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Desplazados

Dejaron Durango huyendo de la violencia y llegaron a Escuinapa, donde también han tenido que escapar

Algunas de las viviendas en El Tecomatillo han sido destruidas por artefactos explosivos, pero pagar renta se les ha vuelto una tarea complicada, pues también falta trabajo
12/06/2026 14:32

MAZATLÁN._ La violencia los obligó a emigrar desde una comunidad de Durango, encontrando un nuevo hogar en Escuinapa.

Un hogar que era su paraíso, pese a las condiciones de precariedad. A un lado del Arroyo Buñigas, la comunidad tepehuana formó su comunidad, pero desde diciembre fueron desplazados por la violencia.

Sus nombres no están en un padrón de desplazamiento forzado, quizá ni siquiera están considerados, pero si su vida era precaria en su comunidad El Tecomatillo, hoy subsistir se ha vuelto aún más difícil.

Los niños no pueden ir a la escuela, una guía les es entregada bajo un árbol para que hagan las tareas y la secundaria que doña Lucia, la matriarca, formó, también permanece cerrada.

Ella, pese a que su edad es de 65 años, en estos últimos meses, lejos de su hogar, la mantiene en la tristeza, enferma, agobiada, sin ganas de volver a levantarse.

“Cuando hubo los ‘chingazos’ nos venimos, porque ahí cortito nos pasaban las balas, mi yerno dijo ‘suegra vámonos porque está duro, porque ya desde el mangal se están tirando’, ya se habían salido mis hijos, solo nosotros estábamos”, expresa, postrada en una hamaca, pues un dolor no la deja levantarse.

“Ahí venía yo arrastrándome como quien dice, no podía caminar, nos fuimos a dar hasta la Isla (del Bosque) pero tenemos que regresar, está duro la renta”, agrega.

No hay trabajo de momento, tienen que pagar 2 mil 500 de renta, más el agua, la luz, eso es vivir en la zona urbana, un lujo, señala.

“Mejor allá no pagamos nada... mi casa todo lo quemaron, quemaron mi casa y todo lo que tenía, no saqué nada, no pude”, dice en un susurró con voz quebrada.

Sabe que su comunidad está destruida, al parecer una bomba cayó sobre su vivienda, destruyendo todo.

Hace tres años un programa de energía de la CFE permitió que tuvieran energía eléctrica, pero todo les fue robado, cables, sus animales.

Tienen miedo, reconoce, no pueden irse así, al estar en las orillas la violencia se siente, pero tampoco hay quienes le den la mano, que los considere como desplazados, pues pareciera que para los gobiernos no existen.

“No sabemos si se puede o no, todavía está duro (regresar), nos acaban de matar, de ahí no han hecho nada pero si tenemos miedo, queremos seguridad”, señala.

Ellos existen, están dispersos desde diciembre de 2025, no podían seguir entre el sonido de balas y bombas, estar lejos de su comunidad le duele, es la comunidad que formó, hoy solo pueden decidir entre pagar un techo para dormir o comprar alimentos, señala.