Daniel Giménez Cacho explora en ‘Juana’ el impacto emocional de escuchar y contar historias de violencia
¿Qué pasa cuando escuchar el dolor ajeno forma parte del trabajo cotidiano y, antes de tener tiempo para procesar una historia, ya hay otra que contar? ¿Qué costo personal implica comprometerse con esta labor? Estas fueron algunas de las preguntas que llevaron a Daniel Giménez Cacho a concebir Juana, su primer trabajo en dirección de largometrajes.
Intrigado por aquello que los periodistas viven a puerta cerrada y rara vez comparten públicamente, el actor quiso explorar las huellas que en ellos deja el contacto cotidiano con la violencia.
“Yo sí quiero generar empatía. Que al público le duela y lo sienta. Pienso que la empatía es una gran medicina contra el desprecio, el odio y la polarización. Nos hace más sensibles”, dijo el director del filme en entrevista con Corriente Alterna, después de un conversatorio con estudiantes de la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de CulturaUNAM.
Giménez Cacho contó que Marcela Turati y Patricia Mayorga, periodistas mexicanas que han dedicado su vida a documentar casos de violaciones a los derechos humanos en el país, lo orientaron y aconsejaron durante todo el proceso de escritura y filmación de la película. “Para arriesgar la vida, tiene que haber algo más fuerte, ¿no?”, les preguntaba él a ellas. Para el director de Juana, solo las emociones más profundas justificarían asumir los riesgos a los que estos profesionales se enfrentan en el mundo y especialmente en México.
Con casi cuatro décadas de trayectoria en la actuación, Giménez Cacho conoce de cerca el trabajo con las emociones. Sin embargo, señala una diferencia importante entre la experiencia de quienes se dedican a la actuación y al periodismo. Como actor, “entras y sales conscientemente (del personaje)”. Para un periodista, en cambio, escuchar y contar historias de violencia tiene otras implicaciones. “(Marcela Turati) hace un trabajo y lo publica. Pero eso se queda en el cuerpo, tanto dolor, es difícil”, comentó.
El director cuenta que la ansiedad y el miedo son experiencias comunes entre los periodistas que ha conocido. Pese a ello, señala, estos profesionales rara vez comparten estas emociones públicamente, pues suelen considerarlas parte de la vida íntima. “No van con Carmen Aristegui y dicen: ‘Ayer no podía dormir y me entró un ataque de ansiedad’” .
Una de sus primeras fuentes de inspiración para la realización de esta película, admite Giménez Cacho, fue su esposa, la fotoperiodista Maya Goded. No obstante, el clima político del país también jugó un rol determinante. Ante las alarmantes cifras de desapariciones y feminicidios, así como las deficiencias del sistema de justicia mexicano, el director se propuso ofrecer un retrato íntimo de quienes cargan con la responsabilidad de investigar e informar sobre estos asuntos.
“Creo que justo por eso la labor periodística cobra especial importancia porque, como los sistemas de justicia están colapsados y están coludidos y son tapaderas del crimen, la única posibilidad de conocer la verdad o aproximarnos (a ella), es el trabajo del periodismo independiente que establezca ciertas verdades para que haya justicia”, expresó Giménez Cacho durante el conversatorio que sostuvo con estudiantes de la UNAM.
En Juana, seguimos a una periodista que lleva una vida monótona y tiene dependencia a los medicamentos psiquiátricos. Atormentada por los asesinatos de su novio y su amigo, producto de una investigación que buscaba destapar una red de trata y explotación sexual de mujeres, los ataques de pánico y ansiedad son su cotidianidad. No es sino hasta que aparece una nueva víctima de esta red que Juana se propone retomar la investigación y recuperar el control de una vida marcada por traumas familiares.
La dirección como un trabajo colectivo
Durante el conversatorio, realizado el pasado 7 de octubre en el Cinematógrafo del Museo Universitario del Chopo, donde también se proyectó Juana, el director habló sobre los obstáculos de llevar a la pantalla grande una realidad tan dramática como la de los asesinatos de periodistas en México.
“Yo no considero que el director lo debe de saber todo, sino que llamas a profesionales de cada área que sí saben más que tú y lo que tú puedes hacer como director es provocar”, dijo al público. Posteriormente, en entrevista con Corriente Alterna, reflexionó sobre su curiosidad y disposición para aprender de los demás.
Después de haber trabajado con grandes directores internacionales, Giménez Cacho reconoce que tenía algunas intuiciones sobre la dirección. Sin embargo, destacó la importancia de contar con un equipo técnico capaz de materializar sus visiones. “Planeé mucho cómo yo lo quería hacer y fui fiel a eso”, dijo, “en el camino todo funcionó, todo se abrió muy padre. O sea, empezó a florecer y dije: ’vamos bien’”.
Juana se estrenó en festivales de cine a finales de 2025, pero no llegó a las salas comerciales mexicanas sino hasta abril de 2026. La película, escrita por Emma Bertrán y protagonizada por Diana Sedano y Margarita Sanz, ya recibió su primer galardón. A principios de octubre, Sedano ganó el premio Ariel por mejor actuación femenina.
Presencia femenina en Juana
En este nuevo episodio de su vida, Giménez Cacho admite que encontró una red de apoyo en su esposa Maya Goded y sus hijos, así como en Emma Bertrán, guionista de la película; Regina Solórzano, la productora, y el fotógrafo Dante Díaz. Al reparar en la presencia constante de mujeres en sus equipos de trabajo, reflexionó:
Esa es un poco la historia de mi vida, o sea, yo nací con cuatro hermanas y luego siempre que quiero hacer tal, aparecen mujeres a ayudarme.
Precisamente, fue su cercanía con las mujeres lo que lo llevó a plasmar en Juana la violencia generada y perpetuada por el patriarcado, desde la esfera privada hasta la institucional. “Distintas manifestaciones de la misma violencia sistémica del patriarcado. En este caso se cruzan las dos y es demasiado abrumador”, explicó al referirse a las violencias que atraviesan a la protagonista, por su doble condición de mujer y periodista.
El director deseaba que las acciones de la protagonista no respondieran exclusivamente a valores como la “justicia” o “la verdad” que, en narrativas populares, se han asociado al periodismo. “Esos son valores así abstractos, absolutos, de los que yo siempre he desconfiado”, dijo en entrevista.
En Juana, múltiples escenas retratan a la protagonista mientras es aconsejada, cuestionada o contenida por mujeres con personalidades diversas y complejas. En otros momentos, Juana verbaliza también su impotencia ante la violencia patriarcal. “Ese es un grito que yo hubiera querido dar a los 14 años tal vez y no di. ¿Sabes? Yo me lo quedé así y ahora ella lo da por mí”, externalizó el director al recordar el machismo en el propio hogar en el que creció.
Las decisiones que hicieron posible Juana
En respuesta a algunas dudas sobre las decisiones técnicas que tomó como director, Giménez expresó que el trabajo de cámara, las secuencias, los ángulos y la música en Juana comparten el propósito de acercar al espectador a la protagonista. “Pienso que la mitad del trabajo es ya escoger a las actrices. Y luego nada más lograr que florezcan, hacer un clima de confianza”, afirmó.
La elección del título, por su parte, responde a una intención clara: aterrizar la historia en la experiencia cotidiana. “Esa fue una idea de la guionista y su idea era que fuera un nombre muy común: ‘Juana’, ‘María’, que podría ser cualquiera. Que no fuera un nombre especial porque fuera un caso especial, sino que es cualquiera, una periodista común y corriente”, contó Giménez Cacho a la audiencia.
Motivos similares llevaron a Giménez Cacho a aceptar la propuesta del editor de mantener abierto el final de Juana, según compartió con los asistentes al conversatorio.
Es un final que queda suspendido porque pues por otro lado pensé, bueno, pues es un tema que ahí sigue, que no se ha resuelto aquí en México.
Cerca del final del encuentro con la comunidad UNAM, Giménez Cacho celebró que Juana se mantuviera diez semanas en cartelera tras su estreno en abril de 2026. Sin embargo, llegar a las salas comerciales fue un proceso largo, pues el equipo tardó cinco años en conseguir el presupuesto para realizarla. “No es una cosa de taquilla, sino es una labor de que este contenido entre a la agenda y a la discusión, entonces eso es una cosa muy linda de compromiso”.
Aunque este es un obstáculo al que a menudo se enfrentan las producciones independientes, en Juana existe un factor añadido: la temática. “Hay una dificultad para distribuir la película, digamos que eso no es censura directa, pero pues sí viene a resultar en una dificultad de que se distribuya más, porque el mercado pues tiene dueños y pues no hay una actriz famosa. El tema es difícil, es duro”, concluyó.
Este trabajo fue realizado sin fines de lucro para la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM, y publicado originalmente en la plataforma Corriente Alterna. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización previa de la UIP. La publicación original se puede consultar en corrientealterna.unam.mx