Homilía de Viernes Santo llama a romper cadena del mal
En la Basílica de San Pedro, la homilía del Viernes Santo, presidida por León XIV, destacó que la humanidad aprende una lógica nueva de Cristo en la Cruz: romper la cadena del mal sin devolverlo, acogiéndolo como servicio.
Este mensaje fue el núcleo de la homilía que el Padre Roberto Pasolini, predicador de la Casa Pontificia, pronunció el 3 de abril en la celebración de la Pasión del Señor.
Pasolini señaló que Jesús “rompió esta cadena” al “acoger lo que le sucedía y reconocer en ello la partitura de amor y servicio confiada a su vida”.
“El mundo actual sufre divisiones y violencia, donde la voz divina a menudo se diluye entre otras promesas de seguridad o progreso. Las guerras persisten, las injusticias aumentan y los más vulnerables pagan las consecuencias, en un ciclo de reaccionar al mal con más mal”.
El predicador franciscano explicó que la primera lectura, del profeta Isaías, describe al Siervo del Señor “traspasado por nuestras culpas”, figura que Cristo “interpretó y vivió intensamente, con plena confianza en la voluntad del Padre, hasta transformar su crucifixión en un acontecimiento de salvación”.
Esto muestra la actualidad de los sufrimientos y la originalidad de su respuesta a las ofensas, asentó.
El Padre Pasolini afirmó que “en las guerras, en las divisiones, en las heridas que marcan las relaciones, el mal sigue circulando porque siempre encuentra a alguien dispuesto a devolverlo y a multiplicarlo”.
La Cruz de Cristo, en cambio, añadió, introduce una nueva melodía, una “partitura de la Cruz” que invita a amar y a no devolver el mal recibido.
“Esta nueva melodía es interpretada por personas que, de manera silenciosa e invisible, siguen el camino del Siervo del Señor. No realizan gestos extraordinarios, sino que cada día intentan hacer de su vida algo útil para los demás, acogiendo heridas sin endurecerse y buscando el bien”.
La Cruz de Cristo invita a “deponer las armas que aún sostenemos en nuestras manos”, añadió, refiriéndose a aquellas de agresión que, aunque no sean las de los poderosos, pueden debilitar y herir las relaciones cotidianas. Son instrumentos que vacían de sentido y de amor los vínculos humanos.
El capuchino enfatizó que el mundo es salvado continuamente por quienes están dispuestos a acoger los cánticos del Siervo del Señor como forma de vida.
Esta solución no se basa en decisiones políticas, económicas o militares, expuso, sino en imitar el ejemplo de Cristo frente a la violencia y la injusticia.
En una época de odio y violencia, donde el nombre de Dios a veces se invoca para justificar conflictos, dijo, los cristianos están llamados a acercarse “con plena confianza” a la Cruz. En ella, se reconoce el trono donde se aprende a reinar poniendo la propia vida al servicio de los demás, concluyó el Padre Pasolini.