"Nace una estrella: Héctor Valle Loera"
Una voz que fluye, flota y queda vibrando genera una sensación de armonía y equilibrio que seduce los oídos de los que la escuchan.
El tenor Héctor Valle Loera consiguió ese efecto con el sonido que emitió y que le inyectó a la interpretación de una serie de canciones que se fueron directo a la emoción del auditorio y lo conmovió en el primer concierto como solista que ofreció el domingo pasado a las 12:00 horas en la Casa Haas y que dedicó al Día de los Enamorados.
Su voz bien timbrada, el color lírico natural que produjo un sonido franco, trasparente, conquistó los oídos del público.
El domingo por la mañana el corazón del Centro Histórico vibró con la voz de Héctor Valle Loera, que hace alrededor de ocho años llegó al puerto desde Guadalajara para formar parte del taller de Enrique Patrón de Rueda y Martha Félix, pasó por el Taller de Ópera de Culiacán y por el Estudio de Ópera de Bellas Artes.
La formación de un cantante se cocina lento, llega un momento en que se amalgaman sus aprendizajes adquiridos en un largo camino y se vierten en voz; en octubre, Valle Loera estuvo en Mazatlán ensayando su personaje de La Bohemia que cantó en noviembre en Bellas Artes. Hoy su seguridad y la consistencia en la musicalidad de su voz es más evidente que hace apenas cuatro meses, su voz brilla en el equilibrio.
Se lanzó al escenario con una serie de canciones de Tosti: Tristezza, Non´t amo piu, La ultima canzone, que mostró esa seguridad de dominar técnicamente las piezas, pero fue L´alba separa, dalla luce lámba la canción que reveló la unión de ese dominio técnico con la interpretación, con la pasión que Héctor Valle Loera siempre ha mostrado como una cualidad que lo ha hecho brillar, antes indomable y ahora al servicio de la música.
Con esta pieza consiguió que el público le lanzara un rabioso aplauso, las expectativas del concierto crecieron, el tenor ofreció otra equilibrada actuación con Vaghissima semblanza, sosteniendo las notas agudas y haciéndolas vibrar emocionantemente en las alturas.
Bien acompañado
Dos voces femeninas acompañaron al tenor, la mezzosoprano Rosa Muñoz, que con un dominio de su tesitura interpretó con sensualidad una de las arias más provocadoras del repertorio para esa viz Mon coeur s’ouvre a ta voix de Sansón y Dalila y la soprano guatemalteca Jéssika Arévalo, ambas cantaron La Barcarola de Los cuentos de Hoffaman de Rossini.Uno de los momentos más brillantes de la mañana lo consiguió el tenor cuando bordó el aria de Rodolfo, el personaje principal de La Bohemia, que Héctor Valle cantó en el Palacio de Bellas Artes en noviembre pasado.
Creó sobre el escenario, con su voz, esa emoción mezcla de frescura, entusiasmo, transparencia y deseo que es el enamoramiento, el aria que representa con música y voz ese sentimiento humano se llama Che gelida manina.
Héctor Valle la cantó con un evidente control sobre la musicalidad, cantó cada nota uniéndolas con naturalidad, haciéndolas vibrar en el corazón de cada uno de los presentes, llegó al agudo suavemente y con fuerza, lo resolvió con profesionalismo para descender dócilmente y rematar tranquilamente esa difícil aria, una de las más conocidas del repertorio operístico.
Otra de los momentos estelares de la mañana fue la interpretación del aria de Romeo y Julieta, Ah leve toi soleil.
Jessika Arévalo cantó Meine Lipen de Franz Lehar, con la picardía y la gracia de una gitana, el tenor eligió una especial para enamorados, Be my love.
Los tres cantantes se turnaron tres boleros cargados de amor desesperado, desaforado, ansioso: Despedida, Besos robados y Dime que sí, cerraron el concierto con un broche de amor.