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Conflicto

Solo unidos en el amor podemos superar las amenazas de guerra: Papa León XIV

León XIV se reúne con capellanes y oficiales del Ordinariato Militar para Italia con motivo del centenario de su fundación y recuerda que su servicio “es un acto de amor hacia la patria, hacia los territorios y, sobre todo, hacia la gente”, con una “proximidad concreta”, especialmente allí donde “la fragilidad es mayor”
07/03/2026 07:36

El servicio del Ordinariato Militar para Italia “es un acto de amor hacia la patria, hacia los territorios y, sobre todo, hacia la gente, que se traduce en una proximidad concreta”, especialmente allí donde “la fragilidad es mayor”. El Papa León XIV reconoce así el valor de la labor de los capellanes y oficiales del Ordinariato Militar para Italia, a quienes recibió esta mañana, 7 de marzo, en la Sala Clementina con motivo de las celebraciones del centenario. Tras el saludo, “¡La paz sea con vosotros!”. A los más de 350 invitados, entre ellos autoridades políticas y militares, el Papa les recordó que la Iglesia, siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II y las Exhortaciones Apostólicas Evangelii Nuntiandi y Evangelii Gaudium, “proclama el Evangelio de la paz, dispuesta a colaborar con todos para salvaguardar este bien universal”.

Unidos en el amor, los hombres vencen la violencia

El Pontífice recordó las palabras del Concilio Vaticano II, en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes: “Los hombres, como pecadores, están y estarán siempre bajo la amenaza de la guerra hasta la venida de Cristo; pero en la medida en que, unidos en el amor, logran vencer el pecado, también vencen la violencia”.

“La misión del soldado cristiano se sitúa en este horizonte: defender a los débiles, salvaguardar la convivencia pacífica, intervenir en desastres, trabajar en misiones internacionales para preservar la paz y restablecer el orden”.

La paz es la plenitud de la justicia y el amor

En la Iglesia, León XIV aclara que el Ordinariato Militar, a través de la atención espiritual, “pretende ser un laboratorio eficaz de la acción de Dios en favor del hombre, un espacio de formación para la transición del amor propio al amor Dei”, fundamento, para san Agustín, de esa Civitas Dei cuya ley fundamental es la caridad, “y donde la paz no es solo la ausencia de conflicto, sino la plenitud de la justicia, la verdad y el amor”. Asimismo, anima a continuar proyectos como el Centro Pastoral, las actividades de formación para capellanes y estudiantes de capellanía, y, en particular, el Centro de Estudios Avanzados en Asistencia Espiritual, para promover “una reflexión interdisciplinar sobre los desafíos del mundo actual, sobre la inculturación de la fe y sobre la relación entre el Evangelio, la cultura, la ciencia y las nuevas tecnologías”.

Un Centenario para Llevar a Cristo “en las venas de la humanidad”

El Pontífice recuerda que el camino del Centenario del Ordinariato está guiado por sus palabras a los obispos italianos el 17 de junio: Inter Arma Caritas: “llevar a Cristo en las venas de la humanidad, renovando y compartiendo la misión apostólica, mirando al futuro con serenidad y tomando decisiones valientes”. Estas palabras son para un evento de “memoria, relevancia y profecía”, en una sociedad “en riesgo de perder el sentido de la memoria” que, para la Iglesia, sin embargo, es “una conciencia viva”, “una llamada constante a la responsabilidad” y “una raíz que genera profecía”.

“Para los cristianos, la memoria tiene un carácter único: es una celebración de Dios que entra en la historia, porque la fe cristiana se fundamenta en un hecho histórico, y la salvación no es una idea, sino la persona viva del Señor Jesucristo”.

Una historia de sacrificio, en tiempos de paz y de guerra

La historia concreta del Ordinariato Militar, enfatiza el Papa, está compuesta por hombres y mujeres uniformados que, en los brillantes días de paz y en los dramáticos días de guerra, “con sacrificio, valentía y dedicación contribuyeron al crecimiento de esta sociedad, a veces a costa de sus vidas”. Invita a los capellanes militares a vivir su ministerio “como un amoris officium, un servicio de amor”, según la exhortación de san Agustín: “Al apacentar sus ovejas, no buscamos nuestros propios intereses, sino los suyos”.

“Muchos capellanes militares han encarnado estas palabras y han hecho visible la caridad pastoral hasta la virtud heroica, a veces hasta el martirio”.

El Capellán, al servicio del diálogo entre los pueblos

León XIV describe la labor del capellán militar, que se desarrolla “a menudo en silencio, en lugares de paz y de conflicto”, donde el cuidado del rebaño del Señor se manifiesta “a través del testimonio de vida, la proclamación del Evangelio, la celebración de la Eucaristía y los sacramentos, la escucha paciente y el acompañamiento espiritual”. También destaca la importancia de las academias, las escuelas y todos los lugares “donde se forman las conciencias”. El capellán, por tanto, “se pone también al servicio del diálogo entre los pueblos, las culturas y las religiones, dando testimonio de una Iglesia que se convierte en instrumento de unidad”, con una acción que promueve “el bien común y la paz social”.

Que el Evangelio inspire las misiones de la vida militar

El Pontífice recuerda finalmente que la identidad militar se forja en la generosidad y el espíritu de servicio, pero requiere una base, “un don de la gracia capaz de alimentar la caridad hasta la entrega total”.

“Por lo tanto, es necesario inspirar los códigos, normas y misiones de la vida militar con la esencia del Evangelio para que, al servicio de la seguridad y la paz, el bien común de los pueblos siempre sea lo primero”.

Papa Wojtyla a los Militares: Promover la Justicia y la Paz

La última referencia es a la Constitución Apostólica Spirituali militum curae, con la que, hace 40 años, san Juan Pablo II “configuró los Ordinariatos Militares como Iglesias particulares, dotadas de su propia identidad teológica y organizativa”. El Papa Wojtyla, en el Jubileo del año 2000, recordó a los militares que están llamados a “defender a los débiles, proteger a los honestos y fomentar la coexistencia pacífica de los pueblos”. Cada uno de ustedes, dijo, “es idóneo para el papel de centinela, que mira a lo lejos para evitar el peligro y promover la justicia y la paz en todas partes”.