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"Mazatlán"

"Saber vivir: La intención y la culpa"

"Lo más importante es asumir la responsabilidad por el daño que se causó, cuando efectivamente se causó un daño"

A mi consultorio recurren con cierta frecuencia pacientes que tienen un tiempo sintiéndose culpables y, en ciertas ocasiones, la culpa no los deja vivir sanamente, viven y duermen con culpa, es un sentimiento que los está desgarrando por dentro y que no les permite ver a los ojos a cierta persona.

Yo les aclaro que siempre en nuestros actos hay una intensión y, por lo general, no la tomamos en cuenta, y ahí está la clave de todo, cuando se tiene culpa, debemos de hacer un análisis de toda la situación, qué fue lo que exigimos, esperábamos, cómo actuamos y cuál fue el método que utilizamos, y de ello dependerá si realmente hay culpa o no debe de existir.

Por ejemplo, recuerdo hace mucho tiempo, un señor fue a consulta debido a la gran culpa que sentía con su único hijo, que en aquel entonces el hijo ya era un profesionista, él ya estaba retirado de sus negocios y ahora quería disfrutar de su hijo, pero se dio cuenta que no tenían mucha comunicación entre ellos, el hijo se llevaba de maravilla con su madre, pero en cuanto entraba el padre a la habitación, imperaba el silencio, y eso al padre le incomodaba.

Yo le pregunté que si tenía claro de dónde venía ese sentimiento de culpa, y me contestó que nunca estuvo en la vida de su hijo, que él solo se dedicó a trabajar y trabajar, y dejó toda la crianza del hijo a su esposa, ella se lo recordaba a cada rato, que no lo vio crecer, ni lo acompañó en los festivales de la escuela y no estuvo presente en los momentos difíciles de la adolescencia, y estos reclamos le dolían, pero siempre calló, pues en realidad no sabía qué contestar.

Le hice ver que aún tenía tiempo y que se aplicara en rescatar a su hijo, investigar sus gustos y aficiones, con esto tendría elementos para irse poco a poco acercándose a él, hasta rescatarlo y crear una verdadera relación padre e hijo, él lo intentó, pues ahora sí tenía tiempo y sobre todo, tenía la necesidad de rescatar a su hijo, lo sentía muy frío y lejano.

En el intento, me platicó que el hijo lo cuestionó y le dijo que por qué ahora él tenía tantas atenciones hacia su persona, ¿qué de qué se trataba?, que lo incomodaba, pues no había la suficiente confianza para llevar una conversación, le dejó claro el hijo que sí lo respetaba como padre, pero no había ese amor, pues siempre estuvo ausente en su vida, que por favor dejara así las cosas, con ese respeto, pero no podía haber un amor real de hijo a padre, eso le dolió hasta la médula… hasta lo más profundo de su ser, el señor estaba consciente de su ausencia, pero el que su hijo fuera tan honesto con él, le dolía aún más.

Yo noté que tanto padre como hijo estaban muy dolidos, quizá hasta heridos emocionalmente, por lo que cité a la siguiente consulta tanto al padre como al hijo, afortunadamente el señor siguió las indicaciones para invitar a su hijo y hacer que asistiera de buen agrado, los dos llegaron puntuales y le pedí al hijo que expresara todo lo que sentía a su padre, les confieso que fue muy doloroso, al padre se le había indicado solo escuchar a su hijo, entre lágrimas le confió a su padre que sí lo quería y mucho, pero que a veces sentía tratar a un desconocido, pues su padre vivía en la misma casa, pero era muy poco el tiempo en el que coincidían, por lo general el domingo, a partir del mediodía.

Ya que terminó el hijo de desahogarse, le pedí al padre que podía hablar, no que se defendiera ni se disculpara, que hablara desde cómo fue su infancia, las carencias que él tuvo, cómo fueron sus padres y su vida detalladamente, que regresara la película de su vida y la compartiera.

En el relato, que fue muy doloroso, le explicó a su hijo que solo le dieron la educación primaria sus padres, que a él le hubiera gustado haber estudiado para ser un ingeniero, porque eso le encantaba, pero las limitaciones económicas que tenían como familia, no le permitió a su padre pagar sus estudios y solo pudo estudiar hasta sexto de primaria y de ahí en adelante lo

mandaron a trabajar, para poder resolver los gastos de sus hermanos.

Él se quedó con esas ganas de haber ido a universidad y juró que él iba a trabajar muy duro para tener la posibilidad de darle educación universitaria a sus hijos, pues él se quedó con ese sueño sin realizar, sabía mucho de ingeniería, porque él por su cuenta siempre leyó o se asesoró con otros ingenieros.

Ahí, en ese momento, aclaré que la intensión de este padre era darle estudios universitarios a su único hijo, por eso se dedicó a trabajar largas jornadas, por lo tanto, no debía de haber culpa, lo que sí faltó, fue más acercamiento a su hijo y no solo haber trabajado tantas horas, debió haber administrado mejor las horas laborales, simplemente el método no fue el adecuado para proteger a su hijo de lo que él padeció.

Afortunadamente ya tenían tiempo para solucionar esa relación de padre e hijo, con el pasado ya no había nada qué hacer, el hijo lloraba porque él no sabía que el padre muchas veces durmió cobijado por papel periódico en las calles, que en su juventud muchas veces solo probaba una sola comida al día, no sabía de su juramento, en donde se comprometía a dar todas las comodidades que él no tuvo, para su familia y sobre todo, pagar estudios universitarios a su hijo.

Fue muy satisfactorio ver a padre e hijo perdonándose de todo corazón.

Debemos de tener claro que la culpa es un verdadero veneno en la vida de cualquier persona. Su principal tarea es la de atormentarte, invadirte de angustia y de auto desprecio. Al final, no te sirve básicamente para nada.

La culpa conduce al reproche y a la desvalorización de uno mismo. En los casos más críticos, alimenta pensamientos o actos suicidas.

Se puede decir que la culpa lleva a las personas a convertirse en enemigas de ellas mismas y que da lugar a un pequeño infierno, en donde el culposo termina recriminándose a sí mismo.

En ciertas ocasiones, los sentimientos de culpa nacen sin que se haya hecho algo que pueda considerarse reprochable. Basta con que la persona tenga un pensamiento que califique como reprobable, para que se desate el sentimiento de culpa.

Lo más importante, si te quieres liberar de la culpa, es asumir la responsabilidad por el daño que se causó, cuando efectivamente se causó un daño. Esto significa reparar ese perjuicio, en la medida en que sea posible, trabajar con el perdón es lo más efectivo para rescatar una relación de cualquier tipo.

Atormentarte por una culpa no te hace mejor persona. Todo lo contrario: te impide mejorar. Asumir la responsabilidad propia en los daños reales e imaginarios es el camino auténtico para superar esta inútil faceta del sufrimiento.

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