una materia para la creación.

Dialogar con la realidad

Para el director escénico, el teatro no debe reproducir literalmente la realidad, sino establecer un diálogo con ella para transformarla en un hecho artístico.

Recuerda el trabajo de Óscar Liera, quien utilizaba episodios históricos para hablar de problemáticas de su presente, y considera que esa posibilidad sigue vigente en el teatro sinaloense.

“Para generar una historia tienes que tener un diálogo con la realidad y este diálogo se convierte después en un hecho artístico”, explica.

“Para generar una historia tienes que tener un diálogo con la realidad y este diálogo se convierte después en un hecho artístico que formó parte de la realidad, que surge de este diálogo. Para hacer una obra de teatro de determinado tema, tienes que dialogar, no puede salir de la nada”.

Los que hacían historias de guerra, ejemplifica, se iban al campo de batalla el mismo Pérez Reverte hacia sus historias desde el campo de batalla, y ahí estaba y ese es un diálogo.

Rodríguez considera que Sinaloa tiene suficiente materia para construir historias teatrales: personajes, pueblos, acontecimientos históricos y una amplia tradición artística que va de la literatura a la música, la pintura y las artes escénicas.

“Tenemos mucha historia, muchos personajes, pueblos mágicos, personajes maravillosos que si hacemos un recuento, Sinaloa es de los que ha portado más artistas: Inés Arredondo, César López Cuadras, Antonio López Sanz, Arturo Moyers, Elmer Mendoza, Oscar Liera, Juan José Rodríguez, grandes escritores pintores Rosa María Robles, Teresa Margolles, Rodolfo Arriaga como director, como creador escénico”, dice.

Sin embargo, lamenta que la imagen asociada con la violencia y el narcotráfico haya terminado por convertirse en uno de los relatos más recurrentes sobre el estado.

“Pero tenemos un lastre, una historia negativa que hace que mengüe un poco esta proyección que se requiere para que Sinaloa esté a la vanguardia. Simplemente en la música, en la música popular, Pedro Infante, Lola Beltrán. ¿Qué estado tiene toda esta riqueza?”.

Un teatro con pocos espacios

La nueva obra también nace en medio de una preocupación que Rodríguez ha expresado durante años: las dificultades para que los artistas puedan vivir de su trabajo.

Señala que en Sinaloa existen jóvenes egresados de carreras de teatro, música y danza que terminan trabajando en otras actividades mientras esperan una oportunidad relacionada con su formación.

“En estos momentos hay muchos chavos que salieron de la licenciatura en Teatro de la UAS, de la escuela de música, de la escuela de danza contemporánea (...) y que están desempleados, que no tienen trabajo en lo que estudiaron”, señala.

A ello se suma, dice, la falta de compañías, espacios y una industria consolidada de cine y televisión que genere empleos para los artistas.

En ese contexto, eligió el monólogo también por sus posibilidades de circulación: una producción con pocos integrantes y sin una escenografía complicada puede viajar con mayor facilidad a festivales y otros estados.

La puesta en escena tendrá como actriz a María Magdalena, a quien Rodríguez destaca por su disciplina y compromiso con el teatro. En el equipo creativo participan también Carlos Zamora, en la parte coreográfica; Ricardo Rodríguez, en aspectos técnicos y de canto; Pedro Pablo Camacho, en el vestuario, y otros colaboradores.

La fecha de estreno se dará a conocer en su momento, pero adelantó Rodríguez que la intención no es quedarse en unas cuantas funciones. Su apuesta es llevar la obra a una temporada amplia y alcanzar incluso las 100 representaciones.

“Yo no voy a dar dos, tres funciones”, afirma. Recuerda que algunas de sus producciones anteriores han superado las 40 y hasta 100 presentaciones.

Con Crónica de una gran actriz que no lo fue, Lázaro Fernando Rodríguez no solo prueba por primera vez el terreno de la dramaturgia. También vuelve a una de las razones que, después de más de 40 años, lo mantienen ligado al teatro: la necesidad de crear.

“Uno no sabe que sabe, hasta que lo hace”, dice.

Y ahora le toca comprobarlo sobre el escenario.