Entre fuego, sacrificios y compañerismo: la vida detrás del uniforme de Bomberos Mazatlán

Wilber Zárate y Brayan Olivares comparten las experiencias que han marcado sus trayectorias dentro de la corporación y los sacrificios familiares que implica responder a cada emergencia
22/08/2026 06:00

MAZATLÁN._ Incendios, accidentes, inundaciones, fugas y demás accidentes, forman parte de los riesgos que los bomberos enfrentan día con día, por lo que la conmemoración del Día del Bombero, cada 22 de agosto, permite reconocer una profesión que demanda entrenamiento, disciplina y serenidad ante situaciones en las que cada segundo cuenta.

Detrás de cada salida de emergencia existen años de preparación, disciplina y experiencias que obligan a los elementos a aprender a controlar el miedo y tomar decisiones en cuestión de segundos.

Es por eso que la labor de un bombero no termina al apagar las llamas, pues su trabajo comprende rescates, atención prehospitalaria, extracción vehicular, manejo de materiales peligrosos y respuesta ante diferentes contingencias, donde cada servicio representa un escenario distinto y, aunque existan protocolos, equipos y capacitación, el peligro permanece presente.

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Portar el uniforme también implica sacrificios que pocas veces observa la ciudadanía, desde cumpleaños, celebraciones navideñas, años nuevos y reuniones familiares que pueden transcurrir mientras los elementos cumplen una guardia o atienden una emergencia, por lo que mientras ellos trabajan, sus familias permanecen a la espera de que regresen con bien a casa.

Para conocer el lado humano de esta profesión, Wilber Alejandro Zárate Lara y Brayan Omar Olivares Díaz compartieron sus historias dentro del Cuerpo de Bomberos Voluntarios Mazatlán, en donde ambos llegaron a la corporación por diferentes caminos, pero encontraron en ella una segunda familia, una forma de servir a los demás y una profesión que volverían a elegir si tuvieran la oportunidad de comenzar nuevamente.

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Wilber Zárate: una vocación que nació dentro de Bomberos

Con 35 años de edad y originario de Oaxaca, Wilber Alejandro Zárate Lara, quien vive en Mazatlán desde hace 17 años, narra como su llegada a Bomberos ocurrió cuando todavía era joven y trabajaba en una empresa proveedora de vidrios y aluminio, donde conoció al hoy comandante Saúl Robles Chávez, donde el respeto que sus compañeros mostraban hacia él despertó su interés por conocer la corporación.

Aunque durante su infancia nunca tuvo la intención de convertirse en bombero, encontró su vocación después de ingresar a la institución, lugar en el que la disciplina representó inicialmente un cambio difícil, pero con el tiempo comprendió el valor de ayudar a otras personas.

“Nunca estuvo en mis planes ser bombero. Ingresé para ver qué tal y, con el paso del tiempo, fui enamorándome del trabajo, del oficio y de esta profesión. Yo era un joven de 18 o 19 años que todavía estaba en la rebeldía y no sabía lo que quería. Adaptarme a la disciplina fue difícil, pero representó un cambio para bien”, comentó.

“El simple hecho de ayudar a una persona, aunque fuera con algo tan básico como ponerle una venda, me enseñó a valorar la vida”.

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Para Zárate Lara, una de sus primeras emergencias importantes fue el incendio de una vivienda al que acudió junto con Saúl Robles, donde al observar que el inmueble estaba completamente cubierto por el humo, sintió temor, pero la confianza en la experiencia de su compañero le permitió ingresar y poner en práctica lo aprendido durante la academia.

Aquella intervención le enseñó la importancia de confiar en quienes integran el equipo.

El bombero reconoció que el miedo nunca desaparece, aunque la experiencia permite controlarlo, y ahora como encargado de estación, sabe que otros elementos dependen de sus decisiones, por lo que debe mantener la mente fría para determinar cuándo existen condiciones seguras para ingresar a un incendio y evitar poner en riesgo a sus compañeros.

“El miedo siempre estará presente. Lo importante es aprender a controlarlo para tomar buenas decisiones y proteger también a los compañeros. El peligro siempre estará latente. En una inundación, por ejemplo, no sabemos si las alcantarillas están abiertas debajo del agua”, declaró.

Entre las emergencias que más recuerda se encuentra el incendio de una vivienda del que sus compañeros sacaron a una familia, pues posibilidad de que el fuego hubiera sido provocado lo llevó a reflexionar sobre el daño que una persona puede ocasionar a gente ajena a cualquier conflicto.

También señaló que los riesgos se mantienen en inundaciones, fugas y otros servicios, por lo que los protocolos y entrenamientos son fundamentales para prevenir accidentes.

Wilberto compartió que esta profesión le ha exigido ausentarse durante fechas importantes, como Navidad, Año Nuevo, cumpleaños y otras celebraciones, donde familiares como su madre, sus hermanas y sus hijos han sido parte importante del respaldo que necesita para desempeñar su trabajo.

“Mi mamá es quien más me apoya, siempre me pide que le eche ganas y que me cuide. Mis hermanas también me dan mucho ánimo. Para nosotros es muy importante saber que la familia nos apoya al cien por ciento. Un bombero necesita estar concentrado y tener tranquilidad con su familia”, dijo.

Al mismo tiempo, el experimentado bombero ha sido testigo de la evolución de Bomberos Mazatlán, que pasó de utilizar equipos donados y compartir aparatos de respiración a contar con trajes a la medida, mejores herramientas, unidades y cuatro estaciones, siendo los principales retos son el crecimiento de Mazatlán, la construcción de edificios altos, el tráfico y los tiempos de respuesta.

De esta forma, después de los años transcurridos, aseguró que volvería a ingresar a la corporación porque le abrió oportunidades, transformó su vida y le enseñó a valorar la existencia propia y la de sus compañeros.

“Si pudiera regresar en el tiempo, volvería a ingresar a Bomberos porque el departamento me ha dado muchas cosas. Ser bombero me abrió oportunidades laborales y me permitió conocer personas que me han apoyado y ayudado”, comentó.

“Volvería al departamento porque me enseñó a valorar mi vida, la vida de mis compañeros y a ser empático con los demás”.


Brayan Olivares: una tradición familiar convertida en profesión

Brayan Omar Olivares Díaz tiene 25 años y aproximadamente 12 dentro de Bomberos Mazatlán, en el cual, su acercamiento a la corporación surgió por influencia de un tío y un hermano que también fueron bomberos, además de otros familiares originarios de Guadalajara, Jalisco, y aunque llegó por esa tradición familiar, decidió permanecer por la satisfacción que encuentra al servir a los demás.

“Decidí mantenerme activo porque ser bombero es un trabajo muy bonito y representa una gran satisfacción personal. Mi tío ya no está activo, pero mi hermano sí. Mi ingreso surgió por la familia y, con el tiempo, encontré mi propia vocación”, declaró.

Olivares Díaz recordó que su primera emergencia fue un incendio de baldío que terminó propagándose hacia una vivienda, mientras que en ese momento se encontraba asignado a la Estación número 1 y acudió acompañado por Janet y el capitán Juan Martínez, a quienes recuerda con cariño por las enseñanzas que le brindaron, pues la atención fue complicada debido a que contaban con poco personal y equipo limitado.

Al igual que su compañero, Brayan coincide en que el miedo siempre permanece presente durante una emergencia, pero la capacitación y la experiencia permiten controlarlo para evitar que interfiera con el trabajo o ponga en peligro al resto de los elementos.

“El miedo siempre estará ahí, solamente es cuestión de aprender a controlarlo al momento de ingresar a un incendio. Quien diga que nunca siente miedo, no sé qué tipo de ser humano sea. El miedo siempre estará presente, pero tenemos que controlarlo”, señaló.

“Si no controlamos el miedo, puede afectar nuestro trabajo y también poner en riesgo al resto del personal”.

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Una de las emergencias que más lo ha marcado fue el incendio de una vivienda en la Colonia Benito Juárez, donde varios integrantes de una familia perdieron la vida, pues recordó que los bomberos enfrentaron dificultades para entrar porque la puerta principal estaba reforzada con acero y no contaban con las herramientas necesarias para cortarla, por lo que cuando consiguieron ingresar por la parte posterior, las víctimas presentaban quemaduras graves.

Aquella tragedia también evidenció las limitaciones que existían en las comunicaciones con el 911, la disponibilidad de ambulancias y el equipamiento de los cuerpos de emergencia en aquel tiempo, por lo que la experiencia afectó a varios de los compañeros que participaron en el servicio y, ahora que es padre, Brayan reconoce que las intervenciones en las que están involucrados menores pueden impactarlo de manera especial.

“Todas las emergencias nos dejan un aprendizaje, pero la que más nos afectó fue el incendio de una vivienda en la Colonia Juárez, donde perdió la vida una familia. Ahora que soy padre, no quisiera enfrentar una emergencia en la que estuviera involucrado un niño, porque siento que me afectaría demasiado”, manifestó.

Entre los principales sacrificios que requiere el ser bombero, también le ha hecho perder momentos del crecimiento de su hija y ausentarse durante cumpleaños, Navidad y Año Nuevo, pero a pesar de ello, cuenta con el respaldo de su esposa y de su familia.

Asimismo, pidió a la ciudadanía utilizar responsablemente el 911, proporcionar ubicaciones correctas y ceder el paso a las unidades, debido a que las llamadas falsas, el tráfico y la falta de cultura vial retrasan la atención.

“En Mazatlán hace falta mucha cultura vial. Los conductores no siempre ceden el paso a las unidades de emergencia. La ciudadanía algunas veces señala que los bomberos tardamos demasiado, pero no observa el tráfico, las direcciones incorrectas o los vehículos que bloquean nuestro paso”, comentó.

“Las llamadas falsas al 911 también retrasan la atención de las verdaderas emergencias”.

De esta forma, Brayan destacó que actualmente Bomberos Mazatlán cuenta con mejores trajes, equipos de respiración, unidades, instalaciones y herramientas de extracción vehicular.

Sin embargo, señaló que el transporte de sustancias químicas, los nuevos materiales de construcción y la proliferación de edificios altos obligan a mantener una capacitación constante.

Finalmente, comentó que si pudiera regresar en el tiempo, afirmó que volvería a ingresar, debido a que la corporación cambió su perspectiva de vida y le permitió encontrar un camino dedicado al servicio.

“Entrar a la corporación cambió mi manera de pensar, mi imagen personal y también mi relación con la familia. Yo crecí en una colonia conocida por la violencia, y Bomberos me permitió tomar otro camino y encontrar una profesión”, dijo.

La convivencia dentro de las estaciones permite que los elementos desarrollen una relación basada en la confianza, el respaldo y el cuidado mutuo, por lo que Zárate Lara explicó que, como sucede en cualquier familia, pueden presentarse diferencias o molestias entre los compañeros, pero, estas deben quedar de lado durante las emergencias, debido a que la seguridad y la vida de un bombero pueden depender directamente de las acciones de otro.

Por su parte, Olivares Díaz consideró que la corporación se convierte en una segunda familia debido a las guardias de 24 horas y al tiempo que permanecen juntos, pues además de enfrentar emergencias, los elementos comparten sus problemas personales, se escuchan y se apoyan, mientras que las celebraciones que no pueden pasar con sus seres queridos terminan viviéndolas junto con sus compañeros.

De esta forma, más allá de los uniformes, las unidades y las emergencias atendidas, las experiencias de Wilber y Brayan muestran el lado humano de una profesión construida sobre la disciplina, el sacrificio familiar y la confianza entre compañeros.

Por lo que en este Día del Bombero, sus historias recuerdan que detrás de cada alarma existen personas dispuestas a enfrentar el peligro para proteger a una comunidad, con la única esperanza de cumplir su labor y regresar con bien a casa.