"Estimado empresario familiar: ¿eres adicto al control?"

"Ceder responsabilidades es vital para lograr el desarrollo de tu empresa, incluso en medio de la pandemia. El aprender a compartir o delegar es absolutamente necesario para cualquier empresario, directivo o persona que quiere crecer"
21/02/2021

José Mario Rizo Rivas

“Ningún hombre que quiera hacerlo todo solo o llevarse todo el crédito por hacerlo, será un buen líder”.

Andrew Carnegie

 

A muchos nos pasa: a la hora de emprender un negocio, o en el camino a la consolidación, quienes estamos al frente de la empresa nos hemos convertido en todólogos.

Absortos en esa inercia, se nos olvida ─o ni siquiera consideramos─ que existe la opción de delegar... un arte que pocos líderes dominan. Aprender a hacerlo efectivamente va mucho más allá del concepto de aminorar tu carga de trabajo, aprender a delegar correctamente implica empoderar a tu equipo, construir confianza y fomentar el desarrollo profesional de todos tus colaboradores. Dicho de otro modo, un jefe que no delega siempre tendrá colaboradores que se limitarán a ser “levanta pedidos”.

 

Una tripulación de una sola persona

Imaginemos esto: si el capitán embarcación está reparando la maquinaria, porque considera que solo él puede hacerlo bien, ¿entonces quién lleva el timón? Probablemente nadie, porque el capitán tampoco confía en el segundo de a bordo. Todos sabemos que un capitán competente conoce, al detalle, qué hace el oficial de telecomunicaciones, qué ocurre en el departamento de máquinas y las tareas de cada oficial de cubierta, pero no se encarga con sus propias manos de esto, porque él tiene su propio trabajo: dirigir y coordinar.

Ser el jefe de una empresa se parece mucho a dicho contexto, pienso yo. Ahora, si incluimos a la ecuación la variable de la pandemia podríamos hacer la analogía con el capitán de un avión: en una noche oscura, o un cielo completamente nublado, el capitán tendrá que confiar no solo en su desempeño, sino en otros: el copiloto, el operador de la torre de control, los propios instrumentos de la aeronave.

Este escenario se parece al que vivimos actualmente, donde el trabajo remoto obliga a los líderes a ejercer sus funciones a distancia, sin completo control de los demás. Si ya te resulta difícil confiar en que las tareas sean realizadas con exactitud y eficiencia cuando supervisas presencialmente, creer sin ver puede ser un desafío enorme para tu receloso controlador interno.

 

¿Tiene usted adicción a controlarlo todo?

Repasemos 3 síntomas típicos del llamado micromanager o microgestor, y veamos con cuántos nos identificamos:

  1. ¿Le hace falta tiempo? El microgestor se enfrenta a esto casi todos los días: un colaborador necesita de su tiempo para poder avanzar con una tarea. Ya sea para revisar el pendiente, para aprobarlo, para recabar una firma, o simplemente porque tiene miedo de seguir adelante sin el visto bueno del jefe. ¿Cuántas veces a la semana le pasa esto?
  2. ¿Se ha vuelto un cuello de botella? De todas estas personas que lo buscan, ¿cuántas llevan esperando más de un día, tres días? ¿Cuántos pendientes se vienen arrastrando de un mes al otro? ¿Qué tanto tiempo extra ha tenido que hacer para poder lidiar con todas las solicitudes de sus colaboradores? ¿Cuántas veces tiene que citar a los colaboradores el fin de semana para por fin acabar con un pendiente?
  3. ¿Cuál es el perfil de las personas que vienen buscando su aprobación? Muchas personas independientes o capaces pueden volverse dependientes si la cultura de la empresa promueve la microgestión en vez de la interdependencia. En una empresa familiar, es común encontrar que el director general todavía deba contar con el visto bueno del fundador para tomar decisiones, cuando el fundador, quien es su padre, lleva años oficialmente retirado del negocio. ¿Qué tipo de personas vienen a pedir su visto bueno? ¿Son novatos en la empresa, o son personas de posiciones altas, con años en el negocio que podrían llevar a cabo ese trabajo de manera autónoma?
Otra verdad muy manida, pero pocas veces practicada, es que la empresa debe funcionar tanto si el dueño o fundador está ahí como si no está. En mi experiencia, he encontrado que existen 3 hábitos que nos pueden ayudar a romper el círculo vicioso del microgestor:

  • No seas hermético. Comunica lo que quieres lograr para que tu equipo encuentre el cómo lograrlo. El equipo debe conocer el rumbo que le quieres dar a la empresa para que sepan qué priorizar incluso cuando estés ausente. Sé claro en tus expectativas para alcanzar el resultado deseado. Te sorprenderá lo que un equipo talentoso puede proponer para llegar al objetivo.
  • No apruebes y desapruebes. Explica tus expectativas. No hay que temer. Que ya no estés a cargo de cierta tarea no implica que te libres de la responsabilidad de que se haga bien. Pero tú no debes ser el único dueño de los criterios que usas para resolver un problema. En vez de decirle a las personas lo que tiene que hacer o cómo arreglarlo, enséñale cómo analizar y diagnosticar un problema.
  • Dialoga y retroalimenta en un ambiente amigable. Dar retroalimentación también es todo un arte. Para hacerlo mejor, te recomiendo escuchar el podcast Work Life Balance de TED, concretamente el episodio 1, titulado “Cómo amar la crítica”. Este episodio nos muestra una cultura corporativa donde la gente ama recibir retroalimentación. No es algo fácil, pero para empezar recuerda que la retroalimentación no es el momento para castigar a alguien que ha hecho mal las cosas. En especial, un microgestor debe permanecer abierto a escuchar nuevas maneras de hacer las cosas, aunque no sea la que él utilizaba.
 

Una última duda: ¿cuándo no delegar?

Reserva para ti las actividades en las que te desenvuelvas mejor que nadie, las que disfrutas hacer, las que son tus fortalezas. Para el resto de las actividades, encuentra gente mejor que tú, más inteligente que tú. Recuerda: si eres la persona más inteligente en la habitación, entonces algo estás haciendo mal. Rodearte de gente competente es como jugar un partido de fútbol con jugadores de más nivel que el tuyo: eventualmente tu nivel de juego mejorará. Cuando el microgestor quiere hacerlo todo, también está acaparando actividades que alguien podría hacer mejor, lo que, sin querer, hace que la empresa sea menos efectiva.

Recuerda que al ceder responsabilidades no estás cediendo el timón, sino ganando la oportunidad de estar a cargo de una mejor tripulación, un mejor barco, y de navegar a territorios más emocionantes. Delegar puede dar miedo, pero como todo en la vida, que los retos nos pongan nerviosos es una de las señales más comunes de que nos harán crecer como persona.