Estados Unidos y Canadá: aranceles, negociaciones fallidas y una disputa que sigue escalando

Lo que durante muchos años fue una relación impulsada por la cooperación, ahora, Estados Unidos y Canadá se encuentran en medio de un enfrentamiento comercial que se gestó a base de aranceles y la ausencia de un acuerdo que ambas naciones consideren favorable
20/09/2026 10:54

La relación entre Estados Unidos y Canadá atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión en años. Lo que comenzó con amenazas arancelarias terminó por convertirse en un nuevo choque comercial entre dos socios históricamente estrechos.

Pero, ¿cómo llegaron ambos países hasta este punto y qué ocurrió para que las negociaciones no lograran evitar una nueva escalada?


Una relación que se fue deteriorando

La tensión actual entre Estados Unidos y Canadá no surgió de un día para otro, ya que durante el segundo mandato de Donald Trump, la relación entre ambos países comenzó a deteriorarse a partir de una serie de disputas comerciales, amenazas arancelarias y desencuentros políticos que fueron acumulándose con el paso de los meses.

Uno de los primeros episodios ocurrió en enero de 2025, cuando Trump anunció que planeaba imponer un arancel de 25 por ciento a las importaciones provenientes de Canadá. Washington justificó entonces la medida con argumentos relacionados con la migración irregular y el tráfico de drogas, mientras el entonces Primer Ministro Justin Trudeau advirtió que Ottawa respondería.

Aunque la entrada en vigor de los aranceles fue aplazada y posteriormente se establecieron algunas excepciones, la tensión no desapareció. En marzo de ese año, Canadá comenzó a aplicar sus propias medidas de represalia, mientras Estados Unidos mantenía otros gravámenes sobre sectores como el acero y el aluminio.

Las diferencias también alcanzaron las negociaciones comerciales. En octubre de 2025, el gobierno de Mark Carney planteó la necesidad de reducir la dependencia económica de Estados Unidos y aumentar las exportaciones hacia otros mercados, después de meses marcados por las amenazas arancelarias de Washington. Poco después, Trump volvió a suspender las conversaciones comerciales con Canadá tras molestarse por una campaña publicitaria de Ontario contra sus aranceles.

La relación continuó deteriorándose durante los primeros meses de 2026. Trump llegó a cuestionar la renovación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y amenazó con nuevos aranceles si Canadá profundizaba algunos de sus vínculos comerciales con China. Al mismo tiempo, Carney sostuvo que Canadá no permitiría que Estados Unidos dictara las condiciones de la revisión del acuerdo comercial.

Para entonces, la disputa ya no se limitaba a los aranceles. Las amenazas de Trump de convertir a Canadá en el “estado 51” también habían añadido una dimensión política a una relación que durante décadas estuvo marcada por una estrecha integración económica. En ese contexto llegaron las nuevas medidas de 2026 y las negociaciones que precedieron a la actual escalada.


El primer golpe de Trump

La nueva etapa de tensión entre ambas naciones comenzó cuando el gobierno de Donald Trump decidió elevar la presión comercial sobre Canadá el pasado 20 de julio de 2026, fecha en que Estados Unidos anunció aranceles adicionales de 50 por ciento sobre determinadas importaciones canadienses, con el argumento de que Ottawa mantenía medidas que, desde la perspectiva de Washington, discriminaban contra productos estadounidenses.

La medida se apoyó en la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición que permite al Presidente estadounidense imponer gravámenes de hasta 50 por ciento cuando considera que otro país aplica prácticas desiguales o discriminatorias contra el comercio de Estados Unidos. En este caso, Washington señaló medidas canadienses relacionadas con productos como vehículos, bebidas alcohólicas y lácteos.

Después, el gobierno estadounidense amplió la aplicación de los aranceles y estableció que un 50 por ciento de impuesto alcanzaría a productos canadienses por un valor de 27.6 mil millones de dólares, con entrada en vigor el 22 de agosto. Con ello, la presión comercial dejó de ser solamente una advertencia y pasó a convertirse en una medida efectiva.

Desde Washington, la administración de Trump presentó estas acciones como una respuesta a lo que considera un trato desigual para las exportaciones estadounidenses. Sin embargo, la decisión abrió una nueva disputa con uno de sus principales socios comerciales y preparó el terreno para la respuesta de Ottawa y para que se diera pie al inicio de un conflicto comercial.


Las negociaciones que no se concretaron

Después de las tarifas que impuso Estados Unidos, ambos gobiernos buscaban alcanzar un acuerdo que redujera las tensiones comerciales y diera mayor certidumbre a empresas y trabajadores, mientras Estados Unidos presionaba para que Ottawa modificara algunas de sus políticas comerciales.

A finales de agosto, Trump había suspendido temporalmente las tarifas para su vecino del norte porque declaró que ambas partes estaban cerca de firmar un acuerdo comercial que era “muy bueno” para ambos países.

Sin embargo, al final todo dio un revés, ya que minutos antes de que finalizara el plazo para llegar a un acuerdo comercial, el Primer Ministro canadiense reveló que si bien se habían logrado “avances importantes” en las conversaciones, “no eran suficientes para cumplir nuestros objetivos para los canadienses”.

“En consecuencia, esta noche he decidido suspender las negociaciones comerciales con Estados Unidos y he ordenado a los negociadores que regresen a Ottawa”, declaró Carney.

El Primer Ministro de Canadá añadió que los cambios de última hora en las condiciones propuestas por Estados Unidos fueron injustos, antieconómicos y pusieron en entredicho la fiabilidad de cualquier acuerdo.

Luego de las declaraciones de Carney, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, dijo que Canadá se negó a finalizar el acuerdo comercial en los términos acordados pese a la oferta de Estados Unidos de darle “el mejor trato posible entre los principales exportadores a nuestro mercado”.

Por su parte, la respuesta de Trump no se hizo esperar y afirmó que Canadá quiere “las ventajas de ser estado, sin serlo”, declaración emitida en alusión a lo que el Presidente estadounidense ha repetido en varias ocasiones en referencia de convertir a su vecino en el estado número 51 de Estados Unidos.


Canadá respondió ‘golpe por golpe’

Canadá decidió responder a los nuevos aranceles de Estados Unidos con sus propias medidas comerciales, pues el gobierno de Ottawa anunció que impondría tarifas adicionales a determinadas importaciones estadounidenses, en una respuesta directa a las acciones tomadas desde Washington, algo que el Mark Cartney describió como “dólar por dólar”.

Las nuevas medidas comenzaron a aplicarse el 8 de septiembre de 2026 y contemplan aranceles de 15, 25 y 50 por ciento, dependiendo del producto y de la tarifa estadounidense que corresponda.

La lógica planteada por Ottawa fue que los aranceles canadienses funcionaran como una respuesta equivalente a los impuestos establecidos por Estados Unidos. De esta manera, Canadá buscó contrarrestar el impacto de las medidas estadounidenses sobre sus propias exportaciones.

En total, las nuevas tarifas canadienses alcanzan productos estadounidenses por un valor aproximado de 27 mil 600 millones de dólares. La lista fue definida por el gobierno canadiense y establece diferentes tasas según el tipo de mercancía.

Canadá elevó a 50 por ciento el arancel sobre productos de acero y aluminio que anteriormente estaban sujetos a un contrarancel de 25 por ciento. La misma tasa se estableció para otros productos, entre ellos miel natural, muebles, ropa y prendas de vestir, como parte de las medidas de represalia frente a los gravámenes impuestos por Estados Unidos.

Para otros bienes, Ottawa fijó tarifas diferenciadas. Un 25 por ciento se aplica a productos como electrodomésticos, lácteos incluido el queso-, pescado y mariscos, así como a ciertos productos derivados del acero y el aluminio. En tanto, algunos tipos de herramientas y maquinaria, incluidos montacargas y equipos de aire acondicionado, quedaron sujetos a un arancel de 15 por ciento.


Más tensión entre ambos países

Las medidas de Ottawa entraron en vigor el 8 de septiembre, pero lejos de destrabar las conversaciones, provocaron una nueva respuesta de Washington. Ese mismo día, el gobierno de Donald Trump anunció restricciones adicionales contra determinados productos canadienses.

Entre las nuevas medidas se encuentran prohibiciones para importar ciertos productos lácteos, bebidas alcohólicas y motocicletas provenientes de Canadá, que comenzarán a aplicarse el 29 de septiembre. Estados Unidos también modificó el alcance de algunos de sus aranceles existentes.

Pese a ello, Ottawa ha señalado que mantiene abierta la posibilidad de continuar el diálogo cuando existan condiciones para alcanzar un acuerdo que considere favorable para sus intereses.

El ministro responsable de la relación comercial con Estados Unidos reiteró el 4 de septiembre que Canadá mantiene su disposición a buscar un acuerdo mutuamente beneficioso.


Canadá voltea a ver a Europa

Mientras la relación con Estados Unidos se deterioraba, el gobierno de Mark Carney comenzó a acelerar su estrategia para diversificar los vínculos comerciales de Canadá.

Ottawa ha planteado un mayor acercamiento con Europa y otros mercados como una forma de reducir su dependencia de Estados Unidos. El propio Carney dijo en agosto que su gobierno buscaría fortalecer la economía canadiense y ampliar sus asociaciones internacionales.

El acercamiento con la Unión Europea se hizo más visible esta semana. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, propuso que Canadá pudiera convertirse en el primer “miembro asociado” del bloque, una figura que permitiría profundizar la cooperación en áreas económicas y estratégicas.

“Me gustaría trabajar con usted en abrir la puerta para que Canadá sea el primer miembro asociado de la UE”, declaró Von der Leyen a Carney.

Carney recibió favorablemente la propuesta y declaró que “Europa y Canadá son más fuertes juntos”.

“Canadá acoge favorablemente esta ambición, y puedo decirles que las encuestas muestran que una aplastante mayoría de canadienses apoya unos vínculos mucho más estrechos con Europa”, replicó Carney en su discurso de este jueves.

La propuesta europea, además, provocó una reacción de Donald Trump. El Presidente estadounidense calificó como un “acto hostil” la posibilidad de que Canadá se vincule de esta manera con la UE y amenazó con imponer “aranceles muy serios” al bloque o incluso dejar de comerciar con Europa.

Todo lo anterior ha profundizado la disputa comercial y las tensiones que viven ambos países y, de momento, no hay indicios de que vayan a llegar a un acuerdo comercial pronto.