Enseñar también es escuchar: la vocación docente de Vanessa Mendoza
MAZATLÁN._ Lo que inició hace más de una década como un trabajo en el área de tutorías en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Sinaloa, terminó convirtiéndose en una vocación de vida para Vanessa Mendoza, quien desde hace nueve años encontró en las aulas un espacio para enseñar y acompañar generaciones.
Fue en un salón universitario, entre exposiciones, debates y jóvenes que comienzan a imaginar su futuro profesional, donde Vanessa descubrió que la docencia no solo consiste en impartir conocimientos, sino que además sirve para acompañar procesos de vida.
Aunque su historia dentro de la UAS inició años atrás, en 2017 la docente encontró frente al aula y en esa cercanía cotidiana con los estudiantes, una vocación a la enseñanza y una de sus mayores pasiones.
“La docencia, para mí, es algo que amo. Tengo mucha vocación y disfruto mucho trabajar con diferentes generaciones y diferentes historias de vida. He tratado de crear un buen ambiente áulico donde los muchachos se sientan en confianza y no vean al maestro como una figura rígida a la que le tienen miedo”, comentó.
Impartiendo materias relacionadas a la publicidad, mercadotecnia y prácticas profesionales, Vanessa da clases en las licenciaturas de Ciencias de la Comunicación y Comercio Internacional, donde acompaña a estudiantes que están a punto de dar el salto al ámbito laboral, quienes muchas veces cargan inseguridades, dudas y miedo al fracaso.
Ante esto, la docente expresó que en su clase explica como el error no debe ser motivo de vergüenza, sino una parte importante del aprendizaje, llevando una manera de enseñar que se aleja de lo tradicional, buscando generar confianza, abrir espacios de diálogo y lograr que todos los estudiantes se sumen a la participación.
“Siempre les digo que aquí se vale equivocarse, porque la escuela también es para aprender de los errores antes de enfrentarse al ámbito profesional. Muchos estudiantes llegan al último semestre con miedo porque sienten que no aprendieron lo suficiente o que no están listos para salir al campo laboral”, declaró.
Para Vanessa, las palabras de aliento, una conversación o simplemente escuchar a los jóvenes, pueden ser el eslabón que permitirá un cambio completo en su panorama ante su futuro profesional.
Es por eso por lo que esta cercanía la ha llevado a convivir con historias variadas, desde estudiantes recién egresados de preparatorias hasta adultos que decidieron retomar la universidad después de décadas, e incluso con alumnos que trabajan, mantienen una familia o enfrentan jornadas agotadoras antes de llegar a clase.
Razón por la que busca siempre ser flexible con tiempos y dinámicas que le permitan mantener el mismo nivel académico para todos, además de impulsar valores como la empatía y el respeto dentro del aula.
“Todos tenemos habilidades distintas, y a lo mejor alguien no es bueno para hablar en público, pero es muy creativo o bueno en otras áreas, por eso la exigencia académica no baja para ellos, simplemente se adecúa un poco más el tiempo o las dinámicas, entendiendo las responsabilidades que tienen fuera de la universidad”, agregó.
Después de casi una década en la docencia, Vanessa asegura que sus mayores logros no están en títulos o reconocimientos académicos, sino en la huella que deja en cada uno de sus alumnos.
“Para mí, el mayor logro no es un reconocimiento académico, sino que un alumno te recuerde con cariño y te diga que dejaste una huella en su vida. Me llena de orgullo encontrarme ex alumnos en medios de comunicación o saber que van creciendo profesionalmente y alcanzando metas”, expresó.
Es por eso que para Vanessa Mendoza, ser maestra no significa solo enseñar teoría dentro de un aula, sino también sembrar confianza en jóvenes que muchas veces solo necesitan a alguien que crea en ellos antes de enfrentarse al mundo profesional.