Entre puntadas de aguja e hilo, Ana Karen encontró en el bordado una forma de arte en Rosario
EL ROSARIO._ Ana Karen Muñoz Patiño afirma que su primer acercamiento con el bordado fue a muy temprana edad al realizar servilletas, pero fue durante la pandemia del Covid-19 que su reencuentro con esta actividad la ayudó a descubrir su tribu de bordadoras en línea y con ellas que puntada a puntada se puede pasar de crear una artesanía a una obra de arte.
Aunque de profesión indicó es Licenciada en Gastronomía, misma que ha ejercido y actualmente desarrolla desde la docencia, siempre le han gustado las manualidades, trabajar con las manos.
“Pues mira desde chiquita yo empecé a abordar, yo me acuerdo que cuando estaba, qué te diré tener uso de razón, 7 años ya de tener una memoria”, dijo.
Recordó que en ese momento se encontraba en casa de su abuela materna Victoria Cortes, y en la acera de enfrente vivía una señora conocida como “Geña” quien todas las tardes salía a la banqueta con su silla tejida de palma para ponerse a bordar, por lo que ella salía siempre a contemplarla.
“Quiero creer que mi abuelita ella también tenía costuras en su casa, que ella fue la que me enseñó las primeras puntadas, mi abuelita Victoria... Y ahí me enseñó mi abuelita las primeras puntadas a empezar a hacer servilletas sencillas, sencillas, con la pura orillita bordada”.
Expuso además que recuerda que era competición en las tortillerías de ir a ver quién llevaba las servilletas más bonitas, pues como en toda casa mexicana, hay servilletas bordadas para las tortillas.
El segundo paso en este oficio, manifestó que lo dio en la primaria ya que dentro de la clase de artes siguió presente el bordado, así como también el tejido para las orillas de sus servilletas.
Latente en ella el oficio, expuso que siempre entre sus cosas cargaba una bolsita con costuras y con cosas así, no de usarlas a diario, pero sí estando ahí las cosas y de vez en cuando las agarraba.
“Crezco y se viene la pandemia y pues ya de esas que no sabías ni qué hacer porque no te dejaban salir a ningún lado... Entonces, escrollando en Internet, pues yo me encontré que se hacían muchas cositas bonitas con el bordado y yo me acordé que yo sabía y ya empecé a ver otras técnicas que bordado de estilo que llaman bordado mágico y que con tramas y no sé qué cosas de este”, expuso.
Fue así como retomó, dijo, la actividad practicando todo lo que internet le ofrecía una vez iniciado el confinamiento definitivo del Covid-19 entre los años 2021 y 2022, por lo que fue al mercado en busca de más materiales.
Detalló que en este reencuentro con el bordado se dio con el acrilán y una puntada básica conocida como la vuelta hacia atrás, uno de los cuatro básicos como lo son cadenilla, punto relleno o punto tallo y punto cordón.
“Pues me compré y me vine a encerrar, pues ya desde ahí retomé completamente el bordado, ya aprendiendo más técnicas. Encontré una tribu en Internet, encontré mi tribu, mi tribu bordadora, me metí a un grupo de Facebook que era privado ahí había una maestra y esa maestra daba clases cada semana aprendiendo nuevas técnicas y nuevas puntadas todos los días, todas las semanas”, argumentó.
Al empaparse cada vez más, en su deseo por crecer, decidió inscribirse en un curso avalado por La Universidad de San José de Costa Rica e iniciar un camino para profesionalización en el bordado.
Motivo por el cual en la actualidad conoce 100 puntadas diferentes, las cuales aclaró no se usan todas en un solo bordado, se van usando en diferentes bordados y depende la técnicas.
Ana Karen dio a conocer que hay también una gran cantidad de técnicas como de lunéville, de jacobino, de satín, una de las más difíciles, pero todas ellas ayudan a practicar todas las puntadas.
“Saber intuir dónde colocar cada puntada, porque no ejemplo, una flor no le voy a poner, no sé, un relieve muy feo para que se vea tosco, no, se lo voy a poner sutil para que se asemeje lo más posible a lo original, a lo natural, que es una flor”, explica.
Señala que al conversar con un pintor, reconoce lo complejo de su labor, ya que no se puede mezclar colores para lograr difuminados, profundidad y realzar zonas, ella tiene que intuir dónde va a meter las hebras, ya que para todavía agregarle más grado de complicidad las puntadas son rectas, no se pueden curvear. Por lo que para crear una pieza tiene que analizar además de colores de hilos, determinar con qué puntadas y técnicas se puede concretar aquello que tiene en mente y darle movimiento a la puntada, es decir una mezcla entre intuición y técnica.
Así también, refirió que existen una gran cantidad de hilos o hilazas como de agujas, pero el que prefiere trabajar es con hilos mouliné porque ese hilo es un una hebra conformada por 6 hilos, que se puede usar de uno a seis, según se requiera.
Sobre las telas, reconoció que no sólo puede ser manta sino en cualquiera, sólo es difícil bordar en telas que estiren ya que cuando regresas a su estado normal se va a arrugar o se va a bombear el bordado.
Subrayó que en sus creaciones ha volcado momentos o emociones muy concretos que cuando ha intentado replicar no quedan igual, de ahí que cada pieza es única, razón por la cual nunca se ha pensado para comercializar o exponer esto llegó de manera orgánica.
En la actualidad, indicó cuenta con dos exposiciones en festivales de Rosario, y uno internacional, y muy pocas piezas ha vendido por qué le cuesta ponerle precio a algo que ha significado un momento importante en su vida.
La joven artista refirió que en la actualidad su colección oscila entre las 200 a 250 piezas, de las cuales ha regalado algunas pero a personas importantes como una muestra de amor al compartir una parte de ella, de su historia.
Sobre el tiempo que dedica a una pieza, comentó ha sido desde 8 a 40 horas, dependiendo la complejidad y tamaño que la creación requiera.
Por último, Ana Karen invitó a las nuevas generaciones que no dejen morir esta forma de expresión, ya que enfatizó que la par de que transmites, sirve para darle paz al alma, porque te concentras tú, los hilos y la tela.
“El escuchar el hilo pasar sobre la tela, el del crujir del hilo al rasgar la tela es un es una forma de vibración, entre tu espacio y el bordado”, concluyó.