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‘Nenis’, las llaman

Son músculo en la economía: ni 2020 las frenó. Aún así hay quien las hace menos

‘Nenis’ es un término que se viralizó como parte de las burlas hacia las emprendedoras que venden por medio de redes sociales. Ellas reviran la crítica clasista y machista y se apoderan del término que portan con orgullo al mostrarse como mujeres empoderadas en busca de independencia económica
16/03/2021

Sugeyry Romina Gándara

MÉXICO (SinEmbargo)._ Ana Karen Cruz Flores se toma su tiempo para escribir a mano una nota de agradecimiento. “Tú eres más que una talla”, apunta en un colorido paquete que entregará en alguna estación del Metro de la Ciudad de México. El mensaje es para hacer sentir mejor a sus clientas.

Ella vende ropa de segunda mano. Inició un bazar en Instagram para sustentar sus estudios de odontología. La joven de 22 años es una de las mujeres emprendedoras conocidas en la red como “Nenis“; así se define ella y lo dice con orgullo.

Venta de ropa, zapatos, galletas, postres, joyería, artesanías y artículos de todo tipo son parte de los productos que las mujeres ofrecen en las plataformas digitales como parte de su emprendimiento, al cual han recurrido tras experimentar la falta de mejores condiciones laborales o simplemente al buscar una alternativa de ingreso para solventar sus estudios.

El término “neni” se popularizó desde hace un par de semanas cuando se viralizaron memes y chistes que empleaban esta palabra para hacer burla a quienes utilizan las redes sociales para el pequeño comercio.

El catalogar a las personas por su desempeño y burlarse de sus esfuerzos por salir adelante -ya sea previo o durante la pandemia- ha causado enojo, pero eso también ha provocado que ellas busquen reivindicar el término.

Ana, Andrea, Carolina, Daniela y Paloma, cinco emprendedoras entrevistadas por SinEmbargo, reviran a la denostación de esta palabra al contar sus experiencias y mostrarse orgullosas de los proyectos que cada una ha realizado y que les resultan rentables.

“En las últimas semanas nos han llamado “nenis”, es esta palabra que usan de forma despectiva para referirse a nuestro trabajo. Nosotras nos apoderamos de ese término ya que es la satisfacción de poderle llevar nuestro emprendimiento a otras personas, a otros estados y poder crecer con la ayuda de otras mujeres”, expresó Daniela Vargas, quien inició en el mundo de los bazares de ropa desde los 17 años.

Andrea Portal, quien vende galletas junto con ilustraciones que ella misma crea, desestima las críticas y opta por ver el lado bueno a su trabajo

“Hay una frase que dice que en tiempos de crisis unos se dedican a llorar y otros venden pañuelos. ¿Adivina quienes estamos vendiendo pañuelos en esta crisis? ¡Las ‘nenis’!”. Yo prefiero ser de las que venden pañuelos a los que se sientan a llorar”.

“Tenemos una mentalidad muy errónea sobre clasificar a las personas según sus esfuerzos. Para mí ser ‘neni’ me llena de orgullo y lo porto con la cabeza en alto”, añadió Ana Karen.

$!Venta de ropa, zapatos, galletas, postres, joyería, artesanías y artículos de todo tipo son parte de los productos que las mujeres ofrecen en las plataformas digitales.
Venta de ropa, zapatos, galletas, postres, joyería, artesanías y artículos de todo tipo son parte de los productos que las mujeres ofrecen en las plataformas digitales. ( )

Las comerciantes entrevistadas consideraron que las críticas son muestra de una arraigada cultura de burla social a la clase trabajadora, así como un reflejo del machismo que no quiere permitir el empoderamiento de la mujer. En ello concuerda Carmen Ponce Meléndez, economista especializada en temas de género.

“La descalificación que se está haciendo es verdaderamente bochornosa y vergonzosa. Como mujeres nos debería dar mucho enojo y vergüenza que se haga esto; castigarlas por buscar un ingreso para su familia -a pesar que están exponiendo su vida al tener que salir en la pandemia- y por buscar una forma de no tener una dependencia total del mundo patriarcal; ese es su ‘delito’ y se les castiga de esa manera: con misoginia y con machismo”, dijo la experta.

Meléndez indicó que es importante no perder de vista que la desigualdad laboral y la precarización ha orillado a miles de mujeres a tener que autoemplearse, excluyéndolas de derechos laborales. Además, recalcó que es necesario brindar un techo de seguridad social para las miles de trabajadoras informales.

Andrea Portal es actriz. Su trabajo en sets se redujo por la crisis de la Covid-19. El estrés durante la pandemia la llevó a retomar, como terapia ocupacional, las ilustraciones que ella hacía, pero que consideraba solo como un hobby; también, para liberar la ansiedad comenzó a hornear galletas con una receta de su abuela. Luego empezó a venderlas a sus amigos y de pronto, notó que las ventas se extendían más allá de su círculo cercano. Vio una oportunidad de ingreso y comenzó a promocionarlas en redes. Entonces, los pedidos comenzaron a prosperar.

“Ay, qué oso que estés haciendo galletas”, le escribieron a Andrea, de 42 años, en un mensaje directo cuando empezaba a publicar en redes sociales su repostería junto con postales ilustradas. Su respuesta fue tajante. “No, qué oso quedarme sentada y llorando”.

La artista se dice orgullosa de ser “neni”, pues trata de emprender y aprovechar su capacidad de hacer cosas para tener una mejor condición mental, de salud y un ingreso extra. Además, de poder afrontar la falta de empleo que le provocó la crisis sanitaria.

La realidad es que la pandemia del Covid-19 agudizó el desempleo. México cerró el año 2020 con 647 mil 710 plazas laborales menos que las registradas en 2019, de acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social.

Se estima que desde abril de 2020, al menos 12 millones de personas perdieron sus trabajos y aunque se han ido recuperando, para las mujeres es más complicado, pues mientras 5.2 millones de hombres consiguieron empleo, solo 1.9 millones de mujeres lo lograron, de acuerdo con el reporte “Exclusión económica y de la precariedad laboral de las mujeres”, de la organización Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

$!Andrea entrega sus galletas junto con una postal que ella misma ilustra.
Andrea entrega sus galletas junto con una postal que ella misma ilustra. ( )

Precariedad laboral

Paloma Peña hace bisutería personalizada y la vende por redes sociales desde hace cuatro años. Comenzó en esta actividad al no encontrar un empleo formal que se acomodara a sus necesidades.

“Tuve un empleo, pero no estaba bien remunerada, el sueldo no me alcanzaba. Me salí de ese trabajo y fui chofer de Uber, pero luego sentí que me estaba exponiendo a peligros por la inseguridad que se vive. Entonces, me di cuenta que tenía que emprender algo que me generara un ingreso para poder mantener mi casa”, narró.

Si bien la Comisión Económica para América Latina y el Caribe observó que el Covid-19 también profundizó “los nudos estructurales de la desigualdad” y ahora “atenta seriamente contra la autonomía de las mujeres”, la exclusión y la precariedad en el trabajo han sido la constante para la mayoría de las mujeres en México desde hace muchos años.

“Esto tiene por lo menos 50 años y siempre se ha hecho con súper explotación de las mujeres, pero ahora hay diferencias. ¿Cuáles?, el enorme crecimiento de desempleo con la pandemia”, añadió Carmen Ponce.

En el País solo seis mujeres de cada 100 ganan más de 13 mil 200 pesos. En tanto que tres de cada cuatro tienen ingresos inferiores a seis mil 591 pesos mensuales, el equivalente a dos canastas básicas, destacó recientemente Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, a propósito del Día Internacional de la Mujer.

La desigualdad en el ingreso es otra de las violencias que se arrastran. De acuerdo con estimaciones la misma organización, antes del inicio de la pandemia, el ingreso promedio de los varones en México era superior en 646 pesos al de las mujeres; después del impacto de la crisis de salud, la diferencia aumentó hasta mil 072 pesos.

Para ilustrar esta discrepancia, cada mujer tendría que trabajar meses de 36 días para igualar al ingreso laboral de los hombres o de 39 días para tener un ingreso laboral suficiente para poder adquirir lo equivalente a dos canastas básicas.

Combatir el fast-fashion

Carolina y Daniela se involucraron cada una en la venta de ropa de segunda mano para obtener un ingreso y porque les interesó la cultura del mundo de los bazares, la cual se basa en fomentar el consumo sustentable al comercializar prendas de segunda mano y con ello tratar de combatir el fenómeno denominado fast-fashion.

“Esto es una moda consciente porque se trata de comprar ropa de segunda mano, ropa que ya existe y, aunque ya se usó, puede seguir siendo usada para alargar su vida para disminuir el consumo fast-fashion, que implica la explotación laboral y la contaminación generada a partir de la producción masiva de la ropa, que además sólo vuelve a la gente muy consumista”, narró Carolina.

Carolina, de 38 años, es madre y lleva cuatro años con su red de bazares “Adiós Clóset”; inicialmente lo hizo para fomentar el consumo sustentable, pero encontró en este mecanismo una alternativa de ingreso que le era funcional para sus actividades como mamá. Ella platica que trabajó en oficina y la falta de empatía de sus empleadores ante sus necesidades de cuidar a su hijo la llevaron a optar por dedicarse mejor a los bazares.

$!Carolina lleva cuatro años que inició su proyecto de bazares Adiós Clóset.
Carolina lleva cuatro años que inició su proyecto de bazares Adiós Clóset. ( )

El proceso

Ana Karen, Carolina, Daniela, Paloma y Andrea explican que para que la actividad sea redituable es necesario invertir tiempo, dinero, mucho empeño y esmero.

“Como en todo trabajo, obviamente, tienes que dar un buen servicio, una buena imagen. Lo tienes que hacer con pasión y dedicación para que todo funcione”, expresó Carolina.

Ana, quien cuenta con 10 mil seguidores en su cuenta de Ana Banana en Instagram, detalla que invierte cerca de 20 horas a la semana, cuando menos; pero hay días en que empieza desde las 5 de la mañana y termina hasta las 5 de la tarde.

El proceso para sacar un producto a la venta implica desde ir a buscar ropa a tianguis o bazares, lavar y desinfectar bien las prendas y plancharlas. Después, viene la producción: armar conjuntos y tomar las fotografías para publicitarlas. Finalmente, el tiempo para el empaquetado y entrega.

Paloma comparte que ella se dedica de tiempo completo a su negocio al que llamó en Instagram “Paloma Diseños”. Desde ir a buscar el material para la elaboración de los artículos y el trabajo de venta que le toma varias horas.

“Desde la mañana contesto mensajes sobre preguntas de los productos y para agendar entregas. Al medio día y en la tarde salgo para hacer las entregas”, explica.

Andrea narra cómo al ver que su proyecto “Galletitas de Andrea” prosperaba, optó por invertir en él y de iniciar su negocio con una estufa pequeña. Ahora ha adquirido una más grande y equipo especializado en repostería.

El toque personal, el trato ameno, cordial, es una de las caracterizas de las “nenis”, que, si bien han tratado de utilizarlo para demeritarlas, ellas lo emplean justo como un distintivo a su favor, a diferencias de las grandes tiendas departamentales.

“Me dan risas las burlas, pero también quiero decir que hay mucha otra gente que piensa bien de nosotras. Es un modo de trabajo de mujeres que emprendedoras que queremos hacer las cosas diferente y no irnos por el típico trabajo tradicional”, dice Paloma.

El trato cariñoso entre vendedoras y clientas con frases como linda, nena, bonita, son característicos. Las emprendedoras destacan que una atención amable debe de ser aplaudible y no motivo de crítica.

Para las entrevistadas ser emprendedoras también las ha llevado a formar parte de una red entre mujeres y aunque no les avergüenza, sin embargo, sí alertan que la crítica puede incidir y afectar a otras que apenas empiezan o intentar emprender sus proyectos.

“Ser parte de la comunidad de los bazares me ha dado más de lo que yo pude haber imaginado porque yo pude conectar con muchas mujeres alrededor de la República y he puesto mi granito de arena para reducir el fast-fashion al usar lo que ya se encuentra en el mundo. Ser ‘neni’ es ser orgullo feminista”, expresa Daniela.

“Me molestó muchísimo y la verdad cuando empezaron a utilizar este término de manera despectiva. Nosotras decimos ‘neni’ como una forma de hablarnos entre nosotras con cariño, de confianza, de poder acercarnos al otro lado. Me encantaría que la sociedad tuviera esta apertura de no burlarse de las emprendedoras a través de este término, más bien de aplaudirlo porque hay mucho esfuerzo detrás. A mí no me no me hace menos, pero a lo mejor hay personas que apenas van empezando con proyectos y burlar de esto puede bajar tus expectativas y puede influir en que pares en algún proyecto”, concluyó Ana Karen.