El Papa León XIV llama a no instrumentalizar a Dios con fines militares, económicos o políticos
El recuerdo del reciente viaje de León XIV a África en abril pasado, en particular su parada en Bamenda, en el norte de Camerún, asolado por las guerras separatistas, se reiteró en la audiencia de esta mañana, 9 de mayo, con las hermandades y comunidades musulmanas de Senegal, junto con varios representantes cristianos, en el Palacio Apostólico Vaticano. En su discurso, en francés, el Papa reiteró varios puntos y condenas ya expresados durante su peregrinación a cuatro países africanos. Ante todo, el hecho de que Dios nunca debe ser explotado con fines militares, económicos o políticos. El Papa también recordó que el diálogo interreligioso es “un valioso medio para aliviar las tensiones y construir una paz duradera”. Al promover este diálogo, “la política y la diplomacia pueden recurrir a fuerzas morales capaces de apaciguar tensiones, prevenir la radicalización y fomentar una cultura de estima y respeto mutuos”.
Senegal, tierra de “tarenga”
León XIV destacó la tradición senegalesa de hospitalidad y solidaridad, plasmada en la palabra wolof “tarenga”, que define la identidad del pueblo senegalés. “Este encuentro es una expresión significativa de nuestra amistad y de nuestro compromiso compartido con la promoción de una sociedad inclusiva, pacífica y fraterna», afirmó el Papa ante líderes y representantes musulmanes. La tradición senegalesa de hospitalidad encierra un “tesoro de fraternidad que debe ser cuidadosamente protegido”, pues es “un valioso bien no solo para su nación, sino para toda la humanidad”.
Y esto, subrayó León, cobra aún mayor importancia en un contexto africano donde “persisten los conflictos armados”, con sus dramáticas consecuencias: “graves carencias humanitarias, profundas desigualdades que afectan a poblaciones enteras a diario, por no mencionar el preocupante auge del extremismo violento”. A todo esto, se suman los crecientes flujos migratorios y refugiados, la incitación al odio que envenena el tejido social, el debilitamiento de los lazos familiares y la erosión de los valores éticos y espirituales, especialmente entre los jóvenes.
Diálogo y responsabilidad compartida
Ante este panorama, “el mundo necesita diplomacia y diálogo religioso basados en la paz, la justicia y la verdad”, reiteró el Papa, haciendo hincapié en la naturaleza fundamental del diálogo entre cristianos y musulmanes, quienes creen «que todo ser humano es creado por las manos de Dios y, por lo tanto, dotado de una dignidad que ninguna ley ni poder humano tiene derecho a confiscar».
El Pontífice enfatizó que ambas religiones comparten una responsabilidad común, exhortándonos así a “condenar toda forma de discriminación y persecución basada en la raza, la religión o el origen; rechazar toda explotación del nombre de Dios con fines militares, económicos o políticos; y alzar nuestras voces en apoyo de toda minoría que sufre”.
El valor de responder a los conflictos con fraternidad
La oración del Sucesor de Pedro es “que Dios Todopoderoso reavive el deseo de comprendernos mejor, de escucharnos y de vivir juntos con respeto y fraternidad. Que nos conceda el valor de emprender el camino del diálogo, de responder a los conflictos con gestos de fraternidad y de abrir nuestros corazones a los demás, sin temor a las diferencias”. Su esperanza final es “una colaboración cada vez más profunda para el bien de la humanidad”.