Ovacionan mazatlecos a Nina Farvarshchuk y la Camerata Mazatlán con ‘Las Cuatro Estaciones’
El Teatro Ángela Peralta se convirtió en un espacio de profunda conexión musical con la Camerata Mazatlán, bajo la dirección del maestro Sergio Freeman, quien condujo “Las Cuatro Estaciones”, programa que transitó entre el barroco y la reinterpretación contemporánea, alcanzando uno de sus momentos más memorables con la participación de la violinista Nina Farvarshchuk.
Desde el inicio, el concierto dejó ver una curaduría precisa: el Concierto No. 11 Op. 3 de Antonio Vivaldi y el Concerto Grosso Op. 6 No. 8 de Arcangelo Corelli establecieron un diálogo con la tradición, destacando el trabajo de los violines solistas Arturo Romero y Alain Valencia, así como la solidez del chelo de Orlando Indrovo.
La Camerata respondió con cohesión y claridad estilística y evidenció el rigor técnico de sus secciones: violines, violas y continuo, con músicos como Janet Acosta, Angelina Blanchet, Víctor Villalobos, Sergio Vargas, Frida Zebadua, Víctor Alonso Osuna y Pablo López Mejía, entre otros.
El punto culminante de la velada llegó con Las Cuatro Estaciones Recompuestas de Max Richter, una obra que, como explicó el propio Sergio Freeman al público, no corresponde a la versión tradicional de Vivaldi, sino a una reinterpretación contemporánea que dialoga con la memoria musical desde una perspectiva actual. “Es una versión recompuesta... la música clásica, aunque tenga 300 años, sigue viva y se transforma”, expresó el director.
En este contexto, la maestra Nina Farvarshchuk asumió el rol protagónico con una ejecución de alto nivel artístico. Su interpretación no solo evidenció dominio técnico, sino una lectura profundamente sensible de la obra: fraseos precisos, manejo del arco con elegancia y una capacidad expresiva que permitió al público transitar emocionalmente por cada estación. La manera en que construyó los clímax sonoros y sostuvo los silencios generó una atmósfera envolvente que culminó en una ovación de pie.
-
La dirección de Sergio Freeman resultó fundamental para articular este recorrido estético. -
La Camerata destacó por su interpretación con cohesión y claridad estilística. -
La maestra Nina Farvarshchuk asumió el rol protagónico con una ejecución de alto nivel artístico.
La dirección de Sergio Freeman resultó fundamental para articular este recorrido estético. Su conducción equilibró con inteligencia la tradición barroca con el lenguaje contemporáneo de Richter, logrando que la orquesta mantuviera cohesión, dinámica y claridad en cada sección. Su discurso previo no solo contextualizó la obra, sino que abrió una puerta de comprensión para el público, reafirmando que la música es un arte vivo que se resignifica en cada interpretación.
El concierto cerró entre aplausos prolongados y una evidente conexión entre escenario y audiencia.