Que la unidad no se quede en discurso

FACTOR HUMANO
07/11/2026 18:37

Mientras el INE enfrenta nuevas presiones y las dirigencias opositoras postergan sus acuerdos, el ciudadano tiene razones para exigirles que cumplan su palabra.

Las próximas elecciones serán decisivas.

México está ante una disyuntiva: cambiar de rumbo o permitir que continúe el deterioro. Pero no basta con advertir el riesgo de una mayor concentración del poder.

También hay que mirar qué está haciendo —y qué está dejando de hacer— la oposición para enfrentarlo.

La pasividad ciudadana tiene consecuencias. La fuerza de una persona puede parecer insignificante, pero adquiere otra dimensión cuando se suma a la de miles que comparten la necesidad de recuperar la seguridad, la honestidad y el Estado de derecho.

México es tuyo, como lo es tu teléfono celular. Sentirlo propio implica dejar de esperar que otros resuelvan lo que también nos corresponde exigir.

La unidad que no llega

Los dirigentes nacionales del PRI y del PAN han reconocido públicamente que la unidad opositora es indispensable para competir frente al régimen. Sin embargo, una cosa es proclamarla y otra convertirla en acuerdos, candidaturas y estrategias concretas.

No se trata de restaurar privilegios partidistas ni de repartir posiciones entre las mismas cúpulas. Se trata de construir una alternativa capaz de defender instituciones autónomas, contener los abusos del poder y ofrecer gobernantes capaces y honestos.

A estas alturas, no se advierte una estrategia suficientemente clara para presentar candidaturas comunes en gubernaturas y alcaldías. Mientras tanto, el régimen avanza fortaleciendo su estructura territorial y modificando las reglas y al árbitro de la cancha a su favor.

El viejo dedazo, decidido desde las dirigencias nacionales, tampoco puede ser la respuesta. Cada estado conoce a sus propios liderazgos, sus capacidades y su prestigio.

La selección debe considerar esa realidad, no obedecer a cuotas o acuerdos cupulares.

Tampoco bastan las fotografías en colonias populares ni el activismo superficial en redes sociales.

La derrota también
puede ser negocio

Hay un aspecto que merece mayor atención ciudadana: las reglas electorales y los incentivos que pueden mantener divididos a los partidos.

Conforme a los artículos 41 y 54 de la Constitución, las reglas de financiamiento, conservación del registro y asignación de diputaciones de representación proporcional generan incentivos para que los partidos preserven sus estructuras y recursos, incluso cuando competir por separado reduzca las posibilidades de aliarse.

Así, una derrota electoral puede significar un revés para sus simpatizantes, pero no necesariamente para las dirigencias, que conservan el control de sus organizaciones y además reciben financiamiento público muy atractivo mientras mantienen su registro.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué pesa más para algunas dirigencias, construir una alternativa competitiva o conservar el control de su partido?

Cuando perder también permite sobrevivir.

La unidad puede dejar de ser una prioridad. Esa contradicción debe ponerse sobre la mesa. No podemos asegurar que todos los dirigentes actúen por conveniencia personal, pero sí exigirles que expliquen sus decisiones y demuestren con hechos qué están dispuestos a sacrificar para cumplir sus compromisos.

La fragmentación le facilita el camino al partido que cuenta con una estructura nacional más amplia. Una oposición dispersa puede competir legalmente y, aun así, carecer de fuerza suficiente para equilibrar el poder. Aparentar unidad no garantiza ganar..

El costo de mirar hacia otro lado

La concentración del poder no es un asunto exclusivo de los políticos. Sus consecuencias alcanzan la seguridad, la economía, los servicios públicos y la vida cotidiana. Es demasiado serio para dejarlo en manos de unos cuantos, como tradicionalmente ha sucedido. Por eso estamos como estamos.

México no puede permitir que la estabilidad económica, la seguridad y la salud queden subordinadas a una estrategia de mera permanencia política. Los ciudadanos terminan pagando la debilidad de los contrapesos... y las siguientes generaciones. ¿Qué les podremos responder a nuestros hijos y nietos?

Hagamos que cumplan

La sociedad mexicana ha oscilado históricamente entre la indiferencia, la venta y coacción del voto y la participación informada. Hoy tiene una tarea concreta: exigir a las dirigencias nacionales y estatales que conviertan sus promesas de unidad en compromisos verificables.

No basta con pedir candidaturas únicas. Hay que reclamar perfiles confiables, capacidad, acuerdos transparentes y mecanismos claros para seleccionar a quienes representarán a la oposición. La unidad no debe ser un reparto de cuotas, sino una responsabilidad ante los ciudadanos.

Los dirigentes ya reconocieron públicamente que necesitan ponerse de acuerdo. Ahora deben demostrarlo. Y si no lo hacen, tienen que explicar por qué.

Los partidos no son propietarios de los votos ni de la esperanza de sus simpatizantes.

Deben responder ante los ciudadanos. No podemos permitir que se conviertan en feudos de supervivencia burocrática mientras el país enfrenta un deterioro que empeora.

La defensa de México no depende exclusivamente de las cúpulas. También depende de una ciudadanía que deje de observar desde lejos y se organice para exigir resultados.

A estas alturas que los partidos de oposición no se unan en candidaturas comunes y dividan, sonaría a una traición que dejaría huella por décadas. Creo que nadie quiere eso en su sano juicio.

Mientras el INE enfrenta nuevas presiones y las dirigencias opositoras postergan sus acuerdos, el ciudadano tiene razones para exigirles que cumplan su palabra.